Por: Rosalba Castillo…
Una de las emociones más inútiles a lo largo de la vida es la culpa. Sin embargo, nos construimos dentro de ella. Desde muy temprana edad, hemos sido sometidos a un verdadero entrenamiento sin premeditación, destinado a convertirnos en máquinas culpables. Ese sentimiento de culpabilidad aprendido desde niños queda instalado, en nuestro cerebro y corazón, como un residuo infantil en nuestra vida de adultos, pues el infante es manipulado por los adultos para lograr su control. De igual manera, se convierte más adelante en un sentido de responsabilidad, impuesto por nosotros mismos cuando sentimos que rompemos alguna norma o un código de ética que nos aleja de esos patrones impuestos que subyacen a lo largo de nuestras vidas. Debemos tener conductas adecuadas para ser merecedores de amor y aprobación. La familia, la escuela y la sociedad prolongan esa conspiración.
Perdemos la esencia de nuestro ser para complacer a todos, olvidándonos de lo que realmente somos y deseamos. Nos sacrificamos siempre por los demás. Nuestra cultura es esa gran productora de culpas, llevándonos a sentir que de esa manera nos preocupamos por el otro. El hacernos consientes de esta emoción infectada en nuestra estructura mental, hará que nos desprogramemos frente a este desgaste de nuestra energía emocional, que nos paraliza en el presente, por un hecho histórico que ya sucedió y frente al cual no podemos hacer nada.
Replantearnos estos patrones, desaprenderlos para volver a aprender, se constituye en la única manera de liberarnos de tantos mensajes enviados desde hace muchos años que nos están impidiendo ser plenos y felices, lo cual es nuestro único fin. El analfabeto de esta era es aquel que, no puede desaprender, para convertirse en el constructor de su nuevo aprender. Hemos descubiertos en tiempos de pandemia que estábamos diseñados por un montón de programas que ya no estaban vigentes, actualizarnos desde el corazón y del cerebro es la gran lección que nos han dejado este último tiempo. El cambio es inminente. La culpabilidad, termina siendo no solo la preocupación por el pasado, sino la inmovilización en el presente por algo sucedido, teniendo el poder de modificarnos desde una pequeña incomodidad hasta una severa depresión. La culpa es una tentativa de cambiar la historia, sin que se pueda hacer nada al respecto.
Lo que sí se puede lograr, es cambiar nuestra actitud frente a aquellas cosas que nos producen ese oscuro sentimiento. Podemos aprender a disfrutar, a ser felices, sin sentirnos culpables. Aprendemos a vernos como una persona que puede hacer cualquier cosa integrada a nuestro sistema de valores, sin perjudicar a los demás. Y hacerlo sin sentir culpa. Si hacemos algo y nos disgustamos con nosotros mismos, solo podemos intentarlo hacer diferente en una próxima oportunidad. Soportar ese tipo de auto imposiciones es un viaje que podemos evitar de una manera consciente. Sentirnos en culpa no nos sirve para nada. Solo conseguirnos paralizarnos en el presente y muy probablemente nos lleve a repetir el mismo comportamiento en el mañana. Se trata pues, de buscar en el fondo cual han sido la causa para asumir esas conductas represivas implantadas desde tiempo atrás y liberarlas, sanarlas, con nosotros mismos, para luego hacerlo con los demás. El estado culposo permanente, nos quita la paz, llevándonos al cuarto oscuro, a ese castigo interminable que nada resuelve. Demos un ojo al pasado a ver que estamos evitando en el presente. Eliminemos esa culpa castigadora, aceptando las cosas que hemos elegido hacer. Cuando logramos asumir que no necesitamos la aprobación de nadie, desaparece el estado de culpa. Reconsideremos nuestro actual sistema de valores. Aprendamos a vivir en el presente. Borremos esa inagotable lista de culpas en la que somos protagonistas. Desmontémoslas de nuestra mente y corazón. Siempre evaluemos los resultados de nuestras decisiones. Solo si nos hacen felices y son satisfactorias han sido las más adecuadas. Tengamos en cuenta la cuota de responsabilidad en esos comportamientos realmente culposos. Asumamos si hemos cometido errores, reparemos el daño si es el caso y continuemos adelante, sin espacios oscuros.
Todo hecho humano, tiene sus consecuencias. Asumámoslos con la responsabilidad afectiva correspondiente sin dejar de ser felices.
Rosalba Castillo
15 07 2022




