Devaluación quién se beneficia?

Por: German Rodriguez Bustamante…

Una pequeña moraleja, si el dólar paralelo sigue subiendo, pareciera que el BCV está perdiendo la batalla y que la devaluación oficial no sirve de nada. Sin embargo, para el BCV y el gobierno, devaluar el tipo de cambio oficial cuando el paralelo se escapa sigue teniendo ventajas tácticas, de control de daños. En la Venezuela de hoy, con un dólar oficial que ha escalado de forma acelerada, superando la barrera de los Bs. 730, y una brecha cambiaria que ronda el 20 %, entre el paralelo y el oficial. El BCV busca tres objetivos específicos al devaluar: evitar que la brecha se convierta en infinita, si congela la tasa de cambio, el paralelo puede crecer ampliando su diferencia; hacer más eficiente la intervención cambiaria, al devaluar hace las divisas más difíciles de adquirir por su precio, cuando utiliza mesas de cambio vende las divisas más caras que el oficial retirando mayores bolívares en circulación, optimiza el uso de las reservas internacionales y sincera la estructura de precios, por otro lado oxigena a los sectores productivos y comerciales para que operen en un mercado legal. En conclusión, la devaluación oficial no frena el paralelo por sí sola, pero puede actuar como un amortiguador.

Para el regimen es preferible mantener una política de devaluación de la moneda, antes de abordar un proceso de reestructuración integral que corrija la enfermedad. En consecuencia, los errores se siguen acumulando. En primer lugar, el gobierno gasta más de lo que ingresa y, para cubrir ese déficit, emite dinero de la nada. En segundo lugar, mantener dos precios para el dólar siempre creará escasez, corrupción y especulación, la intervención cambiaria del BCV quema miles de millones de dólares de las reservas, que podrían usarse para inversión productiva. Y en tercer lugar, para que el bolívar sea una moneda atractiva y la gente decida ahorrar en ella, se necesita confianza, condición que el régimen en el poder no posee.

Lamentablemente, para los asalariados y sobre todo para los públicos, las devaluaciones producen ajustes diarios de precios de bienes y servicios, que convierten al fenómeno en una asfixia permanente. Con una canasta alimentaria familiar superando los 780 dólares mensuales y un salario mínimo básico que sigue legalmente congelado en 130 bolívares, equivalente a céntimos de dólar al mes, la supervivencia requiere de una reingeniería financiera extrema y de mucha creatividad. La estrategia de la bonificación del salario, ha desvirtuado el concepto de la remuneración que reciben los trabajadores por su jornada. Impide el disfrute de vacaciones que compensen los esfuerzos realizados durante el año de labor e impactan su seguridad social futura castrando cualquier ahorro, ambos conceptos son calculados sobre la base del salario mínimo, condenando a la miseria total a los trabajadores.

El concepto de ingreso mínimo integral esconde en términos monetarios, la ilusión del dinero presente que no garantiza compra actual y mucho menos futura. Por otro lado, la indexación de los bonos es una trampa que produce beneficios, difíciles de precisar quienes son los receptores. Existe un horizonte temporal en días, desde que se realiza el cálculo del monto, hasta que se deposita en las cuentas individuales. Con la devaluación acelerada consentida por el BCV, la pérdida que experimentan los trabajadores puede oscilar entre el 5 % al 10 %, dependiendo de la fecha del pago del bono. Una pérdida del poder de compra del ingreso ya insuficiente por el rezago de los salarios.

En este contexto tener un solo empleo formal bajo relación de dependencia en bolívares, es en la práctica, inviable. Los asalariados han tenido que convertirse en trabajadores independientes en sus horas libres. Los maestros, enfermeros y trabajadores públicos, suelen dedicar las tardes o los fines de semana a oficios informales que cobran directamente en divisas, para compensar la precariedad de los salarios. Trabajos que van desde repostería, tareas dirigidas, costura, transporte, reparaciones técnicas, hasta comercio informal. La realidad, es que quienes trabajan en la empresa privada, suelen tener mejores condiciones, ya que gran parte de los comercios e industrias pagan bonos de productividad directamente en dólares en efectivo para retener a su personal, esquivando la devaluación del bolívar. Por esta razón el sector público presenta una productividad en el piso, generando condiciones en algunos cargos claves, para el matraqueo y el soborno natural, como forma para sobrevivir. En otras palabras, las gestiones y habilitaciones son parte del decorado de trámites públicos, que producen ingresos como una actividad laboral adicional pero en el mismo recinto.

La dependencia de las remesas del extranjero es mayor, un poco más de 7 millones de venezolanos se encuentran fuera del país. Los envíos que realizan sin importar el monto, se han convertido en el principal soporte vital de millones de hogares para poder cubrir la brecha, entre lo que ganan trabajando en el país y el costo real de la cesta alimentaria. Lastimosamente, muchos de los asalariados se ven obligados a reconfigurar radicalmente su dieta y estilo de vida. Las proteínas como carnes rojas, pollo o quesos son sustituidas por carbohidratos de bajo costo, granos o productos de segundas marcas, con muy baja calidad. Las bolsas de alimentos subsidiadas por el gobierno, son politizadas produciendo discriminacion en su distribución. En concreto aportan carbohidratos básicos harina, arroz y pasta, pero resultan insuficientes en términos nutricionales y en la frecuencia para sostener de forma digna a una familia. Y un elemento grave para el futuro del país, los gastos de medicina preventiva y recreación son abandonados priorizando la alimentación. En definitiva, el asalariado venezolano no sobrevive gracias a su sueldo formal, sino a pesar de él, operando en una economía informal paralela donde el dólar manda y el bolívar es solo una moneda de paso inmediato.

En conclusión, el gobierno y la élite cercana: que accede a financiamiento bancario en bolívares, los grandes exportadores conectados con licencias y los especuladores con acceso al mercado oficial, son los principales beneficiados a corto plazo. Utilizan la devaluación como un mecanismo de transferencia de riqueza: licúa sus deudas en bolívares y reduce el costo real de la nómina pública a expensas del salario de la gente. Fuera de estos actores específicos, para el ciudadano común, el asalariado, el jubilado y el pequeño comerciante, la devaluación es una pérdida neta, e inevitable una desmejora en su calidad de vida.

@germanrodri

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20-07-2026