Por: Ramses Uribe…
Algunas cifras: Todos los años se celebra el día del maestro como un homenaje a los grandes motivadores de sueños particulares. Sin embargo en este tiempo la situación país no sólo atenta sino devora con ferocidad a todo un pueblo noble y especialmente contra la clase docente, la estirpe educadora. En la emisora 107.7 ULA FM, la conocida periodista Nereyda Pacheco en su programa radial mañanero presentó en este temprano 2020, sus datos interesantes en una encuesta a propósito del día del educador. Algunos resultados son más que ilustrativos sobre el perfil del docente actual: el 39% es la preparación académica universitaria, 56% es la vocación, 6% la paciencia.
El anterior estudio respalda en parte lo que en otros artículos hemos planteado acerca del perfil del educador del siglo XXI y ciertamente la preparación académica de los docentes es imprescindible en las universidades tanto oficiales como privadas, pero es lo mínimo para ejercer un adecuado servicio social. La paciencia también es una virtud, un valor personal, necesario para tener logros académicos en esta profesión aunque no es la única cualidad personal requerida. En este campo social no se pueden exigir logros instantáneos producto de la improvisación. El docente se cubre con la armadura de la paciencia para aceptar y comprender con toda la confianza posible la espontánea conducta estudiantil; esa frescura seguro dará fruto en su oportunidad con su sistemático apoyo e influencia socrática. En el bello lenguaje bíblico: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora” (Eclesiastés 3:1). Una criatura infantil o adolescente puede llegar a tener un destino maravilloso, ser un brillante profesional, técnico, emprendedor, deportista, o artista con una buena educación al seguir todo un largo y laborioso proceso sistemático y continuo. No obstante, las estadísticas acusan que la deserción escolar es alarmante y esto es un lastre para el desarrollo de cualquier país. A un nivel más social, es la ruina de una familia si todos o algunos se conservan analfabetas o con una precaria formación educativa.
El otro dato de la encuesta ulandina, la vocación, es sin duda el más relevante de todas esas cualidades del educador. Consideramos que la vocación está alineada perfectamente con la verdad. Si tomamos el concepto de verdad de la RAE (2018) como conformidad de las cosas con lo que se dice, siente, piensa o es la realidad, entonces la vocación educadora es aquella que se asume con propiedad absoluta como su auténtico llamado, sin pose alguna ni otro interés que no sea el de facilitar el aprendizaje a los demás que lo requieran, de disfrutar en un aula con los pequeñines o grandulones curiosos por aprender de todo.
Más concretamente la vocación de acuerdo con la Real Academia Española, etimológicamente viene de latín vocatio, onis, que significa la acción de llamar, también es la acepción de “inclinación a cualquier estado, profesión o carrera”. Así, la vocación en general resulta ser aquel llamado por alguna labor que resulta significativa para alguien en especial, no para todos. En el asunto educativo como en otras áreas vitales de un país como la salud, la seguridad, entre otras, la vocación resulta primordial ya que sin ésta no hay el compromiso y responsabilidad que todo profesional que se precie de tal. El intelectual criollo, Roberto Zapata (2010) afirma que en la vocación el profesional se dedica de por vida a su quehacer con pleno convencimiento de los ideales de su carrera y labor en profunda hermandad con sus colegas sin apegarse al mero cumplimiento de un horario y sin abandonar nunca su actividad.
Desde luego que la vocación de los académicos venezolanos está seriamente fragmentada y hasta cuestionada porque no cumplen lo que señala el anterior autor citado. El descalabro de la vocación docente no se rompió por mero capricho sino por las necesidades apremiantes que tienen actualmente los educadores que ya no son profesores sino pobresores como señalan algunos. Es urgente la reivindicación socioeconómica de estos profesionales fundamentales para la reconstrucción y desarrollo del país. Como señaló recientemente el Doctor en Filosofía y Educación, Máximo Briceño, el futuro del país no son los niños, sino los educadores.
Cruda realidad: La actual temperatura educativa regional y por extensión nacional como ya es harto sabido y sobrevenida, es sumamente grave, por decir lo menos. Las palabras se quedan chicas frente a la inmensa y cruda realidad educativa y de los demás servicios públicos y actividades productivas o no de nuestro país. Algunos ya asoman un sombrío porvenir social por la deserción estudiantil y profesoral y de obreros y administrativos del sistema educativo. La otra realidad educativa y general del país era muy buena, aunque imperfecta, pero no llegaba a los bajos niveles de hoy día. Parece mentira, como un sueño pesado, una horrenda pesadilla, contemplar el actual estado de cosas con tantos problemas juntos y casi sin resolver seriamente debido a la incompetencia y corrupción gubernamental, y también en parte, la apatía y desidia de mucha gente.
Día del maestro: Según el destacado académico de la Universidad de los Andes y maestro, Dr. Jesús Manuel Maldonado, los docentes no quieren homenajes sino una mejora de sus condiciones de vida. Esto lo dice todo. Resume el clamor de la raza docente. Amor con hambre no dura, o dura poco, porque enseñar es un acto de amor pues todo profe es en esencia un filósofo. Acusa las graves carencias del sector educativo en todo el país, no exclusivamente del magisterio emeritense. Creemos que los homenajes si son necesarios porque si se rinde culto a tanta bagatela y banalidad como si efectivamente fuera un tema de importancia cultural, por qué no reconocer los méritos profesorales. En el ámbito internacional se rinde culto a sus educadores por medio de homenajes públicos con premios en metálico; es el famoso programa, el mejor profesor del mundo. Peter Tabichi, profesor keniano de ciencias y monje franciscano, nada más y nada menos, fue galardonado con el Global Teacher Prize en 2019. El premio es una especie de premio Nobel de la educación y adjudica la bobadita de un millón de dólares y una visualización internacional. En Venezuela podría replicarse este galardón no a un solo profesional, sino a todos los docentes que se quedaron a enseñar por unos cuantos centavos al mes.
Se rinde culto a los grandes atletas y deportistas de élite, ganan millones de dólares y son aplaudidos en todas partes del globo terráqueo. Las grandes luminarias del cine, los cantantes y grupos musicales, entre otros artistas del show bussines, reciben extraordinarios beneficios tanto económicos como sociales y materiales. Asunto que no está nada mal, pero ¿no vale más o tanto más un educador, que forma gente capacitada para llevar las riendas profesionales de una nación?. Recientemente Angela Merkel, la famosa dama de hierro alemana, alegó sobre una petición de aumento salarial a cierto sector profesional, que no podían ganar más que los profesores que los formaron. Nos gustaron tales declaraciones.
Mil felicitaciones a todos los héroes que siguen educando pese al mal tiempo de tormenta roja, que aspiramos dios mediante pase pronto para que vuelva la buena educación.
Ramsés Uribe, profesor de la ULA.
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