Por: Fernando Luis Egaña…
Los rumores venían corriendo desde hace tiempo, pero ya no son rumores sino informaciones confirmadas. En República Dominicana hay un escenario para el diálogo político entre la hegemonía roja y la oposición democrática. El comunicado de la MUD al respecto, contiene muchos datos y plantea diversas expectativas. Además es claro en cuanto a la agenda de asuntos a resolver, el primero de ellos, la consulta popular que permita un cambio de fondo en Venezuela.
No obstante, hay pleno derecho de considerar que Maduro esté asumiendo este diálogo como una fórmula para ganar tiempo, a ver si logra estabilizar su precaria situación. Días atrás, el ex-presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, declaró que sería un proceso “largo, complejo y difícil”. La palabra “largo” es muy riesgosa, porque la mega-crisis venezolana no puede esperar a que se alarguen sus potenciales vías de superación.
El escenario del diálogo tiene mucha simpatía internacional. Algunos de manera sincera y otros de forma interesada. Unos porque creen que ese es el camino para que Venezuela empiece a levantarse de su postración, y otros porque piensan que así se saca a nuestro país de los titulares negros y rojos, y se logra evitar que los líos venezolanos empeoren. El diálogo como tal no puede despreciarse, pero el problema es el contexto nacional y los resabios del poder establecido.
No estoy seguro que tengan razón los que confían en los resultados efectivos del diálogo, entre otros motivos, porque Maduro y sus colaboradores sólo aspiran a quedarse en el poder, no se conciben fuera de él, y están haciendo y deshaciendo para que ello pueda ser así. Dentro de Venezuela, estas cosas se conocen a cabalidad. Fuera de Venezuela, no tanto. Por eso, una cosa es la teoría del diálogo, que toda la gente de buena voluntad puede compartir, y otra muy distinta es la práctica del diálogo en la situación presente.
Los ex-mandatarios Rodríguez Zapatero, Torrijos de Panamá y Fernández de República Dominicana, aparecen capitaneando este diálogo. También se suma Samper de Unasur, lo que no es auspicioso sino ominoso. Y la OEA de Almagro se prepara para tratar el caso de la mega-crisis venezolana, esperemos que con suficiente seriedad. Pero el gran desafío es el cambio político de fondo. De eso depende todo, comenzando por el diálogo dominicano.
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