Por: Rosalba Castillo…
El tiempo siempre ha sido incierto. Pero estos últimos parecieran ser mucho más. La certeza se ha desvanecido y cada vez se nos hace casi imposible poderla retomar. Cada despertar nos muestra un nuevo día. El del aquí y ahora. La inseguridad, siempre ha estado presente en nuestras vidas solo que en este momento ha sigo global. Tenemos muchas incógnitas y siempre serán más. No podemos escapar a ellas. El pánico ha sido colectivo inicialmente, pero con los días hemos construido procesos internos donde muy sigilosamente logramos asomarnos al mundo nuevamente a pesar de los miedos y de las consecuencias que nos dejó este impacto al sabernos tan vulnerables. La certidumbre se asocia con la seguridad, generando tranquilidad o al contrario la incertidumbre genera inquietud y ansiedad. La confianza absoluta de estar a salvo en diferentes esferas de la vida nos genera bienestar. Estamos en tiempos de una gran inquietud. Tal vez la más grande de nuestra historia Todos nuestros escenarios se han visto invadidos por estas pandemias. Todos los seres del planeta fuimos impactados por una gran oscuridad en nuestras vidas que nos llevó a cambios sin previo aviso.
Cada nueva experiencia trae consigo nuevos aprendizajes. En ocasiones no estamos preparados para asumirlos, ni siquiera para darnos cuenta de lo necesarios que terminan siendo. Cada conflicto se convierte en una gran lección de vida, siempre y cuando estemos dispuestos a enfrentarla. No se trata de procesos marcados por esa inmediatez por la que nos lleva la tecnología. Son procesos de reflexión que solo nos ofrece el estado de incertidumbre. Sin embargo, nos sentimos incómodos. El ir al fondo nos hace crecer como personas, como pueblos y como humanidad. Básicamente nos lleva al pensamiento lento al que se refería Daniel Kahneman, economista y psicólogo del Nobel de Economía 2002.
El poder llevar el control no solo inquieto a los seres prehistóricos, en la actualidad el hombre quiere el manejo del mundo. Solo que en este instante descubrió que hay aspectos relevantes a los cuales le resulta complicado acceder, aunque sigue intentándolo. El viaje al interior que estamos realizando desde esta pandemia nos ha mostrado que tenemos mucho por resolver. Nos enseñó que el camino está equivocado. Esta sensación de incertidumbre nos reta a reflexionar y tener nuevos y mejores pensamientos, sin sentirnos débiles. De pronto nos dimos cuenta como el mundo se empezó a caer a pedazos. La salud, la economía, la educación, la ciencia y hasta el amor. La vida se nos derrumbó. Se hace necesario una nueva mirada.
Cuando llegamos a momentos difíciles, esas diferencias vuelven muy evidentes. La plasticidad de nuestro cerebro hace que tengamos la posibilidad de adaptarnos a los cambios de manera satisfactoria y logremos generar actitudes donde podamos pensar mejor. La ausencia de certeza termina siendo un gran obsequio, cuando sepamos utilizar sus beneficios. Se trata de redescubrirnos como humanidad. Al sabernos más vulnerables, y necesarios todos, comienza el proceso de construir nuevas verdades. Nos llegó la hora de ser tolerantes, menos rígidos con nosotros y con los demás. De aprovechar esos días inciertos para soportar nuestra incertidumbre. No hay muchas respuestas. Somos seres y sociedades complejas. Acerquémonos a lo desconocido, desde probar un sabor diferente de helado, leer sobre un tema que desconocemos y no nos interesa, conversar con alguien que no nos simpatiza, hacer un trabajo incomodo. Permite que otro resuelva tu problema de manera diferente. Demos otra mirada a la vida. Soltemos el control y la certidumbre. Esa incertidumbre nos ayudara a la toma inteligente de decisiones. Asumamos esas cosas difíciles, sean del corazón o de la razón.
La incertidumbre es la certidumbre del corazón
Rosalba Castillo
05 10 2022




