Por: Ramón Sosa Pérez….
Para la mayoría de paisanos, el recio perfil de su personalidad infundía presto don de mando pero para quienes éramos entorno de cercanía familiar, doña Melania supo juntar ese talante hasta hacerla abuela cálida, madre ejemplar, vecina solidaria, esposa diligente y compañera inseparable de Ranulfo Izarra, con quien fundó hogar de sólidos principios por más de 60 años.
Ella dueña de una personalidad rigurosa que en la observancia de la ley no daba concesiones, sobre todo si en ello se jugaba el honor de su familia. Por sus hijos, todo, y pruebas hubo siempre porque jamás dudó en el sacrificio por su lealtad iniciando la travesía de otros destinos desde Mucutuy hasta Barinas, cuando muchos no apuestan en la búsqueda de nuevos horizontes.
Luego de esquivar trances y aprietos en la tierra nativa, decidió abrir paso en tierras llaneras y continuar el periplo de honesto trabajo sin que escogiera entre desmontar potreros, levantar cercas o promover plantaciones. Jamás la amilanó colocarse junto a los suyos en un barbecho, parcela o frente al paño de sabana para persuadir con su ejemplo a los obreros de su predio.
En Mucutuy fue admirada en tantas ocasiones como la necesidad se lo exigió. Atender el ordeño, limpiar un potrero, tender la cerca, palear la siembra, cultivar la sementera o cualquier tarea, siempre que ello fuera el celo por su patrimonio hogareño, allí estaba presente como uno más sin que su porte se mermara frente a los hombres en tales menesteres. No transigió jamás en ser menos que los otros.
Cuando mis padres en Mucutuy pedían su ayuda, doña Melania ayudaba con la mejor disposición porque la condición de esposa del mayor de mis hermanos, Ranulfo, le daba ventaja del mejor trabajo en casa de sus suegros. Así los sintió en tanto él vivió allí desde niño y siempre fue uno más en el hogar de infinito afecto que a falta de hijos biológicos, todos fueron suyos para doña Emilia y don Pedro, tutores de grato recuerdo.
Ejemplar ama de casa, batalladora del credo socialcristiano, generosa con los suyos, esposa de dignidad incomparable, amantísima compañera de Ranulfo con quien compartió los azares del comienzo en el duro trabajo de levantar a sus 8 hijos como en tantas y disímiles tareas de desempeño público, ya de Presidente de la Junta Comunal, Prefecto, Fiscal, Listero de Obras Públicas o dirigente nato de sus pueblos por más de 40 años.
Ella vivió las penurias de las primeras carreteras del sur ayudando a sus hijos y esposo en la obra a Campo Elías, San Pablo, La Providencia, Mucucharaní y tantos que ya mi memoria no retiene. Desbrozar un terraplén, amoldar la piedra que estorbaba el paso, dirigir el cimiento y ordenar a los palanqueros que hicieran mejor el trabajo fue para ella algo cotidiano sin que descuidara la elaboración del almuerzo a los hombres del camino como se llamaba a los braceros que trazaban la ruta del progreso sureño.
Tanto pudiera decirse de ella como la experiencia y vivencia que conserva Mucutuy por esta matrona ejemplar pero ni el tiempo alcanza ni la memoria sería tan fiel como quisiéramos. La despedida terrena dejó un vacío hondo por su temple, valentía, entereza y por su lección. Fue ella, a quien su pueblo le juntó el apellido de casada para llamarla a secas; doña Melania Izarra, mujer excepcional en el sentido llano de la palabra.
No se le veía en la calle sino cuando iba a su faena, siempre al sigilo de horas tempranas y por la senda que daba al río enfilada a La Vega de sus recuerdos o cuando la exigencia de la ciudad la citaba a urgentes diligencias. En su consagración al hogar y familia exigía en rigor cumplir la palabra empeñada, la honra del apellido y el compromiso contraído. Era pertinaz con quien faltara a su deber y no descansaba hasta ver que la deuda se había saldado.
Doña Melania se marchó a la Morada Eterna pues su misión estaba cumplida. Dejó una larga familia de hijos, nietos, bisnietos y tataranietos que asimilará su lección de trabajo, fortaleza y amor al patrimonio familiar. Ese es su legado y nuestra la satisfacción de haberla conocido en su largueza de alma grande. No mostró sino esa sola cara: la del trabajo honesto y sin descanso, la de su apoyo moral sin condiciones para llamar al pan, pan y al vino, vino.
07-12-2025




