Douglas Barboza (Nutula): “Hay que retomar la meritocracia y recuperar la confianza del personal”

Un ascenso que tarda más de un año por errores en un acta. Un profesor que recorre oficinas sin obtener respuestas claras. Douglas Barboza propone atender esas dificultades y recuperar la confianza del personal de la ULA Táchira.

El candidato a vicerrector por Unidos por el Cambio plantea concursos imparciales, ascensos oportunos y reclasificaciones con criterios transparentes. Su propuesta número cinco entre sus “Diez ideas para avanzar” incluye capacitación, digitalización de trámites y diálogo con los gremios.

“Los cambios serán progresivos, pero desde el primer día la comunidad podrá conocer y evaluar nuestros avances”, afirma.

¿Qué problemas identifica actualmente en los concursos, ascensos y reclasificaciones de la ULA Táchira?

Uno de los grandes problemas de los concursos es que se ha vuelto habitual que tres, cuatro o cinco profesores integren los jurados de todos los procesos. En algunos casos se designan profesores que no tienen competencias afines al área del concurso. Por ello, para asegurar la imparcialidad y el mérito en cada concurso, es indispensable que los jurados cuenten con el perfil y las competencias específicas del área. Cuidar la idoneidad del jurado es defender la transparencia institucional y el respeto a nuestros profesores.

En los ascensos reinan la burocracia y la desorientación. Un profesor recibe respuestas contradictorias entre el Departamento, Secretaría y la DAP, quedando en la incertidumbre a pesar de que el Estatuto del Personal Docente e Investigación (EPDI) de la Universidad establece claramente el procedimiento. A esto se suman errores materiales de tipeo en los nombres y números cédulas dentro de las actas. Es inaceptable que un ascenso se retrase más de un año por fallas simples que debieron corregirse antes de firmar e imprimir.

Lo mismo sucede con las reclasificaciones del personal administrativo, técnico y obrero. No pueden seguir manejándose en la sombra. Debemos acabar con las decisiones a dedo que benefician a unos y excluyen a otros. Exigimos y garantizaremos criterios transparentes, justos y un trato verdaderamente equitativo para todos.

¿Cómo garantizaría que estos procesos se decidan por méritos y años de servicio, sin favoritismos ni presiones políticas?

Tenemos que perder el miedo y denunciar sin rodeos las prácticas que se han instaurado y que destruyeron la confianza en nuestra universidad. Es hora de cuestionar y acabar de una vez por todas con el clientelismo. La reciente renovación de nuestros representantes profesorales ante el Consejo de Núcleo no es solo un cambio de nombres. Tiene que ser la voz firme que ponga sobre la mesa lo que realmente está ocurriendo.

En materia de beneficios laborales y socioeconómicos, ¿qué puede resolver el Vicerrectorado y qué depende de otras instancias?

Vamos a recuperar la confianza del personal con respeto y participación. Aunque los aumentos salariales no dependen de la universidad y no podemos garantizarlos, sí podemos comprometernos con un trato digno, una gestión que escuche y acciones para mejorar las condiciones de trabajo y el ambiente laboral. Asimismo, seguiremos reclamando el salario justo que merecen nuestros trabajadores universitarios y nuestros docentes.

También es importante el diálogo con los gremios, y dejaremos de concentrar las decisiones en una sola persona. Los cambios serán progresivos, pero desde el primer día cada trabajador tendrá voz. La universidad se construye con todos.

Ese compromiso también incluye a nuestros jubilados, quienes dedicaron años a construir esta universidad. Merecen atención respetuosa, orientación para sus trámites y espacios para aportar su experiencia y reencontrarse. La jubilación no significa dejar de formar parte de la comunidad universitaria.

Usted ha hablado de autogestión digitalizada. ¿Cómo funcionaría y qué trámites podrían realizarse a través de ella?

Un estudiante no debería perder días solicitando una constancia, ni un profesor comenzar el semestre sin saber en qué aula dará clases. Nuestra comunidad merece una universidad que facilite sus actividades y responda a sus necesidades.

Impulsaremos la digitalización de inscripciones, constancias y notas, con documentos que puedan verificarse mediante códigos QR, para reducir el papeleo y las visitas innecesarias a las oficinas.

También trabajaremos por una mejor organización de horarios y aulas, para que los estudiantes puedan elegir entre las secciones disponibles según sus necesidades. Buscaremos alianzas y apoyo especializado para fortalecer la capacidad tecnológica de la ULA Táchira y avanzar en la descentralización de sus trámites. El tiempo de nuestra comunidad vale. Queremos una universidad donde estudiar y trabajar sea cada vez más sencillo.

¿Qué orientación y acompañamiento recibiría el personal para cumplir los requisitos y utilizar el sistema?

El acompañamiento debe ir unido a la capacitación continua. Vamos a impulsar oportunidades de formación para que el personal fortalezca sus conocimientos y cuente con mejores herramientas para trabajar.

También es indispensable reconocer su experiencia y sus méritos. Por eso, promoveremos que cada cargo sea ocupado por personas con el perfil y las competencias que requiere.

Algunos partidarios del otro candidato, el profesor Omar Pérez Díaz, sostienen que deben debatirse las acciones realizadas y no las ideas o propuestas. ¿Qué responde a ese planteamiento?

Quien ha ejercido el poder en el vicerrectorado debe rendir cuentas, pero también explicar qué propone para el futuro. Las ideas definen las prioridades y el destino de los recursos. La comunidad universitaria tiene derecho a evaluar lo realizado y decidir hacia dónde quiere avanzar.

Además, estamos en una universidad. Aquí el pensamiento crítico y el contraste de ideas son esenciales. ¿Cómo vamos a formar personas capaces de cuestionar y proponer si quienes aspiramos a dirigirla evitamos esa discusión? Elegir una autoridad es decidir el rumbo de la institución para los próximos años.

Omar Pérez Díaz se ha definido como un demócrata. Más allá de esa declaración, ¿cómo debe demostrarse la democracia en el ejercicio de una autoridad universitaria?

 En primer lugar, un demócrata debería defender la alternancia y abrir espacios para la renovación. La alternancia no consiste en sucederse a sí mismo después de un período completo como vicerrector y más de 20 años de permanencia en cargos de poder.

Pero la democracia también se demuestra en la gestión cotidiana. Escuchando a quienes piensan distinto, rindiendo cuentas y respetando las decisiones de los órganos de cogobierno. Ningún profesor, estudiante o trabajador debería sentir que expresar una diferencia puede cerrarle una puerta.

Una autoridad universitaria debe garantizar oportunidades para todos. Los concursos, ascensos y reclasificaciones deben responder al mérito y a las normas, sin depender de amistades o afinidades políticas. Sin que nadie sufra retaliaciones por expresar sus ideas. Ser demócrata implica aceptar que la universidad pertenece a toda su comunidad y gobernar con ese principio.

Además, un demócrata debe reconocer el esfuerzo colectivo. Mantener abierta y activa la universidad ha sido posible gracias al compromiso de profesores, estudiantes, empleados y obreros. Una autoridad debe reconocer ese aporte, sin adjudicárselo como un logro exclusivo de su gestión. La universidad sigue adelante porque todos la sostenemos.

Prensa Unidos por el Cambio / CNP 12.491

26-10-2026