Por: Germán Rodríguez Bustamante…
La dualidad existente en el país ha arropado todos los espacios, se cuenta con dos asambleas nacionales, dos tribunales superiores, representantes consulares de directrices políticas distintas. Esta confusión poco sirve para resolver los problemas que enfrenta la nación: una profunda crisis, hiperinflación, caída del poder adquisitivo y sanciones económicas. Condiciones que ha visto huir a cerca de 8 millones de sus habitantes, lo que refleja el abismo en que se encuentra y del que costará mucho salir. En esta dualidad la economía no escapa. El producto interno bruto (PIB) ha caído cerca del 80 % desde el 2.013, con una tímida recuperación de 2.022 que no ha sido suficiente para mitigar el desastre gestado. Este año la economía continuara su ritmo descendente, sin posibilidad de recuperación más allá de los chispazos de consumo estacionales.
El país pasó de estar entre las 30 economías del mundo a estar en este momento por arriba de las 100. El tamaño del Estado se ha reducido drásticamente, se agotó el modelo rentista que sostuvo elevados subsidios en los precios de gasolina, electricidad y alimentos. Con la caída de la economía, el sector informal se ha disparado. La gente tiene más de un trabajo, hace cualquier cosa para redondear su ingreso, en definitiva, una economía del rebusque con una nula tributación. En este contexto de precariedad queda una elite protegida de las inclemencias sociales y económicas. Un grupo minoritario que goza de privilegios que ocupa un estrato superior de la sociedad. Una coalición dominante que exhiben una supremacía en variados ámbitos. A pesar que pueden existir diferencias entre elites económicas y políticas, en la Venezuela presente ambas elites juegan el mismo papel, es decir quienes ejercen el poder político, también son los abanderados del poder económico.
El país padece una acentuada recesión económica y un empobrecimiento severo, muy a pesar de la cantidad importante de recursos recibidos en el pasado por: renta petrolera, venta de activos en el extranjero y endeudamiento público. Cercanos a los mil millones de dólares, que no se tradujo en un proceso de industrialización del aparato productivo, sino en una marcada importación de bienes y servicios, y una insaciable corrupción. La coalición dominante organizo a la sociedad alrededor de un reclamo de un pedazo de la renta petrolera, obviamente con accesos diferenciados al botín. Conseguir dólares baratos para importar y vender cosas, y después convertir la ganancia en más dólares fue uno de los grandes negocios en Venezuela, hasta que la renta desapareció. Sin embargo, todavía existentes vetas de explotación con las pocas divisas existentes, únicamente asequible para la elite dominante que justifica los chispazos de consumo en bodegones, supermercados, restaurantes y ofertas turísticas para un grupo privilegiado, cuyos ingresos están conectados al manejo de la divisa americana.
La industria petrolera dejo de ser la palanca para el desarrollo del país, los subsidios desaparecieron, los salarios del sector públicos son los más bajos de la región y posiblemente del planeta y la infraestructura general de servicios destruida. Condiciones que producen una situación económica delicada, forzando a los ciudadanos a escudriñar hasta en la basura para poder alimentarse. En la nación circulan más de 3.5 mil millones de dólares, la liquidez monetaria representa escasamente 600 millones de dólares, esto muestra una normalidad económica fingida, pero que no contribuye en nada para el progreso del país.
PDVSA pasa por el endeudamiento más grande de su historia que alcanza los 90 mil millones de dólares, por lo que no está en condiciones de hacer la más mínima inversión. El sector turismo está en niveles críticos. Solo 10 % de las plazas camas en los hoteles en el país está ocupadas. Desafortunadamente la Venezuela que existió no regresara más, los daños gestados por estos irresponsables gestores produjeron daños irreparables. Señalar que en Venezuela existe una profunda crisis política, económica y social no constituye una sorpresa. La crisis lleva tiempo escurriéndose sobre la población y salpicándole al resto del continente, y en general hacia muchos países del mundo. Expuesta por las historias que llevan consigo quienes han decidido literalmente huir del país y refugiarse en otras latitudes, con la esperanza de encontrar afuera lo que sienten que les he negado en su propio país.
La opacidad de las cifras oficiales es la principal dificultad para analizar la profundidad del daño y, en consecuencia, cuantificar las inversiones requeridas tanto en la esfera económica como social. Las posibilidades de construir una imagen lo más cercana a la realidad tan cruda como la que se vive, supone la necesidad de echar mano de una diversidad de fuentes, muy variadas, que incluyen la escasa información oficial que circula, complementadas por estudios privados y de organismos multilaterales de financiamiento. Lo cierto es que, sin inversión privada será imposible sacar a la economía venezolana de la sombra oscura en la cual se encuentra en este momento.
Atrás quedó el tiempo de cifras económicas relativamente prósperas, con un impacto en cuanto a índices de desarrollo social o de desempeño de la economía. Hoy el país atraviesa la peor crisis de su historia republicana, con persistente hiperinflación de la cual no logra salir ni con reconversiones, ni controles de cambio. En conclusión, los ciudadanos sobreviviendo para no caer en la esclavitud moderna de una economía oscura. Una crisis marcada por uno de los éxodos migratorios más intenso y significativo de los últimos años desde un país que no se encuentra en guerra, al menos en una declarada. La inexistencia del Estado deja a los ciudadanos indefensos, ante las calamidades económicas y sociales, la renuncia a ejercer la tutela territorial produce los avances de la delincuencia organizada y el narcotráfico. Las presunciones demostradas por los jefes de las bandas que operan en las cárceles y las de los cabecillas de la guerrilla, son la mejor expresión del consentimiento del caos generalizado en todo el territorio. Tocoron es la prueba fehaciente de la dualidad existente en el país, en el cual hay presos de elite y normales.
@germanrodri
@germanoveja
25-09-2023



