Por: Ramsés Uribe…
Perfil discontinuo. Además de todas las cualidades mencionadas en otros artículos educativos anteriores, creemos que hay que seguir sumando competencias al perfil del profesor. Ya no tanto para buscar la eficiencia educacional en todos los niveles y modalidades. La mayor competencia profesional docente de todas es el amor al conocimiento y a la humanidad. Sin esta es imposible educar como Dios manda. Luego vendrían las demás. Ser un gran motivador del instante preciso es otra cualidad esencial del acto docente.
Sin embargo, en materia educativa y en los demás temas nacionales la cosa luce exageradamente desteñida y harapienta. La masa no está para bollos pelones. Lo poco que se salvó de la pandemia y las nefastas políticas públicas en el área educativa y demás, sirvió para reinventar y maximizar la educación y el rol docente y se hizo extensivo a la persona misma del profesor y la del resto de la gente. El resultado no es alentador: éxodo profesoral junto a otros millones de personas, aumento del analfabetismo, pésima conducta social, incompetencia laboral, ninguna competitividad del país, escaso personal docente, mínima o casi nula vocación profesional juvenil de estudiar educación u otra carrera, baja matrícula estudiantil, aumento del ocio, el vicio y la delincuencia, edificaciones educativas desvalijadas y en franco deterioro, y pare de contar. Todo esto ante la indiferente mirada de reojo de las dizques autoridades incompetentes del sector educativo.
Menos homenajes, más incentivos. A propósito de una nueva efemérides del día del educador, es verdad lo que afirman los gremios del magisterio y a vox populi: no hay nada que celebrar, oración ya convertida en cliché, dijo Jorge Villet, periodista merideño. En el día del educador, los sindicatos del magisterio venezolano lo han rebautizado con el nombre de día nacional de la resistencia educativa o de protesta nacional educativa, entre otras denominaciones similares e ilustrativas.
Es indignante la situación social de los profesores y demás profesionales Más bien provoca llorar. El tema de las reivindicaciones socioeconómicas es el dedo en la llaga a la educación criolla e incluso la de los demás países latinoamericanos y más allá. Se dice que con la pírrica remuneración actual el docente, ya es casi un indigente o está en camino a serlo. Tales apreciaciones populares se quedan cortas pues consideramos que ya es un menesteroso con título al igual que la mayoría de los demás profesionales. Pero este desagradable asunto no es nada novedoso sino de vieja data. El académico William Ayers (2002), educador estadounidense, profesor de la Universidad de Illinois, en su obra: “La jornada del profesor es enseñar”, afirma que los educadores están muy mal pagados; ganan ¼ parte de lo que gana un abogado, la mitad de lo que gana un contador y menos que un camionero y muchos empleados. No hay una profesión que sea tan exigente con un sueldo tan desproporcionado y tan bajo.
En la película mexicana de Mario Moreno “Cantinflas”, llamada “El profe”, que por cierto recomendamos para ampliar el perfil docente de nuestros días, hay una escena penosa, donde el profesor le dice al humilde estudiante que estudie para que progrese, este le responde que si eso es cierto por qué está tan amolado (que ha sufrido una desgracia, pérdida o un perjuicio graves), a lo cual el educador se queda en silencio. Tan sólo basta recordar aquella vieja sentencia popular de, “pasar más hambre que un maestro de escuela”.
Da la impresión que la profesión docente es harto incómoda para los gobiernos sean de derecha o de izquierda. En este sentido si algo es cierto es que nunca hubo un gobierno que maltratara y vejara tantísimo a los profesores y a todo universitario de un país como el actual régimen oprobioso de la tristemente denominada quinta república. No hay duda que el intelectual incomoda; fastidia a los rojos rojitos, pues es mejor que cunda la ignorancia y la chabacanería que la ciudadanía ejemplar, la cultura y la ciencia; es mejor para efectos políticos: el control de la población desinformada. El académico italiano, Umberto Eco, escritor afamado, dejó una frase pertinente a esta pésima situación existencial de nuestra sociedad criolla: “En el futuro, la educación tendrá como objetivo aprender el arte del filtro”. Es decir, la educación al fomentar individuos críticos, quita la venda de los ojos para conocer la realidad sin dejar lugar al engaño o la mentira, con los que ya tienen acostumbrado al pueblo nacional el gobierno socialista esclerotizante vigente.
Sin educación de calidad sigue avanzando la campante revolución bonita. Se ha comentado con desenfadada insistencia que ese modelo marxista caduco donde pone la mano provoca la ruina… y es cierto; las cifras de las organizaciones no gubernamentales que siguen la caída social, económica y política del país, así lo confirman. Por ejemplo la prestigiosa y seria encuesta de condiciones de vida del venezolano, “Encovi”, desarrollada de la mano de varias importantes universidades como la UCV, la SB y la UCAB, refleja un panorama sumamente preocupante y verdaderamente devastador en materia socioeconómica del país nacional en estos últimos años, que puede resumirse en que Venezuela es el país más pobre de la región.
¿Hay salida para la educación? Desde luego que sí. Don Mariano Picón Salas (1949), insigne venezolano del siglo XX, diagnosticó y delineó el futuro del país con una increíble precisión y claridad histórica que puede orientarnos al respecto; señaló que el problema educacional de Venezuela es capitular y mayúsculo, no puede avocarse de manera exclusivamente técnica o financiera, sólo con buenos criterios puede ser dominado y resuelto. Rebasa lo técnico porque en ella se entremezclan lo social y lo político con lo puramente pedagógico. Es un asunto que debe afrontarse con seriedad y cuidado en un país en trance de recuperarse como el nuestro. Es un embrollado problema pues nunca se tuvo un criterio filosófico, integral para apreciarlo. Aquí como en todas las cosas prevaleció la improvisación, el humor y la pequeña receta superficial. Toda solución técnica que se haga en materia educativa o en la economía, debe orientarse predominantemente hacia un fin nacional. Hace falta organizar nuestra decaída nacionalidad.
Profesor ULA
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