El ejército de ocupación negoció?

Por: Germán Rodríguez Bustamante…

El gobierno militar es la administración o supervisión de un territorio ocupado, o puede ser una forma de gobierno de dicha administración. En Venezuela lamentablemente estamos ocupados por nuestras propias fuerzas armadas, en consecuencia la fábula de la invasión del imperio, es una excusa artificiosa para endosarle las responsabilidades del fracaso escandaloso en la gestión, al enemigo externo. El presidente Maduro otorgó en el año 2016 facultades extraordinarias a la fuerza armada, asumiendo los militares el control formal sobre el gobierno venezolano, convirtiendo al ministro de Defensa, en el jefe del gabinete de facto, con poderes por encima de los ministros y fundamentalmente sobre la economía.  Desplazando al vicepresidente en su rol de coordinador de la administración pública nacional, y la supervisión directa de los ministros, quienes ahora pasan a reportarle directamente al ministro de la defensa. La planificación la pueden hacer los ministerios, pero los ministros le tienen que rendir cuenta a él y reportar dónde está lo que se produce, dónde está lo que se importa, dónde llega, dónde va y cómo se distribuye. La delegación otorgada al ministro de la defensa, es una decisión desesperada para evitar los reclamos generalizados por los ciudadanos, derivados de la profundización de la escasez, el desabastecimiento y el crecimiento desmedido de los precios.

En la medida en que los reclamos durante lo que va del año 2017 se han incrementado, derivados de la pretendida intención de perpetuarse en el poder Maduro y su corte, a través de la imposición de un proceso constituyente, a todas luces inconstitucional, al ejército de ocupación le ha tocado la penosa tarea de reprimir las protestas ciudadanas violando derechos fundamentales. Esta situación se ha desbordado manchando la actuación del estamento militar, quienes buscan en la actualidad no hundirse más en el pantano de la represión. Pretender que, con el cerco militar y con atribuciones especiales al ministro de defensa se resolverá la escasez, el desabastecimiento y la inflación es una ilusión revolucionaria, por más esfuerzos represivos y órdenes militares realizadas por el super-vicepresidente la realidad no cambiara, por el contrario las penurias que vivimos los venezolanos se incrementarán y los reclamos serán cada día mayores.  

El truco de la unión cívico militar impuesto por Chávez como bandera de la revolución, buscaba convencer a la opinión pública, que la fuerte presencia militar en su gobierno garantizaba su estabilidad. El asalto de la gerencia publica fundamentada en la reserva moral y la capacidad profesional de los integrantes de la fuerza armada, quedo seriamente cuestionada, sometiendo al componente a un deslave pronunciado en su credibilidad por parte de la sociedad, las recientes encuestas corroborar el resultado del truco de la unión cívico militar. La reciprocidad de la unión nunca se concretó, el estamento militar continúa obteniendo dividendos económicos derivados de su posición privilegiada, mientras los civiles asumimos la carga más pesada del fallido ensaño de socialismo del siglo XXI. La elite militar no está preparada, para lidiar con un entorno cambiante y con estructuras burocráticas que requieren la construcción de negociaciones y acuerdos.

La supuesta medida humanitaria otorgada a Leopoldo López, genera una cantidad de dudas sobre las verdaderas intenciones de la Dictadura. Procuran vender una negociación para socavar la credibilidad del Líder Político y debilitar la unión de los factores democráticos de oposición.  La negociación es una versión entendida y formal de la resolución de conflictos empleada con mayor frecuencia cuando existen situaciones que deben ser acordadas. La negociación es necesaria cuando una de las partes requiere el consentimiento de la otra parte para lograr su objetivo, hecho que no ocurrido en el caso de Leopoldo. El objetivo de la negociación es la construcción de un entorno compartido que lleva a la confianza a largo plazo y en la mayoría de los casos actúa un tercero neutral, que intenta eliminar las emociones de los actores involucrados.

El poder expresado en hechos materiales como el uso de las armas y el representado por normas, leyes e instituciones son elementos que inclinan las posiciones ventajosas para una de las partes en la negociación. En Venezuela en este momento la Dictadura cuenta únicamente con el ejercicio desproporcionado de la fuerza y una frágil institucionalidad; sin embargo, los fenómenos sociales en desarrollo debilitan su posición. El uso desmedido de la represión en estos 90 días de protestas han deslegitimado la actuación de la Dictadura, en consecuencia sus opciones se reducen en una mesa de negociación o acuerdo para la construcción de un gobierno de transición. Para la oposición es fundamental precisar las verdaderas intenciones expresadas por el ejército de ocupación en el diálogo político, en este marco se trata de concesiones acordadas entre las partes para darle sustento al diálogo. La duda, por recurrente, surge con naturalidad: “¿es posible creer en el ejército de ocupación cuando actúa de mala fe?”.

ULA – FACES

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