La mañana del martes 11 de septiembre de 2001 comenzó con la promesa de una jornada habitual en Occidente. Tras el colapso de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría, el mundo atravesaba un período de optimismo desbordante. Comenzaba la era de la globalización, la expansión del libre mercado, el auge de las tecnologías de la información y la consolidación de la democracia liberal como el modelo predilecto de gobernanza. Sin embargo, en cuestión de minutos, la colisión de cuatro aviones comerciales secuestrados por 19 terroristas contra las Torres Gemelas en la ciudad de Nueva York, el Pentágono en Washington y un campo abierto en Pensilvania quebró de golpe la sensación de seguridad y estabilidad que definía a esa era.
Al cumplirse 25 años de los atentados que cobraron la vida de casi 3.000 personas, incluyendo cuatro venezolanos, la transformación del concepto de seguridad y las heridas abiertas en las relaciones internacionales siguen moldeando el mapa geopolítico hoy.
Los atentados que paralizaron al mundo
Lucia Galeno, profesora de Historia de las Relaciones Internacionales en la Universidad Central de Venezuela (UCV), recuerda que el planeta venía de diez años de un predominio político y económico indiscutible. En ese contexto, la globalización económica y el comercio internacional se expandían con fuerza mediante la liberalización de los mercados y el auge del internet. Sin embargo, bajo esa aparente calma, Galeno señala que las tensiones comenzaban a gestarse en regiones desatendidas o intervenidas, particularmente en el Medio Oriente tras la primera Guerra del Golfo a inicios de la década de los noventa.
Julio César Pineda, embajador y analista internacional, se encontraba en París el día de los atentados culminando una misión diplomática de tres años en Libia y asistiendo a una reunión de la UNESCO. Para el analista, la caída de las Torres Gemelas encajó perfectamente en la teoría del «Cisne Negro», popularizada por el escritor libanés-estadounidense Nassim Nicholas Taleb: un evento de un impacto devastador, extremadamente raro y completamente impredecible para los radares de inteligencia tradicional.
Nadie en el mundo, ni los sistemas policiales ni las estructuras militares de las grandes potencias, pudo prever que una infraestructura concebida durante diez años para resistir ataques colapsaría en cuestión de segundos. Galeno coincide en que la naturaleza de la amenaza sorprendió al mundo porque no provenía de una potencia rival ni de una alianza de Estados nación soberanos con fronteras delimitadas, sino de una organización clandestina sin rostro que desafió directamente la hegemonía cultural, económica y militar de Occidente.
La consolidación de la «guerra de prevención»
Uno de los quiebres más profundos tras los atentados de 2001 fue la redefinición conceptual de la guerra y del propio terrorismo. Galeno sostiene que, históricamente, el terrorismo era percibido por los Estados como un delito transnacional o un asunto de orden público que debía ser abordado mediante la cooperación policial entre naciones y tratados de extradición.
Sin embargo, tras el 11 de septiembre, la administración de George W. Bush transformó el terrorismo en una amenaza directa a la seguridad nacional, dándole una dimensión estrictamente militar. Galeno explica que esta mutación alteró las reglas del juego internacional. La guerra contra el terrorismo dejó de ser una acción de colaboración judicial para convertirse en una doctrina militar preventiva. Esta «guerra de prevención» justificó el ataque directo a Estados soberanos bajo la sospecha de que albergaban o financiaban a grupos extremistas, pasando por encima de pilares del derecho internacional público como el principio de no intervención.El presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, firma la Ley de Seguros contra el Terrorismo de 2002 en el Salón Este de la Casa Blanca, el 26 de noviembre de 2002, en Washington D. C. | Foto AFP
El embajador Pineda destaca que este acontecimiento marcó la expresión madura de la denominada guerra asimétrica. En los conflictos tradicionales o simétricos, las reglas estaban marcadas por el choque entre ejércitos regulares bajo la tutela de Estados. A partir del 11 de septiembre quedó demostrado que un grupo reducido de personas, sin un ejército convencional pero con un alto nivel de fanatismo, podía utilizar los propios recursos del adversario, como aviones comerciales cargados de combustible, para causar un daño superior al de un ejército completo.
Pineda subraya además la peligrosa variable religiosa e ideológica que introdujeron grupos como Al Qaeda. En los conflictos políticos tradicionales es posible alcanzar acuerdos mediante la negociación diplomática. No obstante, dice que cuando la motivación del combatiente responde a un extremismo donde la propia muerte es recompensada con una promesa religiosa, los mecanismos clásicos de disuasión resultan ineficaces. Educar en ese fanatismo transformó al terrorismo en una amenaza profundamente difícil de controlar mediante fórmulas militares tradicionales.
«Cuando está el elemento religioso y más vinculado con la eternidad y la salvación, hay un fanatismo que no se puede frenar. En el Islam radical de Al Qaeda es la oferta celeste del paraíso. Entonces, educar a los niños en esa violencia es prácticamente incontrolable», advierte el diplomático.
Aumento de controles migratorios y de inteligencia
La transformación del orden global también penetró en la vida cotidiana de los ciudadanos en todo el planeta. La búsqueda de seguridad condujo a un repliegue de los derechos civiles e individuales, así como a un aumento de los controles migratorios y de inteligencia.
Galeno argumenta que el miedo instauró un «estado de excepción» permanente en el concepto de seguridad nacional. Para proteger las fronteras y los territorios nacionales, se crearon organismos unificados de inteligencia con atribuciones extraordinarias. Esto derivó en violaciones sistemáticas a los derechos humanos, escuchas telefónicas masivas y la detención de personas sin el debido proceso ni garantías legales, socavando el marco constitucional que las propias democracias defendían.
En el ámbito del tránsito internacional, las dinámicas cambiaron de manera irreversible. El embajador Pineda recuerda cómo, antes del 11 de septiembre, la aviación comercial era un medio de transporte significativamente más sereno y accesible. A raíz de los atentados, todos los aeropuertos del mundo adoptaron protocolos de seguridad severos que persisten hoy en día.
Las restricciones en el equipaje de mano, los límites estrictos para el transporte de líquidos, las revisiones corporales exhaustivas, la digitalización de datos biométricos y las interminables horas perdidas en los controles migratorios se convirtieron en la nueva norma. Galeno añade que las políticas de visado y admisión territorial se endurecieron drásticamente, incrementando la sospecha hacia ciudadanos provenientes del mundo árabe e islámico y otorgando a las autoridades migratorias una discrecionalidad absoluta para negar el acceso a los países, incluso a viajeros con documentación en regla.
«El ejemplo más tonto que hay es lo que puedes llevar en el equipaje de mano. Eso cambió radicalmente. No puedes llevar líquidos, por ejemplo, un perfume no lo puedes llevar si sobrepasa los 100 ml, no puedes llevar una afeitadora, cosas básicas o elementos químicos», explica la internacionalista.
La trampa de Medio Oriente
La respuesta armada de Estados Unidos se materializó rápidamente con la invasión de Afganistán en 2001, orientada a derrocar al régimen talibán y desarticular a Al Qaeda, y posteriormente con la invasión de Irak en 2003. No obstante, el balance político y económico de más de dos décadas de ocupación militar en Oriente Medio arrojó resultados desfavorables para la estabilidad regional y la posición internacional de Washington.
El embajador Pineda enfatiza la lección histórica que dejó la retirada de las tropas estadounidenses de Afganistán y el posterior retorno de los talibanes al poder. Para el diplomático, el conflicto demostró que la superioridad militar y la ocupación prolongada son incapaces de imponer modelos políticos en sociedades con estructuras socio-culturales complejas. «Es una lección para las potencias occidentales de que no basta con declarar una guerra y ocupar un país. Ahí estuvo Rusia casi diez años ocupándola y no pudieron cambiar el sistema. Estados Unidos vino a ocuparla y tampoco lo pudo cambiar», reflexiona Pineda sobre los límites del uso de la fuerza.
En este complejo tablero, el analista internacional resalta cómo el pragmatismo diplomático terminó reconfigurando las alianzas y la percepción de los antiguos adversarios. Muestra de ello es la evolución de los conflictos en la región, donde actores y facciones que en su momento estuvieron alineados ideológicamente con Al Qaeda terminaron mutando sus roles. «Hoy vemos situaciones complejas en países como Siria, donde dirigentes y grupos que en sus orígenes formaron parte o estuvieron vinculados a las filas de Al Qaeda, con el tiempo pasaron a relacionarse y coordinarse de otra manera con Estados Unidos y las potencias occidentales en función de intereses geopolíticos coyunturales«, analiza Pineda. Este fenómeno evidencia que las fronteras éticas e ideológicas fijadas el 11 de septiembre han dado paso a un pragmatismo dinámico según las conveniencias del momento.
Paralelamente, la concentración de Occidente en la lucha contra el terrorismo creó un enorme punto ciego en la diplomacia global. Mientras la infraestructura militar y financiera de Washington permanecía concentrada en los conflictos de Irak y Afganistán, otros actores internacionales aprovecharon el vacío para expandir su influencia económica y geopolítica.
Lucía Galeno señala que este enfoque exclusivo afectó las relaciones con socios tradicionales y significó un descuido de regiones clave como América Latina y África. «La presencia estadounidense constante en el Medio Oriente abandonó otras regiones estratégicas claves desde el punto de vista geopolítico. Mientras ellos hacían eso en el Medio Oriente, los chinos se metían en todo el mundo haciendo inversiones en todas partes, por ejemplo en Venezuela, y los mismos rusos», analiza la docente de la UCV. La atención casi monopólica a la amenaza terrorista, asegura, facilitó el tránsito acelerado hacia una multipolaridad donde diversas potencias compiten hoy por esferas de influencia.
Las nuevas urgencias del siglo XXI
A más de dos décadas de la caída de las Torres Gemelas, el terrorismo no ha desaparecido, pero ha mutado y ha dejado de ocupar el primer lugar en la agenda de urgencias internacionales.
Galeno reflexiona que el terrorismo se ha convertido en una variable constante dentro de los esquemas de seguridad del Estado, pero el foco geopolítico se ha desplazado hacia nuevos desafíos de carácter global. «Para mí el terrorismo ya es como uno de esos puntos constantes en lo que es la necesidad de atender para mantener la seguridad. Sin embargo, no creo que esté en los primeros lugares de las agendas globales», afirma la especialista, señalando que temas como las tensiones financieras, el comercio internacional y los flujos migratorios han tomado la delantera. «El tema de la migración es inmediato, tanto que es parte de la agenda de Trump y hoy en día también de los europeos que están viendo cómo echan para atrás la política de gran apertura hacia la migración», añade Galeno.
Asimismo, los riesgos asociados al desarrollo tecnológico y la competencia entre superpotencias imponen retos inéditos para la estabilidad internacional. El embajador Pineda advierte sobre la vulnerabilidad del escenario actual en comparación con las herramientas utilizadas en 2001. «Aunque en el caso de las Torres Gemelas todavía no estaba la inteligencia artificial ni la robótica, nos indica que si sin robótica ni inteligencia artificial pudo pasar ese acto terrorista, hoy en día con tantas técnicas sería mucho más grave», destaca Pineda, recordando la vigencia de las amenazas nucleares y biológicas en el panorama contemporáneo.
Tanto Lucía Galeno como Julio César Pineda coinciden en que la principal enseñanza que dejó el 11 de septiembre es la insuficiencia de la fuerza militar desmedida como único pilar de la política internacional. En un mundo interconectado y amenazado por el concepto de la destrucción mutua asegurada, donde Pineda advierte que un conflicto a gran escala entre potencias dejaría «prácticamente el fin de todo», la preservación de la estabilidad global exige el rescate de la diplomacia, la convivencia multipolar, el respeto al derecho internacional y una educación orientada a la resolución pacífica de los conflictos.
Tensión en el 25° aniversario del 11-S
La ciudad de Nueva York se alistó para conmemorar el 25° aniversario de los atentados del 11 de septiembre en el World Trade Center, un acto centrado en rendir homenaje a las casi 3.000 víctimas y a los cuerpos de rescate. Como todos los años, el homenaje reúne a distintas personalidades de la política nacional, entre ellas los expresidentes Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama, además de familiares y sobrevivientes encargados de la lectura pública de los nombres de los fallecidos. Sin embargo, la antesala de este hito histórico queda marcada por una intensa tensión política en torno a la representación institucional.
Tras 25 años del atentado terrorista, la alcaldía de la denominada capital del mundo es asumida por el musulmán, Zohran Mamdani, quien confirmó su participación en el homenaje. Su presencia despertó un amplio rechazo entre sectores conservadores y grupos de familiares de las víctimas. Una petición en línea exigió su exclusión de las ceremonias oficiales y superó las 100.000 firmas, impulsada además por posturas de líderes republicanos del estado como el exalcalde Rudy Giuliani y el exgobernador George Pataki. Quienes cuestionan su presencia argumentan que sus pasadas declaraciones, alianzas políticas y posturas sobre política exterior no resultan acordes con la solemnidad ni con los valores de la conmemoración.
El presidente Donald Trump confirmó que no asistirá al homenaje en Nueva York, pero sí acudirá al Pentágono para recordar a las víctimas de los ataques. A la Zona Cero acudirá el vicepresidente JD Vance.
10-09-2026
https://www.elnacional.com/2026/09/11-septiembre-25-anos-geopolitica-seguridad-mundial/



