El adultocentrismo, un muro que excluye a los jóvenes de la vida local

Por: Angélica Villamizar…

En pleno siglo XXI, cuando se habla de inclusión y participación ciudadana, persiste una contradicción flagrante; mientras se promueve la integración de los jóvenes en la vida pública, existe una visión adultocéntrica que margina, subestima y excluye sistemáticamente a las nuevas generaciones. Esta es una barrera que limita el desarrollo democrático de nuestras comunidades y desperdicia el potencial transformador de la juventud.

Se entiende por adultocentrismo, la visión del mundo que prioriza las perspectivas, necesidades y experiencias de los adultos sobre las de los niños, niñas y adolescentes. Se manifiesta como una forma de poder y control donde los adultos toman decisiones, establecen normas y tienen mayor influencia en la sociedad, a menudo sin considerar las opiniones y necesidades de las generaciones más jóvenes.

En nuestras comunidades se repite un patrón preocupante; las decisiones sobre espacios públicos, programas culturales, inversión en educación o políticas de empleo juvenil se toman prácticamente, sin la participación real de los principales afectados, los jóvenes. Se escucha su voz solo como formalidad, pero al momento de decidir, prevalece el «ustedes no entienden cómo funcionan las cosas» o el «ya tendrán su oportunidad cuando maduren».

Cuando una comunidad cierra las puertas a sus jóvenes, los efectos son profundos. Se genera una fuga de talentos, es decir, los más capacitados emigran a ciudades o países donde sientan que su voz vale. Lamentablemente, vemos cómo generaciones enteras crecen sin sentido de pertenencia hacia su territorio, debilitando el tejido social.

Problemas locales como por ejemplo, el desempleo juvenil o la falta de espacios culturales podrían tener soluciones creativas si se incorporara la mirada joven y por supuesto, si sus ideas fueran realmente consideradas en la toma de decisiones.

La democracia no puede seguir funcionando como un espacio exclusivo para adultos. La participación juvenil no es un simple gesto de buena voluntad, sino un derecho impostergable y la única vía para asegurar sociedades dinámicas y progresistas. Las comunidades que ignoren las voces de sus jóvenes están destinadas a estancarse, convirtiéndose en meros reflejos de un potencial desperdiciado.

26-06-2025 (136-2025)

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