Por Ricardo R. Contreras…

Como cada año, los Obispos y Arzobispos venezolanos se reunieron, esta vez en la CXIX Asamblea Plenaria Ordinaria del Episcopado, que se desarrolló en Caracas entre el 7 y el 12 de enero de 2023, y donde estudiaron a la luz del Evangelio la grave situación nacional. Como fruto de esta intensa jornada de trabajo aprobaron la correspondiente Exhortación pastoral (Exh. past.), un documento donde exponen el diagnóstico de la realidad del país y, adicionalmente, cumpliendo con su deber de pastores, manifestaron sus inquietudes, como lo vienen haciendo desde hace varios lustros, señalando un camino que pueda contribuir a salvar los obstáculos que han conducido la nación a una de sus mayores crisis históricas.

La Exhortación pastoral de 2023 tomó como punto de partida el episodio recogido en el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 3,1-11), donde el apóstol Pedro le da fuerzas a un paralítico y obra en nombre de Cristo el milagro, pues “y tomándolo de la mano derecha lo levantó. De inmediato se le robustecieron los pies y tobillos”, y finalmente, “se levantó de un salto, comenzó a caminar y entró con ellos en el templo” (Hch 3,7-8a). El episodio escogido no podía ser mejor, Pedro, el primero en el grupo de los apóstoles, investido de autoridad por el propio Jesús, miró la desesperanza, el dolor y el sufrimiento del paralítico y no le ofreció “ni plata, ni oro”, sino aquello de lo cual dispone: “pero lo que tengo te lo doy: en nombre de Jesucristo, levántate y camina” (Hch 3,6).

Los Obispos y Arzobispos, en este reflexivo documento, le ofrecen al pueblo venezolano lo que tienen, por un lado la sabiduría y experiencia que deriva de su ministerio episcopal y, por otra parte, el profundo conocimiento que tienen del país, pues hasta en el más apartado rincón del territorio existe una capilla donde un sacerdote, religioso, religiosa o agente de pastoral, atiende diligentemente una comunidad, y trasmite a su obispo las inquietudes, anhelos y necesidades de su pueblo.

En el documento, los Obispos comienzan por manifestar sus sentimientos: “Queremos hacerles llegar un mensaje cercano y fraterno, iluminado por la Palabra de Dios, que busca dar respuesta a esta realidad que estamos “padeciendo” junto con ustedes, pues nosotros también somos parte de este pueblo; fuimos elegidos como sus servidores”. Luego de esta declaración inicial, pasan a reiterar que existe una imperiosa e ineludible necesidad de “reconstrucción material, moral y espiritual, económica, política, ético-cultural” (Exh. past. Nº 2), puesto que se requiere con urgencia que el país sea una realidad factible que haga posible a todos vivir a plenitud su ‘ciudadanía’.

Y entiéndase aquí ciudadanía, no solo como los derechos adquiridos por formar parte de un pueblo dentro de un espacio geográfico definido, sino algo mucho más amplio, se trata de las cualidades que le permiten a un individuo ejercer dentro de la sociedad un papel proactivo en lo político, social, económico y cultural. La ciudadanía es una ‘institución’ que habilita a la persona al ejercicio pleno de sus derechos y comporta deberes y corresponsabilidades respecto al Estado y de cara al país que le permite ser ciudadano.

Es importante recordar que en 1811, cuando se dieron los pasos decisivos para hacer viable el proyecto de una nación soberana e independiente, los padres de la primera constitución de Venezuela estaban convencidos de que la argamasa que serviría para unir a venezolanos de distintos orígenes étnicos y con diverso nivel de actuación en el proceso de construcción de la nueva república, sería el concepto de ciudadanía. La ciudadanía compartida en común y en igualdad de condiciones por todos aquellos que nacieron o que adoptaron como propia esta tierra bendecida por Dios, permitiría buscar los elementos en común y seguir un camino juntos, algo que el propio Simón Bolívar entendió perfectamente desde el mismo momento en que asumió el liderazgo del movimiento independentista.

Los Obispos, en su documento, expresan con gran responsabilidad que la actual situación es ‘paralizante’, como era la enfermedad que aquejaba al paralítico del pasaje bíblico. En nuestro caso el evidente deterioro en todos los aspectos de la sociedad muestra “un escenario que pone en entredicho el modelo de gestión que por más de veinte años ha guiado los destinos de la nación”. Ellos describen una nación que se debate entre sectores del país que viven en una suerte de ‘burbuja’ que presenta una bonanza artificial (“capitalismo socialista salvaje”, Exh. past., Nº 3), y una inmensa mayoría que padece los estragos de una crisis humanitaria compleja, lo que terminar por crear una grosera desigualdad.

La situación de la emigración, fue también abordada por los Obispos, quienes, sobre la base de los datos de ACNUR, reconocen que se trata de una diáspora que está “generando la corriente migratoria más grande de América Latina y el Caribe en los últimos 50 años. Un Éxodo, sobre todo de jóvenes, que no se detiene, y empobrece el presente y el futuro del país” (Exh. past., Nº 4). Son muchas las instituciones que a lo largo y ancho del mundo han acogido a los inmigrantes venezolanos, y la Iglesia está agradecida por este esfuerzo, pero es paradójico que el país que recibió a migrantes de tantas naciones, sin hacer distinción de origen o religión, ahora vea a casi un tercio de su población haciendo camino fuera de sus fronteras, en medio de un clima de incertidumbres causado por una fluctuante situación internacional y una pandemia.

Los prelados venezolanos insisten en que el país ha entrado en una especie de “parálisis social”, de la cual no escapa ninguno de los estamentos de la sociedad, esta parálisis tiene características similares a las del paralítico que a las puertas del templo se encontró con Pedro y Juan (Hch 3, 2) “nuestra sociedad está paralizada por la inercia y la resignación, por la desesperanza”, que se suma a muchos otros elementos que se han venido acumulando en las últimas dos décadas. Los Obispos vienen advirtiendo de esta situación, y han insistido en la “búsqueda de una unidad nacional mayor que logre la reinstitucionalización democrática del país” (Exh. past., Nº 6). La tarea no es fácil, pero comienza por una toma de conciencia acerca de las posibilidades que tenemos como nación, desde un principio básico: reconocernos como parte integral de una misma ciudadanía, y por lo tanto “las diferentes fuerzas y partidos deben compartir su responsabilidad con la verdad y la justicia, teniendo siempre en cuenta las exigencias del bien común” (Exh. past., Nº 8).

En opinión de los Obispos, la vía de los ‘consensos’ es la única posibilidad que puede hacer que la sociedad salga del estado de parálisis en que se encuentra, se trataría de un acuerdo macro sobre “las grandes cuestiones de interés nacional” (Exh. past., Nº 9), que son tantas, pero que es necesario atender una a una para comenzar una renovación de los valores de la ciudadanía, que se traducirá en la reconstrucción de la nación. Los purpurados venezolanos siempre han estado en la mejor disposición de acompañar en este camino, y como señalan “junto a nuestro continuo servicio espiritual y pastoral, renovamos el compromiso de continuar los esfuerzos sostenidos en el área de la educación, especialmente de la educación para el trabajo y para el emprendimiento, en las áreas de alimentación y salud” (Exh. past., Nº 14).

Educar para la ciudadanía brota como una necesidad en este proceso de reconstrucción al que llaman los Obispos y Arzobispos de Venezuela, una educación que además de tener su asiento en las instituciones propiamente educativas, involucra a todos los ámbitos de la sociedad, en virtud de que entender y experimentar la ciudadanía en toda la extensión de la palabra, es algo que todos, desde los sectores privados y públicos, y a todo nivel, deben comprender a cabalidad a fin de estar dispuestos a aportar al proceso de refundar la sociedad sobre la base de verdaderos valores humanos y cristianos.

Esperemos que el llamado que hacen los prelados venezolanos desde la Conferencia Episcopal al comenzar este 2023, sea escuchado con generosidad y compartido por todos los venezolanos, a fin de que, desde cada sitio o lugar que ocupan en el entramado social, den su aporte en esa tarea de reconstrucción nacional a la que la Iglesia venezolana nos convoca.

(Leer la Exhortación Pastoral con motivo de la CXIX Asamblea Plenaria Ordinaria del Episcopado Venezolano)

(Descargar en formato PDF la Exhortación Pastoral con motivo de la CXIX Asamblea Plenaria Ordinaria del Episcopado Venezolano)