El Big Ben Deportivo: ¿A que no me reconoces?… No me reconozco 

Por: Andrés E. Mora…  

¿A que no me reconoces? era el acertijo que dejaban flotando en el aire las famosas «negritas» del carnaval caraqueño en las recordadas comparsas y desfiles de carrozas que, entre la década de los 50 y los 70 del siglo pasado, recorrieron las principales avenidas de la capital venezolana durante las festividades del «rey Momo». Interrogante que estas pintorescas y enigmáticas mujeres repetían con insistencia – una y otra vez – hasta hacerse de la pareja a la cual «le habían puesto el ojo» en los «saraos» – memorables, según testigos – que clubes y hoteles organizaban con las orquestas «top» del momento – la Billo`s, entre ellas – y que tenían al Hotel Ávila, la espaciosa y confortable edificación ubicada en San Bernardino al pie de la icónica montaña a la que le debe su nombre, como punto de referencia de las «guapachosas» fechas «carnestolendas».

Las «negritas», por lo general, eran damas tímidas y recatadas que se aprovechaban del anonimato que le confería el disfraz – “que consistía en una malla negra o mono enterizo negro y otra malla negra que tapaba su rostro, a la cual le dejaban sólo agujeros para los ojos, los orificios nasales y la boca”, según reseñan cronistas de entonces – para que, dejando a un lado la inhibición social, propia de sus personalidades recatadas y pudorosas, disfrutasen de las llamativas festividades.

Sin embargo, hay que señalarlo, este popular atuendo fue usado, también, como ardid, treta o engaño por algunas féminas desconfiadas. Más de un novio o marido se llevó un susto al enterarse de que la «negrita» con la que habían bailado toda la noche era su novia o esposa. Muchos de ellos, relatan veteranos de esas vivencias, tuvieron que justificar su inusual caballerosidad y galantería para con la desconocida «negrita» con aquello de que “Pero, mi amor… ¡si todo el tiempo supe que eras tú!”.

De «negrita», entonces, ha disfrazado el régimen usurpador al coronavirus con la intención de «meter gato por liebre» a través de la implementación del fulano “plan 7+7”, el cual es bien sabido que no posee basamento científico alguno que lo sustente. Con eso de “la semana de flexibilización” – que más parece un acuerdo contractual firmado entre la «Peste» y la pandemia, planteamiento que a cualquier desprevenido no le parecería descabellado por aquello de que “¡ellos son plagas y se entienden!” – los ilegítimos han vendido la idea, pésima, por demás, hasta criminal, diríamos, de tener controlado al peligroso e imprevisible «visitante asiático».

Lo anterior ha inducido, y lo indujo una vez más en los días «carnavalescos», a que muchas personas – ya sea por afinidad política con el régimen, o producto de la hegemonía comunicacional, o por estupidez, ignorancia, o irresponsabilidad, o por una combinación de algunas de estas razones o por la de todas ellas, y aprovechando la extensión de la «semana de flexibilización» hasta el miércoles 17-F, que luego sería extendida hasta el domingo 21 – abarrotaran las playas en diferentes regiones del país llevando consigo los infaltables implementos playeros, aunque dejando en casa el «tapabocas» y el «distanciamiento social».

Igual laxitud con las medidas de bioseguridad pudo ser observada en las imágenes que, tanto portales de noticias como las redes sociales, mostraron de un bulevar de Sabana Grande a reventar, con una muchedumbre celebrando el martes de carnaval. Ante las circunstancias que rodearon a ambas casos, no sería de extrañar que, lamentablemente, la Covid-19 sorprenda a algunos de los que participaron de estas multitudes con aquello de ¿a que no me reconoces?

De hecho, las dos situaciones aquí referidas nos trajeron a la memoria aquel «amanecer gaitero» realizado por la Alcaldía de Campo Elías en Ejido, estado Mérida, dentro de los actos proselitistas de la farsa del 6-D. A los pocos días, el oportunista coronavirus se «haría presente en el marcador», aprovechándose de los graves errores cometidos por la defensa contraria, léase descuidados asistentes, tal cual como hizo el Manchester City en su más reciente visita a Anfield Road y el Porto contra la Juventus hace un puñado de días, el miércoles 17-F.

¿A que no me reconoces?, pareciese que fue la interrogante que Kylian Mbappé, a manera de desafío, le lanzase a Ronald Koeman desde el mismísimo arranque del juego de ida de los octavos de final de la Champions League entre Barcelona y PSG. Y es que el DT del club catalán no logró descifrar, al igual que ninguno de sus dirigidos, a la joven estrella francesa quien, con su «hat trick», encabezó «el baile» que el equipo parisino – sin necesidad de orquestas, grupos o bandas musicales, e inclusive, sin público en el auditorio – le dio el martes de carnaval a la oncena «blaugrana» en su visita al Camp Nou. 

“¿A que no me reconoces?”, seguramente sería la pregunta retadora que cualquier persona mayor de 65 años y cualquier individuo vulnerable le harían a las 100.000 dosis de la Sputnik V que llegaron el sábado de la semana pasada al país.

“Efectivamente, no los reconozco”, contestaría sin vacilar la vacuna rusa ya que ella se encuentra destinada al personal sanitario, como debe ser, pero, también, a otro «personal prioritario» como lo es el de seguridad, tanto policial como militar – los primeros para que continúen con su «matraqueo» en las alcabalas que montan durante las «semanas radicales», y los segundos para que no detengan sus prósperos negocios nacidos de la obscena alianza cívico-militar – así como además lo son los diputados de la ilegítima AN y otras autoridades “que por su trabajo de calle justifican (…) su protección especial para que el Estado continúe su marcha”… hacia atrás.

“No me reconozco”, indudablemente diría Venezuela al verse en un espejo después de 22 años de pesadilla roja-rojita   

aemora@gmail.com, @amoramarquez

20-02-2021