Por: Andrés E. Mora M…
El usurpador, erigiéndose como vocero de la LVBP – quizás ejerciendo como tal porque en su primitivismo autoritario, ese que lo condujo a la «Ley Antibloqueo», engendrada en las entrañas mismas del totalitarismo en donde Constitución ¡NO HAY!, conciba que con sólo una instrucción suya como Emperador que se cree, la «pelota» en Venezuela va a comenzar – declaró el pasado domingo 1-N: «Me dicen que ya está confirmado que la Liga Venezolana de Béisbol arranca el 15 de noviembre».
Sin embargo, Ignacio Serrano, el siempre bien informado y acucioso periodista de El Nacional, en su estupenda columna El Emergente del martes 3-N, reseñó: «La fecha del 15 de noviembre, que se manejó hasta septiembre, está fuera de alcance, según toda apariencia, debido a que ni siquiera han comenzado los entrenamientos de pretemporada y estos nunca han tomado menos de tres semanas». Punto de vista que coincidió con la opinión expresada por Francisco Buttó – el legendario «cerrojo» que «hizo de las suyas» lanzando para los Tigres de «Buddy» Bailey consiguiendo 86 de los 88 «salvamentos» que lo ubican segundo en la lista de todos los tiempos, actual ficha de los Tiburones y miembro de la nueva Asociación de Peloteros en el beisbol invernal de Venezuela – quien dijo, «El tiempo anunciado es poco tiempo. Para iniciar el 15, ya tendríamos que haber iniciado los entrenamientos.»
De tal manera que todo parece indicar que la afirmación del «custodio de Miraflores» es tan falsa, como falsos son los cargos – «made in Jorgito», por supuesto – que le imputan al periodista y dirigente de Voluntad Popular Roland Carreño. Como falsos han sido, igualmente, los anuncios que año tras año en época decembrina, o próxima a ella, el susodicho ha hecho desde el 2014 y en los que ha repetido, como LP «rayado», que «el próximo año será el del relanzamiento de la economía venezolana».
Informaría adicionalmente ese domingo, el ahora también usurpador de la vocería beisbolística que los partidos se podrían realizar con 30% de aforo. «Todo siempre con bioseguridad, con bioseguridad todo es posible, les dejo esa idea para que la hagan viable», agregó con el cinismo de siempre, ese tan propio de él, a sabiendas que ha sido, precisamente, la no dotación de bioseguridad que el Estado tiene por obligación proveer a su personal de salud, la razón fundamental de los 224 fallecidos de este sector para el 2-N, fecha del último reporte semanal emitido por la ONG Médicos Unidos Venezuela para el momento de hacer esta nota. Reportes éstos que se basan en criterios clínicos, epidemiológicos, de radiodiagnóstico y de laboratorio (PR/RT-PCR) al día, de acuerdo a lo que @MedicosUnidosVe señala como nota en cada tabla que publica y en las que hacen la salvedad de que no necesariamente los nombres publicados por ellos estén incluidos en los reportes de los voceros oficiales
Pero si en Venezuela hablamos de 224, a nivel mundial al menos 7.000 trabajadores de la salud habrían muerto tras enfermar por Covid-19, según trabajo publicado por Amnistía Internacional el 3 de septiembre. México, con 1.320 víctimas fatales, sería el país más afectado, seguido por Estados Unidos (1.077) y Brasil (634). Empero, las cifras absolutas, como es bien sabido, no es mucho lo que dicen. De ahí que las transformáramos en el número de trabajadores del sector salud fallecidos por millón de habitantes, un índice que nos permitirá comparar estos tres países con el nuestro. Para ello utilizamos la población que de cada país, y del mundo, publicó en el 2019 el Banco Mundial sobre datos de 2018.
Una vez hecho esto, se pudo determinar que el número de trabajadores del sector salud fallecidos por millón de habitantes en el mundo estuvo en torno al 0, 92 para finales de agosto. El de México se ubicó en 10,46; Estados Unidos registró 3,29 y Brasil 3,03 para esa fecha. En Venezuela estuvo promediando 7,76 el 2-N. Hay que hacer la salvedad que si a la población venezolana reportada por el Banco Mundial (28.870.195) se le resta los 4.5 millones que, siendo conservador, se estima tenga la diáspora, el índice incrementa a 9,19. Si bien es cierto que los cuatro países se encuentran muy por encima de lo que se puede considerar sea el promedio mundial, lo de México y Venezuela evidencia un estruendoso fracaso en la política de Estado para proteger al abnegado personal que intentan salvar la vida de los pacientes contagiados con el coronavirus.
Pero los chascos no paran allí. Al calcular el porcentaje del personal de salud fallecido respecto al total de víctimas fatales, se encuentra una vergonzosa singularidad en el caso venezolano debido, muy probablemente, al subregistro de casos, y por ende de muertos, alertado por la Academia de las Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales en sus dos informes. Así pues, mientras en el mundo ese porcentaje se encuentra alrededor del 0,77, rondando el 0,94 en México, el 0,46 en Estados Unidos y 0,45 en Brasil, en Venezuela se encontraba en un absurdo 27,8% para el 2-N, producto de los 224 trabajadores de la salud fallecidos de los 806 totalizados en los reportes oficiales. No obstante, si estimamos que ese porcentaje en Venezuela sea de aproximadamente 2% – 2,6 veces el promedio mundial, dado la Emergencia Humanitaria Compleja que atraviesa el país – el número de fallecidos estaría alrededor de 11.200. Cifra que no debe estar muy alejada de la realidad.
Es incuestionable, entonces, el rotundo fracaso de la política sanitaria del régimen usurpador para enfrentar a la Covid-19. La causa es trivial, el usurpador «pelota» nunca le ha parado al sector salud, ni a los muertos que esa actitud genere. Él solamente «pelota» le para a elecciones. Por eso «botó la casa por la ventana» comprando máquinas electorales y «bajándose de la mula» con «mesita» y «alacranes» para el 6D.
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