Por Andrés E. Mora M…
Érase una vez, hace muchos años, un lugar del mundo que llevaba por nombre Belén, sería elegido el sitio desde donde emanaría el llanto del bebe, que al nacer, cambiaría la historia de la humanidad…
Sucedería aquello en el preciso instante que finalizaba el vigésimo cuarto día del mes doce del año, para darle paso, inexorablemente, al vigésimo quinto, cuando las estrellas en el firmamento decidieron imponer su brillo, encendido y titilante, sin que dejase rastro la obscura noche que por la huida optó. Así pues, la magia del primer llanto del niño que en un humilde potrero yacía, de las suyas hacía.
La gracia de aquel acto que iluminó tan profunda oscuridad, propia de los cuatro días apenas transcurridos luego del solsticio de invierno, dio a entender que la criatura que recién llegaba al mundo era un ser especial. Tal acontecimiento «por debajo de la mesa no pasaría» y la humanidad, del nacimiento del Niño Dios se enteraría. Entretanto, un grato rumor convertido en aguinaldo – siglos después, con letra de Isabel Herrera Fernández y música de Luis Morales Bance – inundaría cada rincón de aquel pequeño paraje:
Si la virgen fuera Andina / y San José de los llanos / El niño Jesús sería / un niño Venezolano
Así las cosas, con la propagación a los sitios más recónditos del modesto poblado del rumor convertido en alegre aguinaldo, ya no existiría duda, entre los lugareños, que la Virgen era andina, San José de los llanos y el niño Jesús, un niño venezolano.
Sería un niño de alpargatas / liquiliqui plancha’o / de un sombrero de cogollo / y el calzón arremanga’o
Cantaban al unísono un par de emocionadas jóvenes y talentosas atletas, Yulimar y Lisbeli, quienes compartían una agradable tertulia en la que, como anécdota, saldría a relucir una destartalada pista, que alguna vez habría sido de atletismo, en la que aún entrenaba la segunda, velocista de altos quilates y condiciones excepcionales. Ambas formaban parte de una delegación del país cuyo gentilicio, de acuerdo al rumor hecho aguinaldo, parecía tener en común con el niño recién nacido, y que arribaría a Belén con el propósito de compartir el pesebre con el «Niño criollo», como ellos lo apodarían, llevando consigo las medallas ganadas ese año como ofrendas para él. Preseas que pocas no fueron, a pesar del apoyo prácticamente inexistente del déspota de entonces que – desde ese diciembre, nunca se supo porque, aunque se habría especulado que la «llegada de Pacheco» lo afectó – se haría llamar «el mochilero».
Yulimar llevaba, colgada en su cuello, la medalla de oro ganada en los Juegos Olímpicos de ese año con un impresionante salto triple, récord olímpico y mundial, adosado a ella. Por su parte, Lisbeli, quien se convirtió en la primera persona nacida en su país en obtener tres medallas en unos mismos Juegos Paralímpicos, lució sus tres preseas – dos áureas, en los 100 m y 200 m, y la de plata en los 400 m – obtenidas en la clase T47 del atletismo modificado en la magna cita del paralimpismo mundial. Junto a ellas estarían, con las radiantes sonrisas que impactaron la que sería la capital del orbe por esos días, las hermanas Linda y Alejandra Paola, la primera ganadora del oro en los 100 m clase T11, y la segunda del bronce en la clase T12, y el corajudo Luis Felipe, quien se llevó la de plata en los 400 m clase T20.
Detrás, la delegación de halterofilia integrada por Julio, Keydomar y Clara. Los caballeros, ganadores de la medalla de plata en los JJ.OO, en los -73 Kg y -93 Kg, respectivamente, con Keydomar, ganando también, bronce en el mundial, y la batalladora dama, ganadora de la medalla de bronce en los Juegos Paralímpicos en la categoría de -41 Kg del levantamiento de potencia adaptado. El trío, perfectamente afinado, entonaría, lo que a la postre sería, la segunda estrofa del que, muchos siglos después, se convertiría en una de las piezas de aguinaldo más populares de esa nación:
Tendría los ojos negritos / quién sabe si aguarapaos / y la cara tostadita / del sol de por estos la’os
Otros tres deportistas venían enseguida. El carismático Daniel, medalla de plata en la modalidad de «free Style» de la BMX en los más recientes Juegos Olímpicos, haciendo piruetas en su bicicleta con la sonrisa «de oreja a oreja», acompañado de sus dos paisanos multimedallistas en los I Juegos Panamericanos Junior, la sirenita María Victoria y José Carlos, ella ganadora de una de oro, una de plata y dos de bronce en natacón y él de dos de bronce en patinaje de velocidad. Por supuesto, no se hicieron rogar y cantaron una improvisada nueva esrofa, la tercera que se incorporaría, en un futuro lejano, al rumor hecho aguinaldo:
Por cuna tendría un chinchorro / chiquito muy bien teji’o / y la virgen mecería / al niño Jesús dormi’o
Los flamantes campeones mundiales de beisbol sub-23, encabezado por Carlos, su manager, no dudaron en emular una coral, y con sus dotes en el contrapunteo, lanzaron una nueva estrofa, la cuarta:
Él crecería en la montaña / cabalgaría por el llano / cantándole a los esteros / con su cuatrico en la mano
El resto de la delegación, liderada por Antonio, un karateca fuera de serie, e integrada por los 8 ganadores de diplomas olímpicos, los 17 de diplomas paralímpicos y los otros 34 medallistas de los I juegos Panamericanos Junior, cantaban con bríos el rumor hecho aguinaldo:
Si la virgen fuera Andina / y San José de los llanos / El niño Jesús sería / un niño Venezolano
«La Navidad es el camino de la reconciliación, la paz, la alegría y la esperanza. El pesebre manifiesta, para los católicos, el deseo de encontrarnos con nuestros hermanos», Conferencia Episcopal Venezolana.
FELIZ NAVIDAD VENEZUELA
Prof. Titular jubilado ULA – Cronista deportivo
aemora@gmail.com, @amoramarquez
25-12-202


