Por: Andrés E. Mora M…
Si bien es cierto que los millones de seguidores del “deporte blanco” alrededor del mundo «tienen la mirada puesta» en el O2 Arena de Londres, escenario que alberga la última actuación, por demás, inédita e irrepetible como equipo, del icónico Big four, fastuoso colofón con el que “Su Majestad”, Roger Federer, se despide de los torneos del ATP Tour, no es menos cierto que la convergencia por estos días de los crímenes en los que ha estado involucrado otro cuarteto – uno peligrosísimo, que bien pudiera ser bautizado como el Lethal four por la cantidad de asesinatos que tienen sobre sus espaldas, conformado por jefes de gobiernos, no por casualidad socios o aliados entre ellos, quienes han destruido todo vestigio de derechos humanos en sus respectivos países – no ha pasado inadvertida para buena parte de la humanidad.
De tal manera que no solamente Roger Federer, Rafael Nadal, Novak Djokovic y Andy Murray, los ilustres integrantes del magistral Big four, han acaparado los titulares de la prensa mundial y las tendencias en redes sociales recientemente, sino que el presidente ruso Vladimir Putin; el nicaragüense Daniel Ortega; el iraní Ebrahim Raisi; y el usurpador venezolano, miembros todos de lo que hemos dado por denominar como el Lethal four, también han acaparado lo suyo, pero debido al protagonismo ganado por la inhumanidad que les caracteriza y que todos conocemos. Veamos.
Mientras que al comienzo de la tarde del jueves 22S, día previo al inicio de la quinta edición de la Laver Cup, el periodista argentino Gustavo Goitía publicaba en su cuenta en Twitter, @goitiatenis, el palmarés «de otro mundo» del Big four – 329 títulos, 66 Grand Slam, 116 Masters 1000, 933 semanas como Nro. 1 del mundo y 4.043 victorias –, argumento de peso, y más que suficiente, para pronosticar la quinta victoria en fila del equipo europeo que le permita conservar su invicto ante el equipo del resto del mundo en el torneo organizado por Team 8, la empresa de la que es socio el legendario tenista suizo, apenas horas antes, a media mañana de ese jueves, uno de los portales de noticias en redes sociales, @AlertaMundial, contabilizaba más de 30 muertos y más de 500 detenidos durante las protestas que hasta entonces habían sacudido a Irán a raíz de la muerte, bajo custodia de la policía moral el 16S, de Mahsa Amini, la joven de 22 años arrestada por llevar mal colocado el Hiyab.
Al tiempo que se conocía de la barbarie cometida en contra de la joven iraní – “evento infortunado”, fue lo único que atinó a decir el portavoz del gobierno de Raisi –, el mundo se enteraría, a través del Ministerio de Defensa de Ucrania, que al menos 440 tumbas “sin marcar” habían sido encontradas en un bosque de pinos a las afueras de la ciudad de Izium. “Queremos que el mundo sepa lo que realmente está sucediendo y a qué ha llevado la ocupación rusa. Bucha, Mariúpol, ahora, desafortunadamente, Izium (…) Rusia deja muerte por todas partes. Y debe rendir cuentas por eso”, habría afirmado el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, según nota publicada por BBC News.
«Hay toda una familia justo a mi lado… Esta es una familia joven… el padre nació en 1988, la esposa nació en 1991, su pequeña hija nació en 2016 (…) También observamos el entierro colectivo de militares del ejército ucraniano. La forma en que fueron enterrados; hay evidencia de que tenían las manos atadas y de que fueron asesinados a quemarropa», habría dicho Dmytro Lubinets, comisionado para los Derechos Humanos del parlamento ucraniano, en una declaración en video, de acuerdo a lo reseñado por CNNE.
Entretanto, en Nicaragua, otro de los países secuestrado por el autoritarismo criminal, “la Iglesia Católica ha sido víctima de persecución y hostigamiento por parte de las fuerzas represoras del régimen de Daniel Ortega. ¿La razón? Es la última piedra en el zapato del líder sandinista, quien ha recrudecido estas prácticas en contra de los religiosos desde el año 2018”, así lo afirmaría el periodista nicaragüense Hans Lawrence Ramírez en el Cocuyo Claro y Raspao del 25/08, programa transmitido por YouTube, que reseñaría TalCual el 26 de agosto. Se debe resaltar el hecho de que el régimen Ortega-Murillo mantenga arrestado a varios sacerdotes, entre ellos al obispo de Matagalpa, Rolando Álvarez, y anulado la orden religiosa de las Misioneras de la Caridad, fundada por la Madre Teresa de Calcuta. No olvidemos, asimismo, que al régimen del país centroamericano, al igual que al régimen usurpador venezolano, se le investiga por crímenes de lesa humanidad.
De ahí la importancia de lo que concluyó el más reciente informe de la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU sobre la situación de derechos humanos en Venezuela, presentado el martes 20S: “Las investigaciones de la misión muestran que los actos de violencia documentados no fueron realizados por individuos al azar y desconectados que actuaron solos dentro del SEBIN y la DGCIM. En cambio, la DGCIM y el SEBIN fueron parte de una maquinaria diseñada y desplegada para ejecutar el plan del gobierno para reprimir la disidencia y cimentar su propio control del poder. Este plan fue orquestado al más alto nivel político encabezado por el presidente Nicolás Maduro y apoyado por otras altas autoridades”, suerte de cutter, lanzamiento que inmortalizó al panameño Mariano Rivera, con el cual la presidenta de la Misión, Marta Valiñas, le «cantó el tercer strike» para «ponchar sin tirarle» al régimen venezolano.
Así pues, las tres rectas a las que el usurpador no pudo hacerle swing – las dos primeras lanzadas a más de 100 millas, una con el informe 2020 y la otra con el de 2021 – seguramente servirán de argumentos para renovar la Misión por un período adicional y de insumo de la CPI para la toma de decisiones… ¡Se avizoran nuevos ponches en el horizonte!
Prof. Titular jubilado ULA – Cronista deportivo
aemora@gmail.com, @amoramarquez
24-09-2022



