Por: Valentín Alejandro Ladra
Lo dijo el Papa Francisco hace un par de años: “Que la humanidad debe despertar al servicio de la compasión y ayudar a sus semejantes”.
Pero ¿qué sucede hoy día con el ser humano, rodeado de elementos tecnológicos y electrónicos como nunca antes en la historia de la civilización –considero que esa palabra es mal usada- humana?
En estos días rescaté un video que tenía guardado, “Kundun” dirigido por Martin Scorcese, la vida del Dalai Lama, de cómo durante casi cinco años lamas encargados de descubrir la “reencarnación” del fallecido Dalai Lama XIII anterior, llegaron a un recóndito pueblito en las montañas del Himalaya.
El niño de 5 o 6 años señaló todos los objetos del Dalai Lama fallecido sin titubear, diciendo: “¡esto es mío!”.
Lo llevaron al Potala, el palacio de varios siglos en Lhasa, capital del Tíbet, donde todos los anteriores Dala Lamas estudiaron, crecieron y vivieron como guías y luz espiritual de todos los tibetanos y las diferentes órdenes.
En un momento del film, el joven Dalai Lama, manifiesta en medio de varios monjes: “¡debemos hacer énfasis en el AMOR y la COMPASION a todo el pueblo y especialmente a nosotros mismos!”
Es importante señalar que el Dalai Lama, luego de la invasión china a principios de los años 50, donde incluso él viajó a Pekín como huésped y se reunió con Mao Tse Tung, que al despedirse le dijo: “la religión es el veneno del pueblo”, parafraseando a Karl Marx queriendo convertirlo en un títere, no quería abandonar a su pueblo en el Tíbet, pero todos inclusos ellos y los lamas que lo rodeaban, le aconsejaron irse porque su vida corría gran riesgo.
Ya se conoce el periplo de cómo cruzó las montañas más altas del mundo, el Himalaya, bajo feroz frío y nieve, hasta llegar a la India, donde reside desde entonces en Dharamsala, rodeado de nuevos Gompas –monasterios budistas- parte del Himalaya hindú.
Pero, incluso de haber sido laureado con el Premio Nobel de la Paz, jamás dejó de predicar el amor y especialmente la compasión a todos los seres humanos.
Veamos ahora: ¿cuál es el amor y la compasión que existe entre todos los que viven en Venezuela? ¿Es que el drama y tragedia que hoy se vive en cada rincón del país NO permite tales sentimientos humanos y espirituales? Precisamente es cuando MAS debemos desarrollarlos. La iglesia es la que debería tomar la vanguardia y guiar a todos por igual, sin temor alguno, sin comodidades ni tantos homenajes, porque estos no mitigan los dolores de cada niño, cada madre, cada padre, cada persona que aquí vive.
También los maestros, los profesores, los líderes –supuestos- las familias, los amigos y compañeros, los vecinos de cada pueblo, comarca y ciudad, deberían elevar la antorcha de luz del AMOR y la COMPASION.
Recuerdo cuando era talento en el programa La Otra Cara en Televen Canal 10, entre 1996 y el 2000, casi cinco años, que al finalizar cada programa tenía dos o tres minutos para decir mis pensamientos a la cámara, luego de entrevistas y descubrir el aspecto humano y espiritual de cada personaje, como Facundo Cabral (hicimos un especial de una hora y media), José Feliciano, Ricardo Arjona, Franco de Vita, Gualberto Ibarreto, o Richard Clayderman, Paloma San Basilio, Antonio Canales el bailaor de flamenco, Andy Montañez, Chelique Sarabia, muchísimos personajes y hasta… ¡el Conde Guácharo! Y dos veces Hugo Chavez. En 1996 era simpático y jovial, donde incluso hablamos de OVNIS, sí, eso mismo, y ante las cámaras, hasta en el último programa que vino con su ex esposa María Isabel.
Pero había cambiado por completo. Era otro. Oscuro. Denso. Ya no se reía.
Al final de uno de esos programas di el mensaje sobre el AMOR. Fueron más minutos. La productora era Ana Avalos y con el director me dieron más tiempo. De las cosas que recuerdo haber dicho fueron que “todo el mundo habla del amor, lo balbucea como si fuera un mantra, pero en verdad pocos son los que en verdad lo sienten con su corazón y alma”.
Al terminar el programa el director se me acercó y me estrechó la mano: “tiene toda la razón del mundo, somos una vergüenza”.
¿Y COMPASION? Parece que no existe. Hoy el egoísmo corroe todo sentimiento, y la dureza de corazón permea al ser. ¡Sálvese quien pueda! Es la premisa. Y es precisamente que la compasión, socorrer, ayudar yaliviar a todos los necesitados, debería ser el estandarte de cada persona que habita este bendito país.
Nos hemos olvidado de ser humanos. Y eso que muchos, sino la mayoría, afirman ser “cristianos”. ¡Una verdadera vergüenza! Así jamás saldremos de esta Hecatombe. Amor y Compasión nos salvarán.




