El Caminante: Creatividad periodística en tiempo de crisis

Por: Valentín Alejandro Ladra…

Es indudable que los tiempos y situaciones cambian constantemente en el devenir humano, pero jamás el comunicador, el escritor, debe olvidarse de la creatividad. De los buenos sentimientos del ser.

¿Es la creatividad un don adquirido o con el cuál se nace? Buena pregunta. Para la polémica. ¿Tiene que ver con la educación, el entorno donde se vive, o la inspiración, donde la mente se convierte en una máquina en la cual la imaginación y conciencia adquieren vida propia? Otra buena pregunta.

Albert Einstein dijo cierta vez, algo que posiblemente no guste a muchos, que “la imaginación es más importante que la inteligencia”.

Una bomba de tiempo para comunicadores, sus profesores e intelectuales, pero que indudablemente alegran a los creadores. Por supuesto tiene que haber cierto equilibrio entre imaginación e inteligencia. Eso se llama EVOLUCION EN LA INSPIRACION. Hoy, en nuestro país, existe una verborragia de información comunicacional –más allá de las concebidas mordazas- que tiene aturdida a toda la población, pues la tinta y voz corren lloviendo sobre mojado sin ningún respiro para las vapuleadas palabras.

Todo el mundo sabe lo que sucede. La población necesita urgentemente un respiro, un rayito de sol que dé calorcito a su alma, un camino que eleve su espíritu vapuleado donde las santas divinidades parecen haberse ido de fiesta al otro lado de la galaxia.

A finales del año pasado una buena señora que me encontré bajando de la montaña y campo de Santa Rosa, temprano en la mañana de un lunes cuando me encaminaba a la emisora 107.7 ulafm para grabar mis programas de El Caminante y Descubrimientos, allí por la avenida 3, nos saludamos como buenas personas que viven en Mérida, y ella, un poco triste me dijo: “… todo está muy difícil, voy a tener que rezar más”.

Yo la miré, noté su semblante compungido y le dije: “buena señora, hace ya 20 años que está rezando a diario con su buena fe y espíritu, pero ¿nos han escuchado los ángeles, los santos y todos aquellos que habitan en los prados celestiales? ¿Estamos mejor o peor?”

Me miró con tristeza y cierto desconcierto: “Hay que rezar, tengo fe que todo cambiará”.

¿Qué podría escribir un comunicador, un periodista, cómo describiría este encuentro, de una señora casi vencida por los años donde sólo su fe espiritual la mantiene en pie? ¿Le daría relevancia en plasmar este sentimiento verdadero en la tinta, visión o voz profesional?

Posiblemente pronto olvidaría tal encuentro. Quizá lo tome como una anécdota de las tantas que ocurren casi a diario. Pero es un suceso tan, pero tan humano que ninguna persona sensible puede, incluso debe, dejar pasar de lado y no tener en cuenta su debida importancia.

A nivel humano, en estos dramáticos momentos que se viven, se debe dejar de lado un poco tantas estadísticas informáticas y socorrer, sí, socorrer a todo ser humano que habita esta bendita tierra ensombrecida y agrietada por la maldad y el ciego egoísmo. La iglesia hace lo que santamente puede, pero no es suficiente. Somos los comunicadores de todo nivel profesional, los escritores y periodistas quienes deben iluminar los corazones, sentimientos de todo hombre, mujer y niño que sufren lo indecible.

Pero para ello se debe dejar de lado toda nimiedad. Imaginación y creatividad son las dos antorchas que pueden paliar las tristezas y dolores de la población. ES EL CALOR HUMANO QUE SE DEBE RESCATAR. Y de todos los que tienen la responsabilidad de voz y tinta, abrir la brecha del Bien.

Es una nueva actitud ante las adversidades. Es abrir los corazones humanos, limpiar las mentes obturadas, elevar y liberar sus aprisionadas conciencias. Es esa la responsabilidad comunicacional, por supuesto siempre con el necesario equilibrio de todo lo que acontece. Palabras hay muchas. Todo depende cómo se las utilice en tinta o voz. Altruismo. Abnegación. Espíritu y sentimiento. Elevación y comprensión. Compasión y vida. Hermandad sin pedir nada a cambio.

No somos ni máquinas, ni robots ni androides. Somos seres humanos cuya sangre corre por nuestras venas. Jamás se debe olvidar tan importante realidad desde que se nace en este “extraño e injusto planeta Tierra”, aunque muchos prefieran ignorarlo y vivir una vida ficticia.

La responsabilidad es lo humano. Los sentimientos. El Bien y la bondad. Lo demás es confusión y abandono de las almas.

A recapacitar, pero con urgencia. Los tiempos lo ameritan. Ese es el vuelco positivo que la población requiere. Ahí está el verdadero cambio.

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