El Caminante: Todos somos luciernagas

Por: Valentín Alejandro Ladra…

Después de una noche oscura, sin luna, siempre amanece. Un sol radiante que insufla vida a todos los rincones de la Tierra. En este caso, en noches sin estrellas, nuestra patria querida. Pero he aquí la paradoja: las luciérnagas que alumbran, brillan con luz propia somos todos nosotros, estrellas nacientes descendientes de los emancipadores de América.

Soy descendiente de rusos por parte materna. Mi abuelo Andrés fue oficial cosaco del Zar Romanof. A finales del siglo 19 mis bisabuelos recibieron un baronato, pero los bolcheviques comunistas, en su sed de sangre y poder marxista pasó a cuchillo a la hacienda que poseían en Rusia “creyendo que hacían patria”. Mi familia materna, mi madre con apenas 4 años, tuvieron que huir hacia Dubrovnik y Belgrado en la Serbia de la antigua Yugoslavia, junto con tíos y otros, que luego anclaron en Estados Unidos y por la parte que me corresponde en Argentina.

Es la historia de hoy en Venezuela. Muchísimos jóvenes han buscado, y buscan, mejor vida en otros países, decenas de miles de ellos, con el corazón en la mano y lágrimas en los ojos al abandonar sus seres queridos, huyendo de tiranías, hipocresías, injusticias y el cerco a la libertad.

Pero ahora todos somos nuevas estrellas, luciérnagas que brillan con luz propia, entusiastas y optimistas por recuperar la libertad en el concierto de naciones que avanzan hacia el futuro y no hacia la oscuridad prehistórica, donde los pocos esclavizan a los muchos.

Nuevas luciérnagas han despertado. De la modorra, de  las falsas promesas. Ojos que se abren, y con ello cunde el optimismo. El buen humor es básico para  renovar las esperanzas. Más allá de rezos, bendiciones y pedir a los santos –van 19 años-, veamos y descubramos las letras del Himno Nacional. Allí todo está escrito. No hay para donde agarrar. Palabras como “libertad… muera la opresión… el vil egoísmo…” es el Himno que abre el día de los canales de televisión a las seis de la mañana. ¿Cuántos son los que comprenden sus letras, que entienden su significado? ¿Qué no sólo escuchan su música y canto? Y lo más curioso y sorprendente que es un arma de doble filo para los gobernantes que usan el Himno a cada instante. ¡Es soga para su mismo cuello! Lo único que falta es que compongan otro himno a su medida…

Por eso todos somos luciérnagas, puntos de luz por millones que iluminan hoy día a toda Venezuela. La oscuridad sólo trae tinieblas. Eso bien lo sabía Mahatma Gandhi, encarcelado muchas veces pero que con sus marchas y visión pacífica, seguido por multitudes, liberó a la India del imperio británico después de varios siglos. Luego, el fanatismo lo asesinó. El héroe Mandela pasó muchos años en la cárcel en contra del “Apartheid”  discriminatorio en Sudáfrica, hasta que con su lucha liberó su país. Los ejemplos positivos son numerosos en el mundo en el tiempo y espacio.

Hoy, Venezuela es una sola enorme Luciérnaga que deslumbrará al mundo con su luz. La meditación, donde la mente nutre con la claridad del conocimiento y verdad liberadora hacia todos los rincones del Universo, es uno de los caminos por donde las luciérnagas luminosas de todos los venezolanos, con fe, optimismo y su cálida hermandad, encontrarán la ruta de la paz del presente y eliminará todo sufrimiento.

La paz espiritual interna del ser humano es esencial para el progreso de un país. Con ella se derrota la oscuridad, porque clarifica la inteligencia. Atrae el optimismo. La fe en el Bien y la Verdad son fuentes inspiradoras para cambiar caminos llenos de espinas, que aturden y crean zombis que como hojas llevadas por tempestades están a mercedes de ellas.

Luciérnagas de luz, iluminemos a Venezuela.