El Darién de tapón a autopista

Por: Germán Rodríguez Bustamante…

El Darién es una región selvática y pantanosa entre Colombia y Panamá, se conoce como tapón porque corta la carretera más larga del mundo, la carretera panamericana. Atravesarla supone caminar cerca de 100 kilómetros entre el noreste de Colombia y el suroeste de Panamá. La jungla es una muralla de 575 hectáreas de vegetación densa, llena de peligros que puede convertir el sueño de los migrantes en una verdadera pesadilla. El camino de los desplazados que cruzan el Darién no termina en Panamá. La gran mayoría aspira llegar a Estados Unidos y, para hacerlo, siguen su camino por Costa Rica, Nicaragua, Honduras, Guatemala y México. A partir del año 2.018 la ruta comenzó su tránsito, sin embargo, en la medida que los controles de visado se hicieron más duros, los caminantes crecieron abruptamente, sobre todo en los últimos dos años, convirtiendo la selva en una carretera de alto trafico peatonal.

La accidentada ruta se ha vuelto cada vez más rápida y organizada de transitar por los grupos que han encontrado en la migración un negocio que mueve millones de dólares, de acuerdo con las autoridades y los propios aventureros, les cobran por cada cosa que se necesita para sortear la jungla. Lo que antes tomaba una semana de recorrido, ahora hay quienes lo hacen en dos o tres días, según los relatos de los migrantes. Cruzar el Darién no es garantía de ingreso a Panamá, si bien organizaciones de derechos humanos llaman a las autoridades a proteger a migrantes en tránsito, la deportación es una posibilidad para quienes migran de manera irregular por el tapón del Darién. Lo cierto es quienes logran sortear el desafío, reportan la desaparición o muerte de un familiar en el tránsito, algunos tienen la dicha de poder despedirlos y darle sepultura, otros quedan en una urna selvática abandonados, como un tímido recuerdo familiar.     

Sobran los testimonios de migrantes que contratan a guías, que conocen las vías para transitar y llegar hasta la frontera panameña. Algunos de ellos dejan varados a los migrantes en algún punto o les dan indicaciones que terminan siendo falsas, como que aguarden en determinado punto por una lancha u otro guía que nunca llegan. A las personas dedicadas al tráfico de personas en el Darién, se les conoce coloquialmente como chilingueros. La realidad es concluyente, a pesar, de los peligros y riesgos las personas están dispuestas a asumirlos, teniendo en mente que lo vivían en sus países de origen. Muchas de esas condiciones de vida pueden ser peores, a las recreaciones presentadas en variados documentales sobre el cruce del Darién.

Esta semana una abrupta crecida de los ríos a inicios de la misma detuvo momentáneamente el paso de los migrantes en medio de la selva. Pero cuando las aguas comenzaron a bajar, los grupos de extranjeros, entre ellos mujeres embarazadas y hombres con niños sobre el hombro, emergieron el miércoles por la tarde de la jungla, avanzaron con agua a la cintura por el río Tuquesa en el último tramo para llegar a una aldea indígena llamada Bajo Chiquito. Es un flujo incesante de migrantes que llegan desde Sudamérica camino hacia Estados Unidos y atraviesan el peligroso recorrido. Ya ha alcanzado cifras históricas y podría cerrar el año con medio millón de desplazamientos.

El pacto mundial sobre los refugiados crea mecanismos para garantizar que tanto las personas refugiadas, como las comunidades de acogida puedan beneficiarse del apoyo. El foro mundial sobre los refugiados es uno de los mecanismos principales, pues en él convergen los Estados y otros agentes, cada cuatro años, no solo para compartir buenas prácticas, sino también para brindar apoyo financiero y conocimiento técnico, así como aportar cambios en política pública, con el propósito de alcanzar los objetivos del pacto. Estas contribuciones son esenciales para que las aspiraciones se traduzcan en cambios positivos en la vida de las personas refugiadas. Los objetivos fundamentales son: liberar la presión sobre los países de acogida; potenciar las oportunidades para que las personas refugiadas alcancen la autosuficiencia; ampliar el acceso de las personas refugiadas a soluciones en terceros países, como el reasentamiento y otras vías; y trabajar en los países de origen para que las personas refugiadas puedan volver a ellos en condiciones dignas y seguras. 

Los venezolanos representan cerca del 60 % de las personas que en el año 2.023 intentan la aventura del Darién, hecho que corrobora los escenarios de exterminio impuestos por la coalición dominante que gobierna el país. A pesar de los esfuerzos que hace ACNUR y otras organizaciones el flujo migratorio mantendrá su ritmo convirtiendo el tapón en una gran autopista, mientras las condiciones económicas, sociales y políticas se mantengan en Venezuela. Los ciudadanos buscaran como aliviar los padecimientos, explorando rutas y medios incluyendo la aventura extrema del Darién.           

Los relatos de venezolanos son aterradores, jamás nadie pudo imaginar que ciudadanos de un país modelo de democracia, libertad y crecimiento económico, tengan que vivir situaciones tan delicadas, sin garantía que el sueño americano se haga realidad. Los anuncios realizados por la administración Biden dejan a muchos abandonados, haciendo el camino del Darién en una vacación recreativa, si son deportados nuevamente a Venezuela. Regresar al suelo patrio no es una recompensa para los migrantes que puedan ser deportados, por el contario es una acción criminal que los coloca en unos mayores riesgos, al estar bajo la lupa y el control total del régimen, utilizados como fichas en un juego político macabro.    

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09-10-2023