Por Germán Rodríguez Bustamante…
En 1.991, Danny DeVito en la película Other People’s Money interpreta a Larry el liquidador, un individuo sin escrúpulos que adora el dinero, es conocido en Wall Street por su habilidad para apoderarse de empresas de otros. La comedia relata las peripecias de este mañoso personaje, que no le importa los esfuerzos y sacrificios realizados por inversionistas tradicionales, quienes ante las evidencias financieras presentadas por él, sucumben y entregan la empresa para evitar pérdidas mayores en el futuro.
En la política también actúan personajes habilidosos para hacerse de recursos de otros para uso particular. Tristemente no son dinero de otros en específico, sino recursos de todos los demás, en consecuencia, su despilfarro, malversación y robo compromete el futuro de muchas personas. Las relaciones entre el dinero y la política son muy complejas, ya que corresponden a los vínculos entre las normas oficiales y oficiosas de los ámbitos económicos y políticos. Las normas oficiales son las reglas de juego que se encuentran en las leyes y decretos, y las oficiosas son las que se desarrollan a partir de prácticas concretas de los actores. Puede ocurrir que los políticos y satélites acumulen dinero público o privado, para intentar crear o consolidar un monopolio que produzca: en lo político poca competencia y esto derive en resultados electorales favorables, y los satélites poca competencia económica que genere beneficios financieros atractivos. En muchos caos las vinculaciones entre los políticos y los satélites es tan estrecha que se confunden en su rol.
En Venezuela esa simbiosis en perfecta, produciendo niveles inferiores de bienestar, desigualdad en crecimiento y pobreza extrema. El saqueo de fondos públicos por estos insaciables liquidadores, impulsan una mayor polarización social, presupuestos públicos limitados y poco controlados, y más transferencias fuera del presupuesto. Con el dinero de la gran mayoría se hacen operaciones discrecionales, personalizadas y opacas. Construir una nueva casta económica es muy fácil cuando el poder político controla todo, hasta la forma como se asalta y distribuye el erario público.
Larry el liquidador utiliza sus habilidades financieras para convencer que él, a pesar de su insaciable codicia es la salvación para una empresa a punto de la quiebra. Los encantadores tropicales venezolanos, engañan a los ciudadanos con promesas de fantasía para salvarlos de enemigos foráneos. Para un sector es el capitalismo salvaje y el imperio el causante de la miseria colectiva que padece el país. Para el otro sector es la revolución bolivariana la culpable de la diáspora y el hambre generalizada que padece la nación. En ambos relatos hay verdades a medias, obviamente hay pesos con responsabilidades mayores en un sector que otro. Es incuestionable que la revolución destruyo la otrora patria de futuro y esperanza, pero parte de la oposición a la misma en algo ayudo.
La poca información o rendición de cuentas de los factores políticos en Venezuela, tanto de quienes tienen el poder, como de quienes los adversan, producen una falta de credibilidad de los compromisos. Tristemente las leyes son incumplidas favoreciendo a ambos sectores, generando una apatía, cansancio y desmovilización individual de los ciudadanos. Produciéndose un círculo vicioso, ya que la débil respuesta de las demandas ciudadanas, son acompañadas por una tímida capacidad de reclamo. Por ello para el poder clientelar le favorece una ciudadanía con debilidad para acceder educación, salud, vivienda, servicios y derechos en general profundizando los problemas. La oposición al régimen totalmente tarifada luchando por sus propias necesidades y los ciudadanos abandonados a su suerte. Todos buscan sacar del dinero de la gran mayoría, su gota de petróleo para el bien personal y el bien común a la deriva.
Estas realidades se muestran en los índices de corrupción elaborado por transparencia internacional, que refleja una impunidad continuada. Venezuela mantiene el puesto 177 de 180 países analizados. En los últimos 5 años los ciudadanos perciben que la corrupción en el sector público ha empeorado. Los recursos no únicamente van a bolsillos de funcionarios y empresarios vinculados con el régimen, sino adicional se utilizan para comprar la conciencia de opositores. En este contexto la lucha por la recuperación la democracia pareciera una lucha titánica.
En tiempos de primarias y preelectorales, aparecerán maletines con castigos e incentivos, para doblar la resistencia de identificados líderes opositores y disidentes de la coalición en el poder. Muy poquitos lograrán salvarse de tremenda tentación, la moral y luces serán puesta a prueba. Los hombres de los maletines deambularán por los pasillos de organizaciones políticas, muchos saldrán corriendo para esconderse otros irán a su encuentro. El dinero de los demás utilizado para evitar la quiebra de una clase política en la decadencia, desprestigiada y miserable. El desprecio mostrado por estos personajes, visto las penurias, calamidades y privaciones vividas por los venezolanos es sorprendente. El dinero publico alcanza para todo, menos para resolverlos los problemas que enlutan al país.
gguillermorb@yahoo.com
@germanrodri
@germanoveja
06-03-2023


