El educador aprende para proteger

El título lleva a este principio: la escalada de un joven a un peldaño más alto no lo hace sin la ayuda del maestro.

En el alumno el maestro no ve la falta de lo que en él no supo hacer.

Pero, muy bien lo motiva, teoría y praxis a la vez, que lo que “está haciendo” ha de producir los efectos que se esperan.

El maestro no es mero ejecutor de educación.

Primariamente es aquel que a sí mismo recalca: a los jóvenes se les encamina.

El alumno no da lo que no le pertenece.

Y por esto esta excusa es impropia: en los tiempos en que sus maestros aprendían, eran estos y sus orientadores, más inteligentes, más fervorosos, que los de hoy.

Sin duda, la educación es más que una colección de verdades o consejos. Tampoco es una opinión pública más.

Lo que los educadores aprenden esencialmente en la educación es tener una referencia concreta: la de alguien que no únicamente “supone” teorías para sus estudiantes, sino método razonado y razonable.

Un método pedagógico encauzado según esos aspectos, razonado y razonable, protege en los alumnos medidas educativas no al modismo de los chévere, chévere, o a los rigorismos de plumas estériles —todo el tiempo quieren tener la razón—; al contrario:

Razonado, porque el método de enseñanza va sacando al alumno de una repetición mecánica de las primeras letras, de las nociones de convivencia y del trabajo manual.

Razonable, puesto que con las medidas educativas el maestro al alumno no sólo le transmite fórmulas, sino además motivos para aprender a pensar críticamente; para ser alguien capaz de exigir derechos, ya que los deberes le están siendo útiles, prácticos y coherentes con la vida social.

Nadie parece dar un conocimiento buscando que el otro “quisiera saberlo”, pues es pedirle “más imaginación que inteligencia”, y lo interesante es abrir su atención a todo lo que debe y puede conocer.

Lo justo, lo idóneo, al respecto de: el educador aprende para proteger, es que los alumnos no se ponen detrás de las funciones didácticas para “valer algo”.

Hace días fui a la bendición de un pesebre en una institución educativa; antes de la misma la maestra de pastoral dijo: “contemplemos en el pesebre de la escuela, en el de nuestros hogares, el nacimiento del niño Dios”; luego aludió a la anunciación y al rol de María en ella, y por último al tiempo de adviento como “preparación”. Al final, cuando me invitó a pasar adelante para la bendición del pesebre, en una de las franelas de otra profesora leí: “los logros comienzan con la decisión de intentar”.

Entonces, la decisión de intentar, no demasiado hipotética, pues sería ilusionar con la inesperada fortuna, es dejar en el alumno la inquietud de no abandonar en olvido perpetuo lo que en ellos sus maestros han protegido, respeto mutuo, desarrollo integral, talento crítico y reflexivo, confianza y seguridad, con esmerada educación.

11-12-25

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.comv