El tema es un apéndice de los anteriores, centrados en derivar desde los objetivos del Pacto Educativo Global reflexiones fundamentales, con el fin de considerar la educación, teórica y práctica, como una virtuosa alegría que muchos educadores, trabajadores de la educación en general, descubren, cuidan y robustecen incluso en medio de las dificultades sociales, económicas y políticas.

El ejemplo está en este motivo: Saber que las incomodidades no duran un instante y, sin embargo, los maestros atienden los cuidados pedagógicos con tesón cuando a pesar de las rudezas de las mismas, no ponen obstáculos a la eficacia de sus afanes.

Desde luego, con este esmero, —vayamos a las distintas escuelas que hay a nuestro alrededor y observemos el trabajo de sus integrantes—, los maestros, los profesores, evitan entregar a la sociedad, a la economía, a la política, un ser ficticio, pues, con su trabajo corroboran que cuantas más dificultades nuevas se les presentan, contemplan actualmente lo que los niños, los alumnos, deben hacer, para irles dignificando aún más lo que deben ser (J.J. Rousseau, 1950, pp. 58-59).

Ahora bien, en este sentido, ¿tenemos la gentileza humana, espiritual, cristiana, de escuchar a los maestros el planteamiento de los problemas más apremiantes en el ámbito educativo?

La remuneración justa por el trabajo del educador en Venezuela es deficiente.

Con todo, la idoneidad del talento didáctico de la gran mayoría, es una experiencia obrada según el adjetivo “mejor”, aun cuando sienten que ya no pueden efectuarla.

La justificación para requerirle al estado un salario competitivo, la tienen los maestros con el desenvolvimiento en dos direcciones de un único oficio: Instruir a los estudiantes, pequeños y grandes, y encaminarlos. Cierto, el estado no debe ser indiferente ante la humanidad de un maestro, de un profesor, que se entrega al auge de la cultura de los hombres, que tiene bajo su responsabilidad.

Por eso, la tarea por la cual el educador orienta los alumnos a un único oficio en dos direcciones, contemplación y laboriosidad, es inútil si les enseña únicamente a conservarse, a estar bien, sólo ellos. De tal modo, primeramente, se les ilusiona ser completamente infalibles y pretenden tener la razón a pesar de que sus argumentos estén adulterados por el error; además, secundariamente, las enseñanzas han de inculcarles humildad, y respeto al trabajo del otro, para que eviten creerse los únicos libertadores de la patria y para que sí crean profundamente que, con su buen ejemplo, alientan la esperanza de socorro a partir del arte que en la escuela, en los CT o CTN APEP, u otros, han aprendido a dominar.

Referencia:

Rousseau, J.J. Obras escogidas (J. Marchena, Trad.). Editorial EL ATENEO.

11-06-26

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.com