(Lucas 15, 14)
El rótulo del título nos orienta a una frase indicada por Jesús en la parábola del hijo pródigo, y escuchada en el transcurso de la lectura del evangelio de este IV domingo de Cuaresma. A la vez, ella permite aludir el tema dado por la Iglesia venezolana a la Campaña Compartir 2025: Juntos Sembramos Esperanza y Cosechamos Salud Mental.
Es innegable la manifestación de nuestras enfermedades en el medio orgánico, molestias estomacales, cánceres, fuertes dolores de cabeza, espalda, cuadro eruptivo cutáneo, cefaleas, etc. Pero, asimismo, es innegable el componente anímico que está influyendo en la enfermedad (Condrau, Gion, 1981).
Así, la frase de Jesús, él empezó a padecer necesidad, referida al hijo pródigo, nos subraya que éste y su carencia nos incumbe. Por ejemplo, ante la presión de las competencias, capacidades, y el éxito familiar, social, agrícola, profesional, familiar, institucional, etc., muchos están sintiéndose, incluso nos estamos sintiendo, como una cosa que presta servicio a otra cosa (Condrau, 1981). Eso lo ha denominado la filosofía personalista y la teología, “cosificación”, y ante ella Cristo nos llama a poner en práctica, especialmente para quienes están anímicamente maltratados, la escucha, el silencio y el diálogo.
Ciertamente, desde estas tres características podemos comprender la angustia, el pesar, la culpabilidad; mostrar nuestra cercanía en relación a los sufrimientos, las decepciones, las inhibiciones y los maltratos. Y, por supuesto, si a la persona golpeada por estas situaciones no le ofrecemos la asistencia profesional de un psicólogo, psiquiatra, psicoterapeuta, neurólogo, etc., sí contribuimos a su respiro, comportándonos respecto a ellos, inclusive con el silencio, desde una «tranquilidad que vincula y salva» (Condrau, Gion, 1981, 17).
Por eso, en la parábola del hijo pródigo Jesús no nos habla un lenguaje artificial, sino flexible y auténtico, por el cual enriquecemos un entendimiento con quienes alguna molestia los aqueja. Quien escucha dialoga escuchando, calla expresando, y habla comunicando atención, pues, quien atiende con afecto, lo hace con un talante de ayuda, reflexionado y crecido en el verbo de Jesús del evangelio de este domingo; en efecto, de este modo relata la actitud del papá ante el hijo alejado por un período, «estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente».
Igualmente, hemos de influir en la condición humana del otro no ocasionándole más trabas, tampoco yendo más allá de nuestros esfuerzos, sino haciéndole ver, en su específica humanidad, que tiene el talante de avanzar, que las posibilidades para ello no están sólo en quien lo escucha, sino además y esencialmente en él mismo; al respecto el padre dirigiéndose a su otro hijo le manifiesta, «hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo».
En conclusión, considerándonos según el comportamiento de ambos hijos, y sustancialmente con el del padre, Pablo, en la segunda lectura (2 Cor 5, 17-21) no nos aconseja una técnica especializada, o una capacidad de rendimiento o productiva en relación al cociente exigido, sino vivenciar y profesar que, “todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y que nos confirió el ministerio de la reconciliación”.
Referencia:
Condrau, Gion. (1981). Introducción a la psicoterapia. (Alegre M., A. Trad.). Editorial DIANA.
Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.
horaraf1976@gmail.com
30-03-25



