Por: Germán Rodríguez Bustamante…
En estos 16 de gobierno revolucionario el estamento militar tomo por abordaje la gerencia pública, supuestamente fundamentado en la reserva moral y la capacidad gerencial de los integrantes de la fuerza armada, con ese argumento asumió la conducción de ministerios, empresas básicas e instituciones con resultados fatales para la salud del Estado.
La elite militar salvo honrosas excepciones no estuvieron ni están preparados, para lidiar con un entorno cambiante y con estructuras burocráticas que requieren la construcción de negociaciones y acuerdos, que no obedecen a órdenes militares cual batallón de soldados subordinados, en este contexto actuaron obviando principios administrativos sobre los cuales debe soportarse las decisiones gerenciales, de manera tal de resolver de forma eficiente y expedita los problemas que presenta la sociedad venezolana.
En este momento en el cual el presidente Maduro devuelve a los militares a los cuarteles, los gendarmes dejaron al país devastado por una guerra económica, que a todas luces perdieron con consecuencias gravísimas en la sustentabilidad de los programas sociales. Las actuaciones de la gran mayoría de militares en funciones gerenciales han desnudado su incapacidad para tomar decisiones en ambiente complejos, los desastres generados por su incompetencia se observan en la totalidad de instituciones que estuvieron bajo su cargo, desde las finanzas públicas, empresas básicas, salud, economía, alimentación, bancos públicos, fondos para el desarrollo, distribución de cemento y cabillas entre algunos segmentos de la estructura pública asaltada por estamento militar.
La subordinación de este régimen de corte militarista a los milicianos vinculados con la proeza golpista de los años noventa y la fidelidad al proyecto bolivariano, permitió la colocación de militares en cargos gerenciales sin demostrar su capacidad para su ejercicio; era previsible con esos criterios para la selección de los funcionarios de alta gerencia, obtener los resultados que muestra la gestión revolucionaria en estos 16 años de gobierno; nunca entendieron la necesidad de anticipar, de prever para adecuarnos a situaciones imprevistas, por el contrario siempre apelaron al mando, a la imposición por la fuerza y lastimosamente la gerencia no obedece a razones de combate.
Cuestionado queda la actuación del militar que debería ser responsable en todo momento por sus actos u omisiones en los cuales incurra directamente o como consecuencia de sus funciones, ser justo con sus subalternos y no ordenar nada que atente contra la dignidad e integridad moral, ser honesto en todos los actos de la vida profesional y privada, valores poco revindicados.
Ante el fracaso escandalosos de los jerarcas militares, al Presidente Maduro no le queda otra decisión que enviarlos a los cuarteles nuevamente, por supuesto con algunos kilos de más derivados de su inactividad y algunos incrementos patrimoniales producto de la ventajas de comparativas de los cargos ocupados, adicional asensos militares puestos en duda ya que los desastres gerenciales gestados en el ejercicio de sus obligaciones, mínimo merecerían bajas deshonrosas.
Perdieron la guerra económica, situación que produjo la especulación, el desabastecimiento, la escasez y la inflación, no lograron acabar con el bachaquero, con el especulador, con el delincuente, en consecuencia no existen méritos para regresar a los cuarteles. Debemos agradecer a Dios que esta guerra se gestó en el campo de la gerencia pública y no en el campo de batalla, ya que evitamos la pérdida del territorio nacional, sí estos son los señores que nos van a defender contra el imperialismo americano, creo que estamos en desventaja mayúscula.
Por su puesto que los costos de la improvisación gerencial militar en la conducción de la estructura pública son enormes, la decadencia de las empresas básicas y las públicas en general llegan en algunos casos a situaciones irrecuperables, el despilfarro incubado en todos los sectores de la actividad pública, razones que alimentan la percepción internacional de Venezuela, la cual es considerada como el país más espantoso para la actividad privada, controles de precios, limitaciones a la propiedad, inseguridad jurídica y personal, son factores convierten a la nación en un terreno poco atractivo para la inversión.
Las políticas golpean principalmente a las mismas clases pobres, y medias, a quienes se pretende ayudar y como guinda del pastel la ccorrupción ha tomado dimensiones escandalosas, con mecanismos novedosos y perfeccionados, el país continúa siendo percibido como una nación con grandes riesgos de corrupción en el sector público, producto de una debilidad institucional para afrontar el flagelo.
En estos años de revolución el fenómeno ha adoptado modalidades creativas, ajustadas a las políticas implementadas por el régimen, pareciera que en las estrategias públicas subyace la acción delictiva para aprovechar la fragilidad institucional y la impunidad reinante. En este marco actuó el estamento militar, que fácil y placentero es regresar a los cuarteles sin ninguna responsabilidad.
ULA – FACES
gguillermorb@yahoo.com
@germanrodri
@germanoveja


