La obra de Asdrúbal Baptista constituye un andamiaje teórico de elevada importancia para el estudio de la Economía Política de Venezuela, así como para aquellas naciones cuya estructura económica se apoyan en la exportación de recursos naturales no renovables. Específicamente en «Itinerario por la Economía Política», particularmente en los capítulos dedicados a la teoría económica del petróleo y la configuración del Estado en el capitalismo rentístico.
Asdrúbal Baptista nos enseña que la teoría económica del petróleo nos permite comprender que si no hay una distinción entre renta y ganancia nunca se mantendrá un desarrollo autosostenido; en otras palabras, la renta puede simular un crecimiento social y económico, pero sino se sistematizan los procesos de acumulación de capital basado en la productividad, este modelo tiende agotarse.
En este mismo contexto, es preciso identificar la estructura de la naturaleza del ingreso percibido ante la abundancia de recursos naturales no renovables y examinar que, ante tantos años de inmensos ingresos petroleros, estos no se tradujeron en bienestar colectivo y calidad de vida para la sociedad actual y generaciones futuras. Por otra parte, al observar con una mirada prospectiva el futuro del petróleo en el mundo, se percibe que la demanda de este recurso ya está determinada por la pérdida de su centralidad energética y política.
Es decir, el «Estado Terrateniente» perderá su base de sustentación económica. Ya que la tendencia será la disminución de la demanda y por ende el comportamiento de los precios será hacia el estancamiento o la disminución, con una transformación estructural sin precedentes frente a mercados más competitivos y menos rentísticos.
La distinción entre ganancia y renta
La piedra angular de la teoría económica del petróleo en Baptista es la distinción entre ganancia y renta. En el capitalismo industrial convencional, la ganancia es la remuneración que percibe el capitalista por la organización de la producción y la explotación de la fuerza de trabajo interna. En contraste, la renta es la remuneración que corresponde a la propiedad de recursos que no han sido producidos por el hombre. Comprender esta diferencia es vital, porque el ingreso petrolero es, en esencia, una «ganancia extraordinaria» que el mercado mundial paga por encima de los costos de producción y la tasa media de ganancia de las empresas operadoras.
Por tanto, la renta no es un reflejo de la productividad del país perceptor, sino una ganancia, rendimiento o utilidad que fluye desde la demanda de los centros de los países consumidores a nivel mundial, hacia los propietarios del recurso. Esta captación de excedente externo permite a la sociedad rentística consumir e invertir por encima de sus capacidades productivas reales, creando una estructura de acumulación que Baptista denomina «capitalismo rentístico».
La relación capital-producto en un modelo rentista
La modernización de la economía de un país depende de la acumulación de su capital; no obstante, en un modelo rentista este capital no se reproduce por su propia eficiencia, sino que requiere inyecciones crecientes de renta para mantenerse operativo, que en la mayoría de las veces resulta insuficiente para sostener una estructura económica cada vez más compleja y demandante de divisas para su mantenimiento y expansión.
A saber, en el periodo histórico 1920-1980 ocurre el auge del capitalismo rentístico, con una modernización del Estado y un urbanismo acelerado, desde los años ochenta y hasta el presente ha habido un progresivo colapso y estancamiento, es decir, la dinámica económica se alteró, ya no hay suficiente renta para sostener el capital acumulado. Aquí se cumple la hipótesis de Baptista, es decir, que aquel Estado que quiera reactivar el crecimiento basándose exclusivamente en el ingreso petrolero está condenado al fracaso porque las necesidades institucionales y estructurales de una sociedad moderna chocan frontalmente con la naturaleza de la renta.
El Estado terrateniente en el capitalismo rentístico tiene una autonomía soberana
Baptista se centra en la metamorfosis del Estado es decir en una economía capitalista normal, el Estado es fiscalmente dependiente de la sociedad civil; debe cobrar impuestos a los ciudadanos y empresas para financiar su funcionamiento, lo que genera una necesidad intrínseca de negociación y rendición de cuentas. Sin embargo, en el capitalismo rentístico, el Estado es el propietario legal del subsuelo y, por ende, el perceptor directo de la renta internacional.
Esta condición de «Estado Terrateniente» le otorga una autonomía económica casi absoluta frente a la sociedad nacional. El Estado no necesita pedir recursos a sus ciudadanos; por el contrario, es el Estado el que distribuye la riqueza captada en el exterior.
Esta relación Estado-Sociedad tiene consecuencias profundas en la cultura política y en la eficiencia económica. El poder político no siente la presión de ser eficiente o transparente porque su legitimidad no descansa en la gestión de los recursos de los ciudadanos, sino en su capacidad para repartir el provento o producto petrolero.
Distorsión estructural: mecanismos de distribución de la renta
La distribución de la renta comienza cuando el Estado inyecta la renta en la economía nacional a través de diversos mecanismos que Baptista identifica como formas de «privatización» del ingreso petrolero.
Estos mecanismos no solo distribuyen riqueza, sino que moldean la estructura de incentivos de todos los agentes económicos.
- Gasto Público y Empleo: El Estado se convierte en el motor principal de la demanda interna, expandiendo la burocracia y las obras públicas sin una contrapartida en la recaudación tributaria interna.
- Sobrevaluación del Tipo de Cambio: Al inundar la economía con divisas que no provienen de la exportación de bienes producidos internamente, la moneda nacional tiende a apreciarse artificialmente, afectando la competitividad de la agricultura y la industria nacional.
- Baja Presión Tributaria y Subsidios: La renta permite que el Estado mantenga servicios públicos y bienes, con la idea de que la sociedad no debe pagar por los bienes públicos.
Esta dinámica genera una sociedad que «crece a cuenta de la renta», donde el éxito económico de un individuo o empresa depende más de su cercanía al flujo de la renta estatal que de su productividad o innovación.
Finalmente, este extraordinario diagnóstico de Asdrúbal Baptista, nos da una lección clara y contundente sobre la condición del Estado Terrateniente, el cual adquiere una autonomía económica global, frente a una pasiva sociedad nacional. Se puede decir que la relación Estado-Sociedad tiene consecuencias profundas en la ética de la cultura política y en la eficiencia económica del país. Igualmente, Baptista nos recuerda que se debe utilizar el petróleo remanente no para prolongar el modelo agotado, sino como el combustible financiero para construir una sociedad que ya no dependa de él.
«La renta del petróleo no es el futuro del país, pero sin la renta del petróleo no tenemos futuro” Asdrúbal Baptista
Articulo basado en la obra de Asdrúbal Baptista (2007) “Itinerario por la Economía Política”. Ediciones IESA y Academia Nacional de Ciencias Económicas.
Dra. Gladys Cáceres Fernández
Profesora FACES-ULA
24-05-2026



