El hombre no está estrechamente espaciado en la casa común

La casa común —el planeta tierra— es suficientemente extenso para hospedar con precisa comodidad al género humano.

En el planeta tierra las generaciones no tienen una retención momentánea.

Considero que las generaciones anteriores, la nuestra, y la que está andando en un presente de futuro próximo, evita toda interferencia destructiva con el planeta que altere irremisible e irremediablemente el ecosistema donado en él para el normal y sano desenvolvimiento de la interacción hombre-casa común.

Por ejemplo, hay direcciones originales del medio ambiente (factores nativos que dirigen y dan forma a la vida en la naturaleza antes de la intervención humana), intensidades de energía o incluso de radiaciones, que en su estado prístino son lo suficientemente idóneos para darle al hombre lo indispensable y lo precisamente justo con lo cual está socorriendo su cobijo en el cosmos.

Ahora bien, el ojo humano de la gran parte de la humanidad es completamente insuficiente para observar precisa y justamente la alteración incontrolada de las direcciones originales del medio ambiente, de átomos y de moléculas que, con dimensiones sumamente microscópicas, una vez desordenadas, son dificilísimas de tratar teóricamente y, prácticamente, por lo que se ve en las guerras (contaminación radiactiva de 1945), la explotación de la inteligencia artificial (consumo eléctrico, emisión de CO₂, el problema invisible relacionado al agua, basura electrónica), la industria petroquímica y minera, el basurero del Pacífico (sopa gigante de plástico flotante) y la deforestación de la Amazonía (desmantelamiento del mayor sistema de soporte vital biológico del planeta); todo lo cual erige elementos que están en el dominio selectivo y relativo de quienes, por esto no más, les pareciera evadir, cual cuerpos independientes, las inevitables ondas de contaminación producidas.

Selectivamente muchos pueden favorecerse en un plano, social, geopolítico, económico, mas no en otro; sin duda, su humanidad también es vulnerable y dignificable.

Es precisa y justamente solidario observar estos dos términos: el primero, adjetivo vulnerable, procede rectamente del latín vulnerabilis; el segundo, adjetivo deverbal, dignificable. Porque, aunque carentes de un volumen cuantificable a nivel material, su fisicidad, su potencial energético, varía no hacia el aumento de una temperatura absoluta, sino hacia una humanidad que absorbe parte de la energía que el medio biótico posee, pero, al mismo tiempo, pierde precisa y justamente parte de la obtenida de él, reforestando, recolectando la basura en zonas boscosas, plazas, parques, casas de familia, ríos, océanos, avenidas y calles; demostrando así que el hombre no está estrechamente espaciado en la casa común.

En efecto, la séptima vía, el séptimo objetivo (Papa Francisco), el séptimo camino (Papa León) del Pacto Educativo Global, en parte plantea:

“No se trata solamente de una crisis “ambiental”, o una crisis económica, financiera, política, social: es una crisis sin adjetivos, porque es una crisis interior, que se proyecta hacia el exterior en todas las dimensiones del ser humano, en la relación con los demás, con la sociedad, con las cosas, con el medio ambiente”. (Francisco, 2020).

Referencia:

Francisco. (2020). Pacto educativo global. Universidad Autónoma de San Luis Potosí. https://www.umaslp.edu.mx/wp-content/uploads/2024/11/Pacto-educativo-global.pdf

25-06-26

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.com