Minutos antes de que se activara la alarma, el golpeteo de un pájaro carpintero real sobre el tronco de un mango parecía dar la bienvenida al nuevo día en la comunidad indígena Naso Tjër Di de Bonyik, en Bocas del Toro, Panamá.
Allí, en la ribera del río Teribe (Tjër Di), la Organización Mujeres Unidas de Bonyik (OMUB) gestiona un proyecto turístico comunitario, promoviendo conocimientos ancestrales que mantienen incólume su identidad a pesar de los avatares de la modernidad.
Antes de emprender la caminata guiada a la Cascada de Rancho Quema’o, la señora Isabel Sánchez (líder de la OMUB) ofreció una bebida de cacao orgánico para “activar” a los viajeros; siendo el más joven de ellos quien no tuvo reparo en pedir trozos adicionales.
Para las mujeres de Bonyik, lo significativo del cacao es que ellas lo cultivan, lo cosechan, lo procesan con técnicas aprendidas de sus padres y permiten a los visitantes ser parte de estas labores, para que vivan y comprendan una parte de la cosmovisión Naso Tjër Di.
La caminata inició con un tímido sol, apenas asomado entre la neblina que cubría el dosel de la selva. El murmullo del río se mezclaba con el alboroto de bandadas de loros y guacamayas que aprovechaban para acicalarse.
Durante 25 minutos, los viajeros demostraron sus dotes acrobáticos, saltando sobre inmensas y bien redondeadas rocas a orillas del río. Por ningún lado se divisaba un sendero, solo árboles robustos, muy elevados como muestra de la primigenia del lugar. En la lejanía se dejaba escuchar el sonido de la cascada, y para llegar a ella fue necesario abrirse paso entre raíces aéreas y un follaje muy tupido; menos mal que Isabel les obsequió bastante cacao, pues fue una vivencia única disfrutarlo mientras un amorfo manto de rocío emergía de la caída de agua.
De regreso a la posada Media Luna (Mok Beyshko), en la entrada aguardaba un rechoncho y simpático personaje que portaba sobre su pecho una bolsa tejida artesanalmente, conocida como Chácara. Esta, a su vez, contenía un cuadernillo de hojas amarillentas (por el paso del tiempo) cuyas líneas recogían el conocimiento que sus ancestros le habían transmitido desde niño sobre las plantas que crecen por doquier en la selva y que constituyen la base de la medicina tradicional Naso Tjër Di.
El señor Plutarco Quintero es el chamán de la comunidad; a él recurren no solo para aliviar malestares, también para escuchar relatos que narran los orígenes del hombre Naso y la forma en que durante centurias han podido mantener equilibrio con la naturaleza y todos los seres vivos o inanimados que hacen parte de esta. Para la ocasión, los viajeros, ávidos de respuestas, escucharon con atención la descripción de las más de 50 variedades de plantas que Plutarco clasificó y señalizó con rudimentarias y coloridas tablillas de cedro.
Causó grata impresión la honestidad del chamán, pues fue enfático en que la medicina tradicional es un paliativo y que, para tratar enfermedades complejas que ponen en riesgo la vida del paciente, se debe recurrir a la medicina alopática.
Gracias a la labor de la OMUB y al convencimiento de muchos pobladores de Bonyik, los niños y jóvenes cada vez se muestran más interesados en ahondar en sus orígenes y desarrollar mecanismos para mantener viva y vigente la identidad Naso Tjër Di; más allá de la elaboración de artesanías y la representación de cantos y bailes autóctonos, que es lo que suelen buscar los visitantes convencionales.
Para comprender y promover valores culturales locales, es fundamental asumir la visita con respeto, con la convicción de vivir experiencias enriquecedoras que generen bienestar y paz a todos los involucrados en esos encuentros humanos con sentido.
Antonio Rivas
Especialista en Desarrollo Sostenible y Turismo comunitario y rural.
30 de diciembre de 2025







