Por: Gerard Páez Monzón…
La creación del microprocesador, desde su aparición, ha sido el epicentro del eje del crecimiento exponencial de la tecnología y de todo desarrollo en las diferentes áreas que vive la humanidad. Un dispositivo que nació como en el patio de atrás y sin mucho aprecio por sus propios creadores, una criatura tecnológica más, se pensó. Fue una distracción bien pagada.
Hoy todos, en especial su primer fabricante INTEL Inc., valoran su existencia y le reconocen al «Microprocessor» el status de ser el chip principal de su negocio, primordialmente del Ordenador, como decantó la filología francesa al concepto de Computador. Por ser una máquina que ordena, que arregla, hasta la filología la asoció con Dios, en su búsqueda por un término para esa nueva máquina: «Dieu qui met de l’ordre dans le monde». Si un problema es un ruido ó necesidad, ignorancia ó indecisión, caos ó desorden en algún sistema ó ambiente en armonía, entonces, la esencia del computador es para reducir la entropía, dar una solución, de «poner orden».
El microprocesador super-procesa, no micro-procesa, solo para aclarar que su prefijo fue acuñado por su tamaño físico, no por su capacidad. Físico, por lo que hoy es fabricado con varios millardos de piezas de «lego» nanometricas que se prenden y apagan, llamadas Transistores y que crece según la Ley de Moore, descifrada en nuestra corteza cerebral Google. Capacidad, por lo que procesa cientos de millardos de instrucciones por segundo!!!, hoy día…. y va por más. Lo que procesa un microprocesador es información, por lo que hoy en día todo, llámese experimento, innovación, solución, ó producto tecnológico, creado en cualquier rincón del planeta se debe al poder del microprocesador, por tratar información a velocidades electrónicas en una pastillita de silicio. ¿Un ejemplo?, El Internet existe, gracias exclusivamente a la danza del microprocesador.
«Procesar» es un engranaje de cinco capacidades que implementa el microprocesador: 1. La capacidad de Leer -traer datos, 2. La capacidad de Deliberar -calcular sobre los datos, 3. La capacidad de Escribir -llevar datos, 4. La capacidad de Comparar -diferenciar estados, y La capacidad de Repetir -regresar a realizar algo otra vez. No puede faltar una de estas capacidades porque sería acéfala del sello de «Procesador». Un niño cuando compone un rompecabezas, recrea en su mente la actividad de procesamiento porque utiliza en su diversión, estas cinco capacidades.
El arquitecto de un chip microprocesador hace esencialmente lo mismo que hace el arquitecto de un piano. Para generar música del instrumento, su arquitecto requiere poner en un espacio disponible, el repertorio de notas musicales, bien definidas, para su posterior manejo melódico por los usuarios, según su potencial y libre creatividad musical . Las teclas del piano son el repertorio de instrucciones musicales que un compositor maneja para instruir al piano, y así producir música. En un microprocesador sucede igual, las mencionadas cinco capacidades son las teclas del computador, que su arquitecto ofrece como repertorio de instrucciones para que un programador pueda componer una variedad infinita de procesamientos.
Solamente con hundir la tecla en un piano, que de inmediato, como una orden, esa frecuencia musical sale emitida al aire. De igual manera en el computador, es cuestión de indicar la capacidad («hundir la tecla «) que desea, para que automáticamente sea ejecutada por el microprocesador. Así como un piano presenta una variedad de teclas de las notas musicales de base, un microprocesador ofrece una variedad de «teclas» de las cinco capacidades de base en su repertorio de instrucciones. El microprocesador actual integra en su espacio grandes almacenes de información, unidades especializadas para la proyección y manejo de lo visual, sonido, interfaz humana, y por razones de calor electrónico con sabor a rendimiento, varias salas simultáneas de procesamientos.
Una partitura ó notación musical podría ser el equivalente a un programa ó notación computacional, donde este último se especifica en un lenguaje cuyas oraciones convocan la activación de las cincos capacidades en el microprocesador. Un programa es en realidad una maqueta, un modelo de cómputo que es computado por un computador (voilà el origen del término en Americano). Lo valioso e interesante de esta maqueta de cómputo es que toma vida, dinámica, en su tiempo de ejecución del programa a un nivel de precisión que avanza a sobrepasar al cerebro humano, haciendo posible lo imposible, como, lograr la immortalidad.
Ya no es cuestión de discusión, probabilidad ó sabiduría, es cuestión del progreso eterno de la creatividad Hombre-Máquina, producto del giro tecnológico del computador, en el eje del microprocesador. Donde el microprocesador fue impulsado por el ingrediente mágico que en verdad impulsa a la tecnología, la simple ocurrencia de almacenar el programa en una memoria primero para ser luego ejecutado en silencio por si sola. Esto hizo aparecer al computador de la nada (de la máquina calculadora).
@gerardpaezm


