El Ministerio de la Verdad ya no necesita un ministerio

Por: Rocío Márquez…

¿Y si una fotografía pudiera convencernos de que un político construyó una obra que nunca realizó? Con la inteligencia artificial, fabricar estas imágenes resulta cada vez más sencillo. Si además las acompaña una voz que relata una historia convincente, la ficción puede adquirir apariencia de verdad.

1984: El poder reescribe la historia

En 1949, George Orwell publicó 1984, una novela en la que imaginaba una sociedad donde el “Ministerio de la Verdad” se encargaba de reescribir la historia. Su protagonista, Winston Smith, modificaba periódicos y documentos para que el pasado coincidiera con los intereses del poder. Si algo resultaba inconveniente, desaparecía de los registros.

Hoy, la inteligencia artificial nos invita a reconsiderar aquella distopía. Ya no se necesita una institución dedicada a modificar archivos. Existen herramientas capaces de generar fotografías, videos y voces que parecen auténticos, aunque representen situaciones que nunca ocurrieron.

Esta posibilidad adquiere especial relevancia en la comunicación política. Imaginemos un video donde un gobernante aparece inaugurando grandes obras, dirigiendo movimientos ciudadanos para conseguir la construcción de una obra pública o recibiendo el agradecimiento de multitudes. Mientras observamos las imágenes, un narrador cuenta cómo su liderazgo transformó una comunidad y cómo sus decisiones hicieron posible el progreso de una institución.

La combinación resulta poderosa. Las imágenes parecen demostrar lo que la voz afirma, mientras el relato proporciona una interpretación de aquello que estamos viendo. Sin embargo, ni las escenas ni los acontecimientos narrados necesitan haber ocurrido de esa manera.

La historia convertida en espectáculo

 Neil Postman, en Divertirse hasta morir (1985), comparaba las advertencias de George Orwell y Aldous Huxley. Mientras Orwell temía una sociedad donde el poder reescribiera la historia, Huxley imaginaba otra donde las personas terminarían dominadas por el entretenimiento y la distracción. Postman advertía que la televisión podía convertir asuntos tan importantes como la política y la información en espectáculo, privilegiando lo atractivo sobre la reflexión.

Con la inteligencia artificial, ambas preocupaciones parecen encontrarse. Ahora podemos modificar representaciones del pasado y acompañarlas de narraciones emocionantes que buscan convencernos de su autenticidad. La historia puede convertirse en un espectáculo donde lo convincente compite con lo verdadero.

Por supuesto, la propaganda política no comenzó con esta tecnología. La diferencia es que ahora las narraciones pueden acompañarse de imágenes artificiales con apariencia documental, producidas rápidamente y distribuidas mediante redes sociales.

¿Cuál es el riesgo?

 El problema no es utilizar inteligencia artificial para recrear acontecimientos, siempre que se identifiquen como tales. El riesgo aparece cuando esas representaciones se presentan como pruebas auténticas, convirtiendo las mentiras en aparentes certezas, y terminan influyendo en nuestra memoria colectiva.

En fin, Orwell imaginó un poder capaz de modificar el pasado para controlar el presente. Postman nos invitó a pensar cómo el espectáculo transforma nuestra relación con la información. Hoy, la inteligencia artificial permite combinar ambas posibilidades.

Así que si una voz puede contarnos una historia convincente mientras la inteligencia artificial fabrica las imágenes que parecen demostrarla, ¿cómo distinguiremos entre quienes realmente hicieron historia y quienes intentan reescribirla para imponer una narrativa construida sobre falsedades?

*Comunicadora social. Doctora en Ciencias Humanas. Profesora de la Universidad de Los Andes, Táchira.

03-10-2026

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