El modo extensivo de conocer a Cristo en cuanto “transcendente”
El término “modo extensivo de conocer a Cristo” subraya estricta, intrínseca y extrínseca correspondencia de su genuina e intercambiable biografía en sus distintos momentos: encarnación, vida, misión, pasión, muerte, resurrección, ascensión y realeza. Cada uno en el todo atañido de ellos define “su donación”, pues sin ellos, la correspondencia entre los mismos desviaría “la deificación” obrada en el hombre.
Esta deificación por deiformidad robustece con la participación en la vida divina de la realización de la personalidad del viviente humano. O sea, la “realización de la personalidad” demuestra el sustento de tal actividad “en la inalterable esencia” (Aa. Vv., Introducción general, 2005, p. 68) de Jesucristo, el cual no la reduce a Si mismo por una conformación automática. Al contrario, la vivifica y la consolida. Por eso, conocer a Cristo en tal actividad es algo extensivo, puesto que en ella el ser humano enriquece su semejanza a lo divino. Cristo está presente en ella y ésta tiene en sí la capacidad de recibir su claridad.
Ahora, ¿siente el hombre la influencia divina en dicha realización? Y ¿cómo?
En respuesta a la primera pregunta se tiene: indiscutiblemente, y aunque algunos lo nieguen, en tal realización personal obra Cristo como fundamento indispensable e inmutable de los actos psicoorgánicos, por los cuales la acción “fundamentante” (Zubiri, 1980) recae no en quien fundamenta, sin por esto ser modificado en su “esencia inmutable”, sino necesariamente en la criatura humana, pues en ella lo sobrenatural la sustenta in actu, de inmediato, aunque lo desconozca en el instante.
A los cultores de la rigurosidad y exactitud del método experimental la conjunción visible-invisible es objetable. Lo invisible no es asequible a los sentidos. En lo visible hay notas sustanciales inherentes a la visión del microscopio o telescopio. Es decir, con el fin de refutar lo completamente imperceptible, aun a la sofisticidad técnica de esos aparatos, algunos artífices de la rigurosidad y exactitud del método experimental, comunican puntualmente lo observado con tales aparatos; pero, quizá eluden su uso en “el” poder de llegar un poco más allá del análisis superficial de la materia. Les es fatigoso, ya no admitir, sino estudiar y exteriorizar acerca de la comunicación inmediata y directa de Dios. Esto es, responder a la segunda cuestión, ¿cómo siente el hombre la influencia divina en la realización de su personalidad?, les resulta complicado.
Los fenómenos de la naturaleza le exigen al hombre empeño y tesón en el descubrimiento de su importancia. “Él transciende en” ellos portado —trans— por los signos de tales fenómenos denotados en la naturaleza y cuya denotación la mente sigue. A todo descubrimiento siempre acompaña: “hay algo mejor”. Hasta el infinito el hombre aspira la búsqueda de este “algo mejor”, y en esta tarea hallará esta inquietud: ¿de qué principio deriva este “algo mejor”? Ya no de algo sino “de Alguien”, cuya transcendencia dignamente revelada en Cristo, respalda lo realizado y lo realizable en el ser humano; es decir, en su personalidad ad modum exeuntis, como explican de San Buenaventura (Aa. Vv. 2005, p. 78), los efectos realizados y realizables los obra tal principio crístico, salen de Él y los extiende en la naturaleza de lo humano.
Referencias
- VV. (2005). Introducción general. En Obras de San Buenaventura (Tomo II, pp. 68, 78). Editorial BAC.
Carrero C. H. R. (2025). El modo intensivo de conocer a Cristo. https://comunicacioncontinua.com
Zubiri, X. (1984). El hombre y Dios. Editorial Alianza.
Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.
25-09-25



