Ya viene diciembre, pronto estaremos haciendo nuestros pesebres, hay una prisa, una emoción contagiosa por hacer todo perfecto, que el nuestro, sea el más bonito, todo para agradar al Niño Jesús. Pero en medio de esta emoción navideña, debemos tener en cuenta los productos que usamos para decorar.
Seamos sinceros, a nuestra generación se nos ha endosado la tarea de resolver el cambio climático, un problema que no creamos. Nos piden que usemos menos plástico, que reciclemos, que nos manifestemos. Y lo hacemos, porque el futuro es nuestro. Pero a veces, las mayores contradicciones no están en las fábricas, sino en nuestras propias casas, en nuestras tradiciones más queridas. Y el uso del musgo en Navidad es una de ellas.
El musgo es una planta pequeña que crece en lugares húmedos y sombreados, formando tapices verdes sobre el suelo, rocas y troncos de árboles. Cumplen funciones ecológicas vitales como retener agua, reducir la erosión, regular la humedad local y servir como hábitat y alimento para otros organismos.
Tengamos en cuenta que el musgo que usan para adornar los pesebres, es arrancado del páramo donde cumplía un rol vital. Donde actuaba como una esponja gigante, evitando inundaciones y albergando a miles de pequeños organismos. Un ecosistema en miniatura, destruido para durar tres semanas bajo un árbol de plástico.
Lo que más duele es la lentitud con la que la naturaleza repara este daño. Mientras que nuestro entusiasmo navideño es instantáneo, ese musgo tardó años, a veces más de una década, en crecer.
Nos llaman la generación de la inmediatez, pero somos lo suficientemente inteligentes para entender que algunas cosas no pueden ser inmediatas. Entendemos la sostenibilidad. Y sabemos que ser sostenible no significa renunciar a la celebración, sino reinventarla con creatividad.
Podemos usar tela reciclada, pintar corchos, crear texturas con papel o utilizar corteza y piñas que ya se han caído de los árboles. Un pesebre hecho con estos materiales no solo es único, sino que cuenta una historia de respeto. Un respeto que, creo, es el verdadero espíritu de la Navidad.
Yo ya elegí. Mi pesebre este año no tendrá musgo natural, pero estará lleno de una intención más profunda. Invito a quien lea esto a hacer lo mismo. Seamos la generación que decoró no solo sus hogares, sino también su consciencia.
Marco Antonio Sosa Villamizar
Estudiante de 3er año de bachillerato
Colegio Micaeliano-Mérida
16-11-2025 (130)




