Esta frase es parte de un párrafo del Card. Jorge Mario Bergoglio, Papa Francisco, enmarcada en un diálogo con el Rabino Abraham Skorka (2010, 10). Ella la refieren a Dios, cuya experiencia, según Skorka, “es dinámica” (2010, 10).

Aludiendo a la experiencia de Job, específicamente a la actitud de sus amigos. Skorka aclaró: transformaron a Dios «en una especie de computadora que premia o castiga», sin embargo, Él «se revela a nosotros de un modo muy sutil» (p. 11).

De inmediato, el Card. Bergoglio aseveró acerca de la creación y el hombre, «Dios se la da, pero a la vez le impone una tarea: que domine la tierra» (p. 11).

Entre don y tarea, he ahí la tensión del hombre.

En efecto, continúa el Card. Bergoglio:

«Cuando el hombre se queda sólo con el don y no hace la tarea, no cumple su mandato y queda primitivo; cuando el hombre se entusiasma demasiado con la tarea, se olvida del don, crea una ética constructivista: piensa que todo es fruto de sus manos y que no hay don. Es lo que yo llamo el síndrome de Betel» (pp. 11-12).

Skorka subraya, «el equilibrio tiene que ser exacto, el hombre tiene que progresar, pero para volver a ser hombre» (p. 12).

En breve frase especifica el Card. Bergoglio, «la obra maestra de Dios es el hombre» (p. 13), y cuando vive vida cristiana ha de ser consciente con ella de «una suerte de atletismo, de pugna, de carrera, donde hay que deshacerse de las cosas que nos separan de Dios» (p. 13).

Skorka mencionando a la oscuridad como ausencia de luz, y al mal como ausencia de bien, pues aquel es ausencia de éste, señala ello como «la parte interna del hombre que desafía a Dios» (p. 14).

Esta parte interna, evocando el Card. Bergoglio a la teología católica, es el “elemento endógeno”, una prevalencia sólo instintiva, odio, envidia, soberbia, avaricia, potenciada por la “tentación exógena” (por lo externo). Según él, fue la vivencia de Jesús en las tentaciones del desierto, con las cuales pretendieron alejarlo «de su misión e identidad de Siervo de Yahvé» (p. 14).

Estas sucintas acotaciones dan pinceladas de profundización al título de este escrito: Él nos buscaba desde antes, nos primereó.

Como notamos, en tal epílogo y en sus párrafos argumentativos, textuales, la relación hombre y Dios no permanece exclusivamente en una categoría analógica, cuando aquel ha aprendido y vivenciado de ÉL todo lo indispensable con el propósito de seguir enriqueciendo la cultura de la vida y del diálogo.

Dios no es un alter ego con el cual disputar —sutilmente siempre nos vence—, sino un Tú sustentado en su invariable Yo Soy con el cual incesantemente contamos.

En la Carta Encíclica Lumen Fidei, al esbozar la convicción de Abraham, escribe el Papa Francisco: «la fe es la respuesta a una Palabra que interpela personalmente, a un Tú que nos llama por nuestro nombre» (n.8).

24-04-25
Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.
horaraf1976@gmail.com

24-04-2025

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.com