En el texto del Ángelus preparado por Francisco, agradece a quienes se entregan en el voluntariado, cada vez más necesario en nuestras sociedades «demasiado esclavizadas a la lógica del mercado,
“Quisiera dar las gracias a todos los que me muestran su cercanía en la oración: ¡gracias a todos de corazón! Yo también rezo por vosotros.”
Es este el afectuoso mensaje del Papa Francisco para el Ángelus de este primer domingo de Cuaresma, desde su piso en la décima planta del Policlínico Gemelli, donde está hospitalizado por una neumonía bilateral desde el 14 de febrero. Y en un mensaje conciso y denso no olvida a los médicos, a los voluntarios, al personal de la Curia, a los pueblos en guerra. Está el mundo en su pensamiento, siempre. Un mundo que ofrece gratuidad y atención, un mundo que le ayuda a gobernar la Iglesia, un mundo que sufre.
En la noche del dolor, la necesidad de ternura
En su prolongada hospitalización, el Papa da gracias por la atención de los trabajadores sanitarios:
«Y mientras estoy aquí, pienso en tantas personas que, de diversos modos, están cerca de los enfermos y son para ellos un signo de la presencia del Señor. Necesitamos esto, el «milagro de la ternura», que acompaña a los que están en la prueba, aportando un poco de luz en la noche del dolor».
Más allá de la lógica del beneficio, el voluntariado es un signo de esperanza
El tiempo y las capacidades puestas a disposición por quienes se comprometen en el mundo del voluntariado son otro motivo de gratitud por parte de Francisco: despiertan la esperanza, dice. Y vuelve a las palabras clave: ternura y cercanía.
VaticanNews 09-03-2025




