Por: Germán Rodríguez Bustamante…
Para algunos partidos políticos las derrotas electorales, son frecuentes y constantes, incluso existen partidos políticos que siempre pierden las elecciones, sin embargo, para otros partidos, esto suele ser motivo de gran inquietud debido a que puede traducirse en su extinción. No obstante, todos los partidos políticos pueden ser objeto de una derrota electoral. Es claro que las derrotas electorales no son el objetivo de los partidos políticos, y mucho menos un resultado deseado, pero una vez derrotados, el resultado se tiene que aceptar para evitar que vuelva a suceder.
Es evidente que la derrota electoral es la antípoda a una victoria y es el último de los resultados que cualquier organización política desea obtener, considerando que para tal efecto una derrota genera decepción o pérdida en la organización. Sin embargo, es un resultado que alguien tiene que asumir, ya que es parte del juego político en las democracias modernas. Tristemente en el caso de Venezuela no podemos hablar de democracia, el régimen que encabeza Maduro se ha encargado de destruir la institucionalidad, colonizando todo en entramado del Estado colocándolo a su servicio. Esta deriva autoritaria no está preparada para recibir y aceptar una derrota electoral.
La supremacía exige cada vez más, formas de legitimación que tengan en cuenta la libertad, la protección de los derechos humanos y la participación política. En los últimos años han surgido nuevos modelos de dominio autocrático, considerado desde el ámbito académico como autoritarismos electorales. Es decir, autocracias con elecciones. Los comicios hoy resultan más difíciles de planificar, de los que se realizaban en el bloque de la Europa del Este en su momento. Obviamente hay manipulaciones, arreglos turbios y fraudes, pero las actuales elecciones ofrecen a la oposición una buena oportunidad para movilizarse, establecer alianzas y crear opinión pública en la esfera nacional e internacional. El socialismo del siglo XXI, busca en el marco de su posición autoritaria, generar esquemas de democracia formal con un dejo de legitimidad hacia dentro y hacia fuera, pero esto conlleva riesgos.
La promesa de salvación que encandilaba al mundo se agotó y lo único que queda es la represión. El balance en materia económica y social es muy pobre, generando un rechazo inmenso de su gestión por parte de los venezolanos. El retroceso experimentado en lo social y económico no tiene comparación, Venezuela representa en este momento el mejor ejemplo del desastre que una gestión negligente, incapaz y profundamente corrupta puede producir. Los costos de salida de la coalición dominante son muy elevados, lo que los hacen cometer cualquier acción impensable para mantener el poder. Sin embargo, la derrota electoral del 28 de julio es una posibilidad cierta. Eventualidad que depende de la oposición, la unidad alrededor de un candidato es fundamental, a pesar, del rebanado y la mutilación de candidatos ocurridos en el proceso de postulación. Cada etapa del manipulado cronograma elaborado por el CNE es un campo minado lleno de peligros y desafíos, dejando muy poco margen de manejo.
Impedir la participación de algunas o determinadas candidaturas opositoras en el proceso electoral, corrobora que el poder electoral no ofrece garantías de independencia e imparcialidad. En consecuencia, se anula la posibilidad de celebrar elecciones presidenciales libres, justas y competitivas. A pesar de los obstáculos colocados hasta el momento y los próximos por aparecer, la derrota electoral sigue presente en la psiquis de los integrantes de la coalición, mantienen la narrativa agresiva, represiva y violenta para desestimular la participación. Así como para la oposición el proceso electoral puede ser un callejón sin salida, para el régimen también lo es, ya que la decisión mayoritaria de la ciudadanía de participar, los coloca en una posición de poca vigilancia y manipulación del resultado. La limitación de puntos de inscripción o actualización de datos tanto nacional como internacionalmente, adicional de las inhabilitaciones y el amputado de partidos políticos, son manifestaciones de la preocupación del régimen por la posibilidad que el proceso salga de su control.
En la medida que la fecha se acerca y los procesos del cronograma se cumplan, las tentaciones para el ente comicial y el régimen son mayores, en la medida que su estrategia no logre desestimular la participación, llegando al extremo de postergar las elecciones. El peso de la derrota se convierte en un lastre muy pesado difícil de cargar y también un hándicap para lograr una transición acordada. Los abusos, trampas y arbitrariedades cometidas juegan en contra de una negociación, el tránsito para un acuerdo pasa por reconocer de forma anticipada la derrota y construir los incentivos, premios y castigos para que las partes logren puntos mínimos, y de esta manera generar condiciones de confianza mutua, a pesar, de la suspicacia presente.
Posiblemente se requiera un acuerdo adicional al de Barbados para materializar una transición ordenada, acordada y respetada por las partes. Cada día que pasa hasta el 28 de julio es un examen rutinario que la oposición logrará aprobar, si coloca un gramo de peso adicional sobre el yunque del fracaso electoral del régimen. El peso de la derrota debe ser una realidad posible, factible y cierta para que este nefasto gobierno entregue el poder, a pesar de que no esté dispuesto para ello.
@germanrodri
@germanoveja
08-04-2024



