Este cuarto tema también es resultado del titulado, educación: realización de un ejercicio creativo, publicado el 23-10-25 en la página comunicacioncontinua.com.
Es el último de tal procedencia, pues con los otros dos, la aplicación de la teoría en el proceso educativo (30-10-25) y la práctica educativa orientada al talento (06-11-25), más que ostentar particularidad y brillantez, de ellos y el siguiente, al tema de la educación que, mientras tanto preocupa y ocupa, le insistimos claridad, sentido común, buen criterio y perseverancia.
Hoy corresponde dilucidar sobre el poder-hacer facilitado por los instrumentos.
Arrojar luz sobre este tema exige grandes dotes de imaginación y simpatía, además la capacidad de penetración relacionada a lo que el maestro, el profesor, el alumno, puede hacer con los instrumentos tecnológicos en un aula de clase o fuera de ella.
En esta línea, al intérprete del uso de tales instrumentos, tablets, computadoras, impresoras, teléfonos, proyectores, lo consideraremos un “tecnógrafo”. Es decir, el que conoce lo aventajado o elemental de un sistema digital, los descubrimientos sobre la naturaleza de la tecnología, y basado en estos dos indicadores da a los principiantes, alumnos, sobre todo de primaria, el adiestramiento imprescindible en conceptos abstractos, métodos de activación y desactivación, de introducción y manejo básico de Word, Excel, PowerPoint, ha de enfatizarles que no están frente a un elemento mágico, sino de un mecanismo distintivo a través del cual su nativo pensamiento se implementa de modo más sencillo e insustituible por el aparato.
Digo “sencillo” no endeble o flojo.
Si los instrumentos digitales persisten en dar una forma falsa a los objetos de la experiencia cotidiana, acción completamente distanciada de la imaginación y la simpatía, al beneficiario le limitamos la amplitud de los contactos con el exterior, ya que, la averiguación, acerca de la naturaleza del mundo, es infatigable.
El alumno, principalmente el inexperto, ha de ir canalizando un anhelo intelectual de conocimiento, que no excluye en él la intervención del computador y, por eso, esa inclusión orientada por el tecnógrafo ha de esclarecer que el cambio del cuaderno donde toma apuntes al computador donde también elabora sus tareas, no trae consigo un cambio de espíritu.
Sin duda en el uso de los artefactos, la personalidad del estudiante no adopta un carácter físico, abstracto, matemático, digital; conserva humana la especial unidad entre la razón y los sentidos.
En este sentido, el tecnógrafo como legítimo intérprete de lo tecnológico, de su desempeño y su inherencia en distintos aparatos, ilustra un poder-hacer originado, recibido, comunicado, que en su fuente secundaria —el productor de tecnología, el instructor, el aprehensor— no obra de modo mecánico; obra con un poder-hacer facilitado por lo utensilios, pues por estos está elevado aún más a su responsabilidad.
La técnica ha sucedido en la propia vida del hombre porque en ella ha acontecido su pensamiento objetivado.
De hecho, no es hostil a sus preocupaciones y ocupaciones, mucho menos a sus investigaciones educativas y científicas.
A los niños, a los jóvenes, a todos los ocupados constantemente en su formación, los cuales de una u otra manera conectan con algún sistema digital, sea para empleo doméstico o académico, han de recordarles que con tales instrumentos no fraguan un poder para limitarse a justificar el mundo, sino para razonarlo y explicarlo.
Verdaderamente, en los instrumentos no existen, ni siquiera como restantes, las cualidades sensibles de gusto, olor, sonido; ellas significan sentientemente todo para el ser humano.
Por consiguiente, en relación a la técnica bajo ningún concepto nos conformemos con decir: tiene poco que decirnos en el amplio panorama de la educación.
13-11-25
Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.
horaraf1976@gmail.com



