En las últimas entregas, he destacado a Venezuela como un laboratorio ideal para los medios de pago y las empresas fintech. Cada una de estas iniciativas nace de una necesidad, busca ofrecer una alternativa y trae consigo sus propias ventajas y desventajas; un proceso natural en la implementación de nuevas ideas. Sin embargo, cuando un producto está bien diseñado, no sólo es adoptado por la sociedad, sino que también ofrece soluciones reales. Un claro ejemplo de esto es el Pago Móvil. Esta iniciativa nació en 2014, impulsada por Rodolfo Gasparri y su equipo de tecnología en Banco Mercantil y Conexus. Su objetivo era establecer una red de transferencias interbancarias 24/7, permitiendo operaciones inmediatas. Esto buscaba agilizar las transacciones que perdían valor debido a las demoras en los procesos de compensación y los altos niveles de inflación que afectaban al país. El resultado fue un cambio fundamental en la forma de operar de los usuarios, convirtiendo al Pago Móvil en un caso de estudio exitoso a nivel internacional.
Actualmente, Venezuela atraviesa una coyuntura estructural caracterizada por una baja producción petrolera, a pesar de los recientes repuntes. Además, se observa una disminución en el uso de divisas para transacciones comerciales. Según explicó Asdrúbal Oliveros, director de la firma Ecoanalítica, en la actualidad el 84.2% de las operaciones se llevan a cabo en bolívares, mientras que solo el 15.8% se realiza en divisas. A esta situación se suma la devaluación diaria del tipo de cambio, que oscila en torno a los 1.5 bolívares diarios, y la existencia de un mercado de divisas no oficial impulsado por stablecoins como el USDT y el USDC. Todo esto podría estar gestando una concentración de riesgo sistémico en el mercado financiero, una situación que, al parecer, resulta difícil de percibir.
Aunque la SUNACRIP ha autorizado a dos Exchange (Kontigo y Crixto) para operar con criptoactivos en Venezuela, es importante tener en cuenta que las stablecoins que manejan son criptoactivos centralizados, emitidos por empresas como Tether y Coinbase. Esto significa que representan un derecho de cobro sobre un valor subyacente, como el dólar estadounidense. Además, plataformas como Binance, Airtm y otras billeteras multimonedas que no están reguladas por esta superintendencia, también permiten a las personas operar en estos mercados, lo que amplía el mercado que debemos analizar. Para aperturar cualquiera de estas billeteras, es indispensable registrar la identidad del usuario, un punto que analizaremos más adelante.
Citando nuevamente al director de Ecoanalítica, quien en una entrevista en Unión Radio explicó que “en los últimos meses, el gobierno introdujo un mecanismo intermedio, en lugar de canalizar exclusivamente dólares en efectivo a través de los bancos, comenzó a recibir y asignar pagos en USDT a empresas”, podríamos inferir que estaría coexistiendo paulatinamente el uso del dólar con el USDT, lo que nos lleva a considerar varias premisas.
En primer lugar, debemos recordar uno de los principios de los Bancos Centrales; el control de la política monetaria. Hace unos años, cuando se hablaba de la opción de dolarizar la economía, los defensores de la política monetaria se rehusaban, ya que adoptar otra divisa limita la capacidad de implementar políticas propias. En esta oportunidad, la consecuencia sería la misma, o incluso peor, ya que la empresa que emite la stablecoin, como lo es Tether, nunca ha logrado pasar las auditorías que validan sus reservas de valor, a diferencia de los USDC, quienes han apuntado más al cumplimiento de las normas. No obstante, en ambos casos, estamos hablando de stablecoins cuyo valor está respaldado en dólares, lo que nos hace volver al escenario de dolarización, pero en este caso no contra una nación, sino contra una empresa.
En segundo lugar, al analizar los contenidos de la ley GENIUS y la ley MICA, ambas creadas con la finalidad de normar y monitorear mejor la actividad de los criptoactivos, cabe la posibilidad que, bajo un escenario de tensiones políticas, tanto Estados Unidos como el Parlamento Europeo puedan solicitar información a empresas como Tether y Coinbase sobre operaciones en Venezuela. Esto refuerza la idea que planteamos anteriormente sobre el pseudo anonimato en el mundo cripto al momento de crear una billetera, lo que podria exponer a las empresas que por solo recibir una abjudicacion como la explicada por Asdrubal Olivero, terminen siendo sancionadas o puestas bajo revisión por dichos gobiernos.
Otro caso a tener en consideración, si bien la SUNACRIP debe tener un monitoreo sobre ambas Exchange, su volumen transaccional debe ser monitoreado por la SUDEBAN en cuanto a los bolívares tranzados. Ya que el colateral de estos USDT en algun momento se liquidan en moneda local.
Por último, debemos hacernos la pregunta: ¿cuántos ajustes tecnológicos, metodológicos y estructurales han hecho en conjunto el Banco Central, la SUDEBAN y la SUNACRIP para permitir el uso de estas stablecoins en la economía?. Al dar este tipo de formalismo, la gestión del riesgo en el sistema financiero debe cambiar, ya que la rapidez como se movilizan estos fondos agrega un nivel de complejidad mayor al ecosistema. Es importante resaltar que Venezuela se posiciona como el segundo país de Latinoamérica y el 18 a nivel mundial en el Índice de Adopción Global de Criptoactivos 2025, elaborado por la firma Chainalysis. Este dato refleja que la política pública de 2018 llamada Petro, allanó el camino para las nuevas generaciones.
Nos encontramos en un momento en el que si el Estado venezolano abre el abanico de posibilidades, y amparado en ese marco regulatorio tan vasto y bien pensado que existió al momento de conceptualizar el Petro, Venezuela podría convertirse en una nación pionera en la materia. Para ello, debe aprender de los errores del pasado y permitir que se repita el éxito del Pago Móvil, el cual se ideó en un banco, se escaló a la Asociación Bancaria, tuvo la aprobación del Banco Central y luego se volvió regulatorio por la SUDEBAN.
Para replicar ese éxito, una posible solución, basada en las mejores prácticas, sería permitir la incursión de los bancos nacionales en el ecosistema cripto. Esto podría traducirse en varias iniciativas clave; desarrollar una stablecoin para pagos interbancarios que cumpla con las normativas nacionales e internacionales, lo que dinamizaría la economía; establecer una reserva en Bitcoin, dada su naturaleza descentralizada, con un sistema de rendición de cuentas transparente; diversificar la cartera de inversiones con otros criptoactivos de menor riesgo, permitiendo el intercambio entre USDT y USDC para las operaciones de importación y exportación.
Por: José Portillo-Economista
24-09-2025



