El principito: un amor a primera página 

Conocí El principito, de Antoine de Saint Exupéry, por una suerte de serendipia cuando un compañero y amigo de la clase de Castellano y Literatura del colegio, lo llevó; me llamó la atención que un joven de trece años se interesara en una obra literaria, cuya lectura, a juzgar por su portada, era para niños.

Sin embargo, detrás de esa apariencia sencilla habitaba un universo que, desde su publicación el 6 de abril de 1943, en Estados Unidos, ha trascendido generaciones y fronteras, al punto de ser traducido a más de 250 lenguas y dialectos, consolidándose como una de las obras más prominentes de la literatura universal.

Desde entonces, me di cuenta que uno no escoge los libros, sino que estos lo escogen a uno. Le pedí prestado la obra literaria a mi amigo, “Le Petit Prince,” y al asomarme al mar de sus letras me descubrí en él. Ha sido como el primer amor: inolvidable y sublime, no hay un día en que no lo recuerde.

Viajar a través de sus páginas es un punto de encuentro entre mi adultez y mi niñez cargadas de experiencia y madurez; pero también de prejuicios que me hacen menos ciego e insensible ante la creación, la apreciación de la naturaleza y los vínculos humanos. Mi infancia y madurez es vida pura gracias a este apasionado encuentro.

En una sociedad como la actual, El Principito, a través de su narrativa reflexiva y profundamente filosófica, me invita, a diario, a la introspección y al reencuentro con la esencia humana.

Carlos Eduardo León Domínguez.  CNP: 27.551.

06-04-2026