La palabra originado tiene aquí un significado preciso: alude a alguien o a algo no incorporado, sino interrelacionado al principio desde donde arranca a la existencia.

La expresión “calificación originaria”, indica la acción fundante con la cual de alguien otro toma forma no cual imposición inadecuada, sino cual elaboración de un trabajo íntegro y vinculado a su formador.

Toda proposición orientada al viviente humano busca su realidad. “Viviente” es distinto a personaje histórico e idealizado. Dios creó al hombre no para someterlo a un control ideológico. Más bien, para comprometerlo en el proceso de consecución, no de “un espectro de naturalezas”, de un vínculo desesperanzadamente inadecuado, sino de lúcida “oposición interna”.

Ésta, todo lo contrario de una diferenciación irresoluble, es el estímulo al viviente humano de seguir —por eso, proceso de consecución— manteniendo despejados contactos “de” Quien está llegando a ser reproducción viva. Es reproducción, no sustitución.

Quien intenta las sustituciones —Herodes, Hitler, etc.— enfrenta una delirante escasez de personalidad, porque intenta la capacitación de las mismas en ficciones legales; legalmente busca amoldar su personalidad a una “inconmensurabilidad”, sin siquiera advertir en su conciencia los límites de lo posible. Estos límites le alertan al tentado de personalidad arrogante evitar en absoluto comparaciones indistinguibles. Una comparación así es lineal. Una comparación lineal elimina toda diferencia. Al eliminar toda diferencia entre Dios y el hombre no hay ni aun diferencia esencial. Y esto es un ingente atrevimiento. En el hombre existe «una especie de instinto para lo concreto» (Shaw, Brend D. – Saller, Richard P., 2000, 30).

Concreta relacionado a la inconmensurabilidad divina, no los límites de la probabilidad, sino los concretamente suyos. A estos el hombre los define tratándolos humanamente. No los expone a la marginalidad excediéndolos. Dios no le obliga semejante cosa en el proceso de consecución de serle su imagen viva.

La “autodeterminación” es la aptitud humana de conseguir el progreso hacia la perfección divina. A este fin, el hombre autodetermina su ser. La autodeterminación le esclarece que en el “progreso hacia la perfección divina” nadie le puede sustituir. Este “hacia la perfección divina” es inmediatamente apertura a una demostración de alguien indemostrable. Ha demostrado y sigue mostrando su existencia. Lo hace de inmediato “a la mirada del espíritu”. Y esto sujeta un motivo exacto: «dilucidar todo aquello cuya naturaleza no admita prueba» (Aristóteles, 1975, 150).

 

Referencias:

Aristóteles. (1975). Órganon. Escritos de lógica, (G. Quintana A., Trad.). Editorial de Ciencias Sociales.

Shaw, Brend D. – Saller, Richard P. (2000). La Grecia antigua. (T. Sempere, Trad.). Editorial CRÍTICA.

24-07-25

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

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