El tiempo nos reitera en la humanidad

El artículo del pasado 05 de junio de 2025, al sufrimiento, ¿podemos graficarlo?, editado en comunicacioncontinua.com, enlaza los causantes del sufrimiento A o B en una suma real y a la vez ideal de dobles: x, y, o, -x, -y.

Hoy, el título, el tiempo nos reitera en la humanidad, presentará al tiempo como el que nos procura estar dentro de nuestras coordenadas humanas un poco mejor.

El tiempo va aproximándonos a un punto concreto, o sea, a la realización de tal inevitable simbiosis de locución adverbial, un poco, y del adjetivo, mejor.

Cuando expreso, estar dentro de nuestras coordenadas humanas un poco mejor, concretamente este un poco mejor, no dejará la reflexión en un lánguido pesimismo.

Por ende, ¿hablamos en nombre del que no puede hacerlo, o sea, del tiempo?

La respuesta de preguntas como ésta evitemos, al menos en principio, cedérsela a la IA.

Ante dicha pregunta la inteligencia cerebral tiene una competencia especial y única para solucionarla: la de la conciencia de la propia falibilidad y de la posibilidad de errar, y, sin duda, de experimentar y rectificar.

Por eso, el tiempo nos reitera en la humanidad y además estar dentro de nuestras coordenadas humanas un poco mejor.

El alcance de este un poco mejor, el hombre lo sostiene no restringiendo la influencia de cuanto ha logrado calcular en cronología, geografía, topografía, física, geometría, filosofía, teología.

En esto su inteligencia de ningún modo se comporta como si fuese un algoritmo matemático o un mecanismo robótico.

En ello ella ha tenido la audacia de plantearse cuestiones numéricas y forzar la resolución bajo ciertos criterios en los que ha debido combinar con tino la intuición inmediata y la pausada justificación de secuencias lógicas.

Por supuesto, el tiempo provoca en el espíritu humano la rica convergencia entre imaginación y razonamiento.

La garantía sobre la eficacia, —de tal convergencia—, recae en el aprendizaje adquirido, porque éste no está condicionado irremediable y temporalmente a grandes dosis de aptitud algebraica, sino a una aceptación de estimaciones complementarias de la potencia visual del ojo humano.

En consecuencia, con ello planteo, ¿tal potencia visual nos permite ver el tiempo?

Podríamos deducir, sin aún acudir a alguna IA de soluciones inmediatas y bastante precisas conceptualmente, que un receptor x, humano, tiene esta noción: todas las consideraciones sobre la pregunta deben satisfacer una observación simultánea del tiempo en su mente.

Es inevitable que humanamente se interconecte al tiempo, ¿y dónde está el punto de coincidencia (de interconexión)?

Nuestra agudeza mental necesariamente depende de la presencia ineludible del tiempo, para demostrar de manera fehaciente que su impronta en ella es porque algo tan profundamente intangible le fue brindado por la Providencia; en efecto, el autor sagrado del Eclesiastés, registra:

Hay bajo el sol un momento para todo, y un tiempo para hacer cada cosa: tiempo para nacer, y tiempo para morir; tiempo para plantar, y tiempo para arrancar lo plantado; tiempo para matar y tiempo para curar; tiempo para demoler y tiempo para edificar; tiempo para llorar y tiempo para reír; tiempo para gemir y tiempo para bailar; tiempo para lanzar piedras y tiempo para recogerlas; tiempo para los abrazos y tiempo para abstenerse de ellos; tiempo para buscar y tiempo para perder; tiempo para conservar y tiempo para tirar fuera; tiempo para rasgar y tiempo para coser; tiempo para callarse y tiempo para hablar; tiempo para amar y tiempo para odiar; tiempo para la guerra y tiempo para la paz. Al final, ¿qué provecho saca uno de sus afanes?

19-06-25

Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.

horaraf1976@gmail.com