Cada año, cuando llega mayo, las redes sociales se llenan de fotos perfectas, desayunos en la cama y frases hechas sobre el amor maternal. Pero, a medida que uno va creciendo, se da cuenta de que la palabra «madre» no se define por un ramo de flores, sino por una valentía que a veces parece sobrehumana. Ser madre es, tener el corazón caminando fuera del cuerpo, expuesto a todo.
En este país, vemos a nuestras mamás haciendo magia con sus bajos sueldos, manteniendo la calma cuando todo parece irse abajo y, sobre todo, protegiéndonos de realidades que ellas mismas apenas pueden soportar.
Para entender de qué madera están hechas las madres venezolanas, solo hay que mirar las noticias o escuchar las historias que corren por las calles. Pienso, por ejemplo, en la historia de esa madre que no se rindió.
Como adolescentes, a veces nos cuesta decir estas cosas en voz alta. Nos parece «cursi» o simplemente damos por sentado que ellas siempre estarán ahí. Pero es necesario reconocer que la madre venezolana es una figura de lucha. Es la que nos enseña que los derechos no se negocian y que el amor es el motor más potente para exigir justicia.
A todas las que luchan, a las que esperan y a las que nunca se rinden, gracias por enseñarnos lo que significa la verdadera dignidad.
Quiero dar las gracias a todas esas madres que se niegan a que la crisis les robe la esperanza. Gracias por ser el motor de este país que todavía duele, por trabajar el doble cuando el sueldo no alcanza y por ser las que siempre encuentran una solución donde otros solo vemos problemas. Su lucha diaria es la que nos permite a nosotros, los jóvenes, seguir soñando con un futuro mejor, porque verlas no rendirse nos enseña que no hay adversidad lo suficientemente grande cuando el objetivo es vernos salir adelante. Ustedes son el verdadero ejemplo de resistencia y el pilar que mantiene de pie a nuestra sociedad.
Feliz día mamá.
Marco Antonio Sosa Villamizar
Estudiante de 3er año de bachillerato
Colegio Micaeliano-Mérida
10-05-2026 (144)



