El venezolano exige dignidad, trabajo y futuro para sostener a su familia

Por: Angélica Villamizar… 

Diariamente los responsables de llevar una familia adelante piensan cómo estirar los ingresos para garantizar tanto un plato de comida como el bolso escolar de los hijos. Para las familias del país, educar hoy en día ha dejado de ser una simple rutina para convertirse en una dura carrera de obstáculos donde el presupuesto familiar resulta sistemáticamente insuficiente.

Preparar a un estudiante para el inicio del periodo escolar exige hacer mil cosas para poder costear la compra de los uniformes, calzados, textos y útiles básicos lo que contrasta frontalmente la capacidad real de compra del trabajador venezolano, debido al salario de miseria que percibe. Sin embargo, la brecha más profunda no está en el costo de los cuadernos, sino en la mesa, garantizar tres comidas equilibradas que provean los nutrientes necesarios para que un niño pueda concentrarse en clases representa, para millones de hogares, una batalla cotidiana desgastante. Cuando una familia se ve obligada a elegir entre adquirir los insumos para la escuela o garantizar la proteína del día, el derecho fundamental a una educación de calidad y una alimentación balanceada quedan severamente vulnerados.

Por ello, la expectativa colectiva apunta a los grandes giros de la política macroeconómica. Los titulares sobre acuerdos diplomáticos, mesas de negociación y la reactivación comercial de los recursos petroleros no pueden quedarse en meras promesas de despacho o cifras abstractas. El petróleo, histórico pilar de los ingresos nacionales, debe traducirse en alivio concreto para los padres y madres del país.

El venezolano no exige dádivas ni soluciones milagrosas de la noche a la mañana; exige un entorno donde el trabajo formal permita vivir con dignidad y sostener la formación de sus hijos. La verdadera efectividad de cualquier acuerdo o exportación energética no se medirá en los balances corporativos, sino en las cocinas y los salones de clase. Es urgente que el impacto positivo de esas negociaciones llegue a la economía real, devolviéndole a los padres la tranquilidad de enviar a sus hijos a estudiar sin la amarga incertidumbre del qué comerán mañana.

03-09-2026 (184-2026)

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