De la índole de cada nación el educador extrae conclusiones muy pertinentes sobre los roles de la educación y la cultura en la realización de la personalidad de los niños, adolescentes y jóvenes.
Lo social es algo afín a la educación.
La socialización en lugar de entenderse completamente como un comportamiento innato, instintivo, una indeterminación natural, al contrario, es parte esencial del fundamento humano que la realiza en experiencias descubiertas y vividas.
En primer lugar, el niño con la experiencia familiar, padres, hermanos, ya inicia a descubrir en la privacidad del hogar el encuentro con el otro o los otros.
Así pues, a su yo ellos no lo transforman en otro-yo distinto de su individualidad.
Si proceden de tal modo el encuentro con los demás yoes —ad extra del hogar— causará o su confusión o su pérdida.
El Concilio Plenario de Venezuela (CPV) del tema de la familia, en su documento sobre la educación, puntualiza: “primera y principal educadora de los hijos”; “la incidencia de sus aportes en el desarrollo de la personalidad de los mismos”, y su preocupación “por el mundo de relaciones que van estableciendo” (Concilio Plenario de Venezuela, 1.1.2.2. La familia, pp. 368-369).
En segundo lugar, estos tres aspectos justifican el fundamento humano —el niño, los hijos— asimismo edificado por experiencias vividas.
Una de estas experiencias radica en la del llamado a que los padres eviten delegar “su autoridad” a los maestros, profesores.
De hecho, el CPV señala que, por falta de escenarios de aprendizaje, los padres “dejan la orientación de los hijos casi exclusivamente en manos de la escuela, de los medios de comunicación masiva y de la calle” (CPV, 1.1.2.2. La familia, n.25, p. 369).
Desde luego, es imprescindible que a la familia y a la escuela se les clarifique con eficacia que los niños, adolescentes, jóvenes, no han de ser lanzados confusamente a la cultura de la sociedad (cf. CPV, 1.1.2.3. La escuela, n.29, p. 370).
Según esta idea, la niñez, la adolescencia, la juventud, precisa de una educación cautelosa en todo lo referente a la estructura del cuerpo humano.
En el cuerpo su identidad sexual, intercambiable, no es una presencia ausente ni mucho menos instrumentalizada.
Si se le descuida, no ayudándola a crecer en armonía psicorgánica, ésta en ella es presa del ansia del placer o de una inocente confianza, que al tiempo transformará al cuerpo en un dominio de pura utilidad o de desprecio.
La instrucción en esta armonía psicorgánica ocurre en auténtica educación, la cual causa calidad de vida para uno y para otros; en consecuencia, “la formación cristiana abarca toda la persona: espiritual, intelectual, afectiva, social, corporal” (León XIV, 2025, § 4.2).
Referencias:
Concilio Plenario de Venezuela. (2006). La Iglesia y la educación. Documento conciliar n.° 12. Conferencia Episcopal Venezolana.
León XIV. (2025). Diseñar nuevos mapas de esperanza: Carta apostólica con ocasión del LXV aniversario de la declaración conciliar Gravissimum educationis. Santa Sede.
25-12-25
Pbro. Dr. Horacio R. Carrero C.
horaraf1976@gmail.com




