Por: Angélica Villamizar…
La democracia es una forma de organización del Estado, que se caracteriza porque los ciudadanos participan libremente y toman decisiones que inciden en la colectividad para vivir lo mejor posible. En esta forma de gobierno, la votación es uno de los mecanismos más importantes, para elegir a esas personas que actuarán en nombre de la mayoría por el bien común.
Sin embargo, a raíz de la situación social, política, económica e institucional, que se vive en Venezuela, a los ciudadanos (de un bando y del otro) se les ha generado una profunda desconfianza en participar en las elecciones parlamentarias pautadas para este diciembre, en medio de la pandemia y de tantas irregularidades acontecidas.
A pesar de que en el año 2015 la oposición venezolana obtuvo un triunfo logrando alcanzar la mayoría de los escaños de la Asamblea Nacional, donde más de 14 millones de personas votaron por un cambio político, ya se hacía evidente el debilitamiento de la institucionalidad, ya desaparecía el contrapeso de poderes y la voluntad del pueblo pasó a segundo nivel. Desde entonces, el parlamento comenzó a disolverse debido a que han sido emitidas por lo menos 132 sentencias que anulan las actuaciones de la Asamblea Nacional, le han quitado competencias, algunos diputados han sido allanados ilegalmente, otros han sido privados de Libertad. Es por ello que, el Parlamento no ha podido ejercer su mandato y funciones en su totalidad.
Otras de las irregularidades observadas, son las instalaciones inconstitucionales de “gobiernos paralelos”, ocurridas en esos casos donde los oficialistas han perdido una elección, nombrando por ejemplo, una Asamblea Nacional Constituyente, y en el caso de las gobernaciones, los protectorados, pretendiendo de esta manera, usurpar funciones, recursos y competencias.
Sumado a ello, está la designación de los rectores del Consejo Nacional Electoral, por parte del Tribunal Supremo de Justicia, que tampoco está establecido en nuestra Carta Magna. También los partidos políticos que se organizan primordialmente para competir en los procesos electorales, pero que tampoco dejan a un lado sus intereses propios para la búsqueda del bien común, no le han dado a los ciudadanos opciones o propuestas, están siendo intervenidos, como es el caso de seis partidos (dos de ellos oficialistas), Primero Justicia, Voluntad Popular, Acción Democrática, Tupamaro, Patria para Todos y Nuvipa que les han impuesto una junta directiva ad hoc, lo cual confirma la pérdida de la institucionalidad y autonomía en Venezuela.
Sin dejar de mencionar la Corrupción, que ha sido la causa de toda esta pesadilla que estamos viviendo, ese abuso desmedido por parte de quienes detentan el poder.
Por lo pronto, no hay un panorama alentador para que los ciudadanos decidan si van o no a participar en las elecciones venideras. No existe un árbitro justo, ni tampoco reglas claras del juego que nos den esa confianza de participar. Hay quienes no apoyan la abstención, pero tampoco la legitimación de un sistema que no ha sido transparente.
¿Que queremos un cambio? indiscutiblemente. Queremos ver representantes ejemplares, que cumplan y hagan cumplir las normas para lograr una sociedad más justa y equilibrada. No debemos dejarlo todo en manos de los políticos, ya que desde nuestros ámbitos de acción, desde cada sector de la sociedad, tenemos algo productivo que aportar.
Correo: amvs286@gmail.com
27-08-2020 (07)



