En el Día Nacional del Maestro

Hoy debería ser un día de júbilo para el magisterio en su totalidad. Pero la realidad es que la situación es cada vez más penosa. El salario que devengan los maestros venezolanos no debe ser llamado tal. Los montos que ven depositados en sus cuentas cada quincena reflejan sin duda el deterioro en el que se encuentra sumida la sociedad. Montos irrisorios que son los que al final de cuentas valen para los cálculos de las prestaciones sociales.    

Desde hace ya mucho rato son  los maestros quienes “gestionan”, es decir sacan de sus bolsillos para reponer insumos elementales dentro de las instituciones educativas como marcadores acrílicos para escribir en las pizarras, borradoras, detergentes y material para la elaboración de carteleras entre otros. Por no decir el calvario que padecen quienes viven en lugares retirados de los centros educativos y a los cuales demás está decir no les alcanza el salario para costearse el trasporte. Caminar y esperar alguna buena voluntad para recibir algún aventón son la “solución “.

Atrás quedaron en Venezuela aquellos tiempos en los que los puestos de trabajo dentro del sistema educativo público eran codiciados por los profesionales recién graduados de las diferentes universidades. Tiempos en los que de manera normal un docente podía acceder al menos a comenzar a pagar  una vivienda propia, un modesto vehículo y unas merecidas  vacaciones cada mes de agosto. Hoy una gran cantidad de maestros ejercen actividades económicas alternas para poder llevar el pan a sus hogares, el hambre no da tregua.

A esto se suma también que ya el maestro venezolano no puede pagarse tampoco una buena maestría en alguna universidad reconocida  y mucho menos un doctorado, algo cuyos efectos nocivos se verán más adelante en la calidad de los alumnos egresados.

Sin duda es para ponerse de pie y aplaudir a todos aquellos maestros que en las peores condiciones de los últimos 25 años aún asisten con la mejor cara posible a recibir a los muchachos que han de ser el futuro del país. Poco o nada que celebrar. Casi todo por reivindicar.

Luis Alberto Morales

15 de enero de 2024