Hoy, al conmemorar el aniversario de la canonización del Dr. José Gregorio Hernández, la memoria se llena de gratitud y de un sentido profundo de vocación. La figura del primer santo venezolano trasciende el ámbito de la historia para convertirse en una escuela de vida permanente. En su entrañable humanidad descubrimos una verdad; el Dr. José Gregorio Hernández es el vivo ejemplo de cómo la fe y la razón se unen en un mismo don, en un mismo regalo al hombre.
No fue santo a pesar de ser médico y científico, sino a través de su entrega cotidiana en la medicina. Su microscopio y sus libros de cátedra fueron los instrumentos donde el Evangelio encarnó de manera concreta. Por eso sigue siendo, con justa razón, el médico de los pobres, de los humildes y de los sencillos. Aquel que supo inclinarse con igual rigor académico y ternura compasiva sobre el dolor ajeno.
Al escuchar hoy, el hermoso himno «Siervo Digno y Bueno», resulta inevitable volver con el corazón a aquellos días imborrables. Imposible no recordar el gesto de sentarse al piano, dejar que los dedos recorrieran las teclas para aprender sus notas y unirse espiritualmente a aquel acontecimiento histórico que estremeció a toda una nación. Recordar aquellos ensayos en la parroquia San Pablo VI de Nuestra Señora de la Candelaria, preparando la acogida de las reliquias de nuestro santo, con el afán jubiloso de quien sabe que está viviendo un momento de gracia.
En aquel entonces, sin sospecharlo siquiera, la música tendía puentes hacia grandes encuentros. Brota así el recuerdo entrañable del Ministerio de Música de la Basílica de Santa Teresa, bajo la dirección de Miguel Teixeira y el himno reconocido con la autoría musical de Richard López. Formar parte de las celebraciones en la emblemática Basílica, la casa del Nazareno de San Pablo, compartir el altar, las voces y la fe en cada Eucaristía, es un tesoro que queda grabado a fuego en mi alma. Cada canto compartido, cada festejo litúrgico y cada abrazo fraterno vividos con este coro, son momentos que atesoran la belleza de la fe compartida.
Este ministerio de música —que hizo posible el emblemático himno y tantas otras composiciones litúrgicas de incalculable valor— representa una gran riqueza para la Arquidiócesis de Caracas y para el clero caraqueño. Su entrega nos hace saber que la música litúrgica, desde la sencillez y la nobleza del arte, es una de las herramientas pastoralmente más poderosas para evangelizar, mover los corazones y mantener viva la memoria de nuestra fe. Es un grupo humano y artístico que merece ser siempre reconocido, custodiado y tenido muy presente en la vida eclesial. Dios quiera y la Iglesia lo pueda valorar siempre.
Que la intercesión de San José Gregorio Hernández siga guiando a los médicos, a los músicos, a los servidores de la Iglesia y a todos los que buscan en la sencillez del día a día unir la razón, la belleza y la fe al servicio de los demás.
¡San José Gregorio Hernández, ruega por nosotros!
Pbro Danny Xavier Peña Dávila
León – España
Link del Himno:


