La vida  muchas veces en los estudios de secundaria y universitarios muy agotadora. Entre los exámenes, la presión social, pensar en el futuro y estar pegados a las pantallas la mitad del día, no es muy saludable.

No se trata solo de ponerse en forma para cumplir con los estándares de redes sociales como TikTok o Instagram. Practicar un deporte, ya sea entrenar en un gimnasio, jugar una caimanera con tus amigos, montar bici o nadar, es una forma de desconectarse del ruido externo. Cuando estás jugando un partido o corriendo los últimos cien metros, el cerebro apaga el bucle infinito de preocupaciones sobre la tarea de mañana.

Además, la salud mental en nuestra etapa es un tema serio. El ejercicio físico libera endorfinas que cambian literalmente la química del cerebro, funciona como una terapia natural contra la ansiedad y ayuda a dormir sin la necesidad de quedarse dando vueltas en la cama hasta las dos de la mañana.

Cuando practicamos un deporte logramos dar un reinicio para la mente cuando la cabeza no da para más estudio o estrés social. También entrenar en equipo crea un tipo de amistad diferente, basada en el apoyo mutuo y en objetivos comunes, fuera de la pantalla. Ser disciplinado con un deporte nos enseña a manejar la frustración en otros aspectos de la vida cotidiana y también a aumentar la vitalidad diaria mucho mejor que cualquier bebida energizante.

Moverse no tiene por qué significar competir profesionalmente ni sufrir. Se trata de encontrar algo que te guste y hacerlo tuyo. Practicar un deporte siendo joven es regalarse un espacio propio para ganar confianza, soltar el estrés y recordarle al cuerpo que está hecho para mucho más que estar sentado frente a un teléfono.

Marco Antonio Sosa Villamizar

Estudiante de 4to año de bachillerato

Colegio Micaeliano-Mérida

16-08-2026 (151)