La Sierra de Mérida, en los últimos días nos ha ofrecido un hermoso e indescriptible espectáculo. Se ha engalanado con sus mejores ropajes de nieve purísima y en su voz de viento y neblina, parece que nos envía un mensaje de esperanza: aquí estoy con mi naturaleza ubérrima y mágica, protegiendo la meseta, llevando una luz iridiscente, y lanzando un frío delicioso que solamente se atenúa con la cobija un buen amor. Los paisajes que hemos visto, entre verdes y azules. La explosión de flores multicolores que se caen por el peso de las gotas de rocío. La simpar belleza de un lugar, donde las leyendas y los mitos tejen historias. Esa Mérida de Don Tulio Febres Cordero, con sus cinco águilas blancas que parece que hoy vuelven a estar“en las cimas congeladas, petrificadas y cuando se despiertan agitan sus alas y provocan nevadas en los montes merideños”. Y es que han sido tan intensas las nieves caídas que, hasta la Culata y sus alrededores han estado llenitas de hielo.
Mirar de arriba hacia abajo
Es una lástima que todo el esplendor que nos brinda la imagen de nuestra Sierra Nevada cuando miramos hacia el contorno majestuoso de los picos, se vea opacado ante la deplorable y triste imagen de calles, esquinas, rincones, donde crecen y se multiplican cerros de basura pestilente y horrible que desluce y afea la otrora más limpia y galana ciudad.
La contradicción entre lo sublime y lo grotesco, entre la luz y la oscuridad, entre la limpieza y la mugre, nos mueve profundamente y nos preguntamos ¿qué está pasando con nuestra población, por qué no hacemos algo para impedir que el sucio y los escombros sigan comiéndose nuestra vida? porque la existencia entre basura, es inadmisible.
El ataque de los desechos es tan feroz que ocupan las aceras que deberían ser para los peatones. Todos hemos presenciado la triste imagen de una madre, con su niño de la mano, sorteando con dificultad un montón de bolsas malolientes en plena vía. Lo más triste, es que pese a las campañas bien intencionadas que intentan crear conciencia en la ciudadanía, y los “mea culpa” y planes incoherentes del gobierno regional,no vemos resultados. La basura nos está sobrepasando y estamos cada vez más alejados de tener limpias las calles, y más cerca de los amables zamuros que hacen lo que pueden, y lo hacen bien.
Colaborar y reciclar
No nos cansaremos de insistir en que aprender a reciclar es una de las mejores soluciones para este problema tan desagradable y dañino. Siaseamos nuestra casa y la arreglamos con esmero ¿por qué no hacer lo mismo con nuestra ciudad? Si creemos que estamos castigando a algún funcionario con echar los desperdicios a la calle, nos equivocamos, los perjudicados somos nosotros mismos, nuestras familias, nuestro entorno.El poeta cubano José Martí, dijo:“Ha de ser limpia la casa y la conducta”
Dejemos a un lado la desidia, ACCIONEMOS. Enseñémosle a los niños a no ensuciar. Muchas comunidades ya lo están logrando, pero si no cambiamos la mentalidad y dejamos de pensar en que todo es responsabilidad de “los otros”, estaremos permitiendo que los desechos nos alcancen y nos asfixien.
Mérida, la de los picos nevados, cielos azules, ríos caudalosos, espigas doradas y frailejones, nos pertenece, y como si de nuestro propio morada se tratara debemos también preservarla.
Así como esas montañas luminosas nos miran y nos resguardan. Las que de vez en cuando se ponen coquetas y se visten de nieve, se perfuman con ventiscas y se cubren con un manto bordado de neblina, así cada uno de nosotros podemos y debemos poner a nuestra querido Estado como un lugar impoluto para disfrutar y respirar del aire puro que baja de la sierra y nos reconforta.
Arinda Engelke.


