En un contexto marcado por la volatilidad de los precios internacionales, la flexibilización de sanciones y una nueva correlación geopolítica global, el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) de la Universidad de Los Andes celebró una nueva edición de «Un café en el IIES», en su tercera temporada, dedicada a examinar las perspectivas de la industria petrolera venezolana para el año 2026.
El conversatorio reunió a tres destacados académicos, el economista Isaías Covarrubia, la economista Gladys Cáceres y el ingeniero Rafael Rosales, quienes ofrecieron un análisis multidisciplinario que abarcó desde la macroeconomía y la geopolítica hasta la viabilidad técnica y operativa del sector.
El economista Isaías Covarrubia abrió la discusión con una visión prospectiva centrada en la modificación de la Ley de Hidrocarburos y su potencial para atraer inversión extranjera. «Venezuela es el país con las mayores reservas de petróleo, pero a los economistas nos toca poner un sí condicionado», afirmó Covarrubia, recordando la histórica dependencia fiscal de la renta petrolera y la necesidad de avanzar hacia una economía diversificada.
Covarrubia presentó un análisis financiero con cuatro escenarios para medir la rentabilidad del negocio petrolero bajo las nuevas reglas. Según sus cálculos, una empresa transnacional que aspire a producir un millón de barriles diarios podría obtener una Tasa Interna de Retorno (TIR) que oscila entre el 16% y el 28%, dependiendo de variables clave como el porcentaje de regalía (entre el 15% y el 30%), el nivel de endeudamiento y el precio del crudo. «La negociación es ganar-ganar. El Estado participa como un socio más, pero las condiciones deben ser atractivas para movilizar los cerca de 25 mil millones de dólares que se requieren para recuperar los niveles de producción», explicó.
Por su parte, el ingeniero Rafael Rosales centró su intervención en los desafíos operativos y las estrategias tácticas para la recuperación productiva. «El primer paso no es inventar un gran proyecto nuevo, sino reactivar y optimizar los campos existentes. La producción sube cuando se alinean el mantenimiento de pozos, la electricidad y la capacidad de evacuación», detalló Rosales.
El experto proyectó que, partiendo de una base cercana a los 890.000 barriles diarios, un plan de mantenimiento y rehabilitación de infraestructura podría llevar la producción a un rango de 1.100.000 a 1.200.000 barriles en los próximos 12 meses. «La clave está en la continuidad eléctrica, el suministro de diluyentes y en priorizar la recuperación de crudos livianos en áreas como Monagas, que son estratégicos para las mezclas y la refinación», enfatizó. Rosales advirtió que el «precio de equilibrio real» del crudo venezolano debe considerar no solo los costos operativos, sino también las ineficiencias logísticas y las primas de riesgo.
Por su parte, la doctora Gladys Cáceres ofreció una ponencia sobre los desafíos de la geopolítica energética, enmarcando la situación venezolana en el reordenamiento global posterior a los eventos del 3 de enero. «Todo orden internacional se basa en un recurso energético. Venezuela debe entender que la geopolítica contemporánea está ligada a la tecnología y a la capacidad de los Estados para garantizar su seguridad energética», señaló.
Cáceres analizó el creciente interés de Estados Unidos en reactivar la industria venezolana, enmarcándolo en una «diplomacia transaccional» que prioriza resultados concretos. Mencionó la llegada de empresas como Chevron y ConocoPhillips, así como de firmas de servicios petroleros (Halliburton, Schlumberger), como parte de una nueva arquitectura estratégica para estabilizar la oferta energética regional.
«Venezuela tiene las reservas probadas más grandes del mundo, con un 19% del total mundial, aunque mayoritariamente de crudo pesado y extrapesado. En un contexto de declinación de reservas convencionales y alta demanda, este crudo se convierte en un activo geopolítico y rentable», explicó. No obstante, subrayó el potencial de América Latina en su conjunto, destacando el auge de Guyana, Brasil y Argentina, así como la oportunidad que representan los minerales críticos (litio, cobre) para la transición energética global.
Los panelistas coincidieron en que la modificación de la Ley de Hidrocarburos y la nueva dinámica política abren una ventana de oportunidad, pero advirtieron que el éxito dependerá de la capacidad de recuperar la institucionalidad, garantizar la estabilidad operativa y, sobre todo, diversificar la economía.
«El petróleo seguirá siendo un dinamizador fundamental, pero debemos romper con la dependencia. Hay que aprovechar esta coyuntura para financiar un nuevo modelo de desarrollo, tal como lo han hecho otros países petroleros como Noruega con sus fondos de ahorro intergeneracional», concluyó Covarrubia.
Finalmente el profesor Albio Márquez director del IIES afirmó que el conversatorio «Un café en el IIES» continúa posicionándose como un espacio de reflexión académica crucial para el debate de los temas estructurales que definen el futuro económico y social de Venezuela.
Pltga. Angélica Villamizar
Investigadora IIES-ULA
25-02-2026



